La noche de este domingo quedará grabada en la memoria de los vecinos de Viguera. La torre de la Iglesia de la Asunción, símbolo del municipio y testigo de siglos de historia, se ha desplomado inesperadamente, dejando tras de sí un paisaje de escombros e incertidumbre.
«Estamos desolados, hemos perdido un emblema y un símbolo de nuestro municipio», ha lamentado el alcalde, Álvaro Manzanos. Aún sin respuestas sobre las causas del colapso, la tristeza es la nota dominante entre los vecinos. «Es como si nos hubieran arrebatado una parte de nuestra historia», expresaban con pesar. La torre, cuya base databa del siglo XVII y que fue restaurada en 2017, se erguía orgullosa en el horizonte de Viguera, recordando el legado de generaciones pasadas.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Pero no es el único patrimonio riojano original que ha desaparecido en los últimos años. Desde el colapso del puente de Arenzana en octubre de 2020 hasta este derrumbe, varios monumentos han sucumbido al paso del tiempo y la falta de intervenciones.
Puente de Briñas en Haro, febrero de 2025
Hace apenas un mes, el puente de Briñas, en Haro, sufrió el derrumbe de uno de sus espolones. Las primeras inspecciones descartaron el impacto de un vehículo y apuntaron al deterioro progresivo como la causa principal del colapso. La alcaldesa de Haro, Guadalupe Fernández, anunció su clausura total por seguridad: «De momento, vamos a restringir el paso, tanto rodado como a pie, porque supone un peligro». Ahora, el destino de esta joya arquitectónica, cuyos cimientos más antiguos datan del siglo XIII, queda en manos de los técnicos.

El Puente de Briñas no es solo un cruce sobre el Ebro. Durante siglos, ha sido un eslabón clave en la conexión entre Haro y Vitoria y una vía secundaria del Camino de Santiago. Su estructura de piedra, con siete bóvedas y seis tajamares, guarda la huella del tiempo: inscripciones históricas, documentos del siglo XIV y la firma de Pedro de Urquiola, maestro que lo restauró en 1643. Tras la construcción de un nuevo puente en 1950, su uso decayó, pero la restauración de 2008 le devolvió parte de su esplendor. Ahora, una vez más, su futuro depende de una intervención urgente.
El retablo de la iglesia de Villaverde, marzo de 2024
Hace un año, los vecinos de Villaverde de Rioja sufrieron otra gran pérdida patrimonial con el derrumbe del retablo mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Esta obra barroca del siglo XVIII, que presidía el templo con su majestuosidad, colapsó debido a un severo ataque de termitas, invisible desde el exterior. Afortunadamente, el incidente ocurrió cuando la iglesia estaba vacía, evitando daños personales. Aunque las imágenes que componían el retablo apenas sufrieron desperfectos, la estructura quedó gravemente afectada, lo que obligó a la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño a tomar medidas inmediatas.

Pese a la pérdida material, el templo pudo seguir utilizándose con normalidad. Tras el derrumbe, la delegación de Patrimonio de la Diócesis encargó una inspección para evaluar los daños y plantear soluciones. En colaboración con las autoridades civiles, se inició un plan de recuperación del conjunto artístico, acompañado de un estudio sobre la presencia de xilófagos en otras piezas del templo, con el fin de prevenir futuros deterioros y garantizar la conservación del legado histórico.
El palacio de Inestrillas, febrero de 2021
La asociación Hispania Nostra alertó sobre el crítico estado del palacio de Inestrillas, en Aguilar del Río Alhama. Sin embargo, sus peticiones fueron ignoradas. En febrero de 2021, el histórico edificio del siglo XVIII, construido sobre un farallón rocoso y con estancias excavadas en la piedra, se derrumbó por completo. Su imponente fachada de mampostería, de 12 metros de ancho y 20 de altura, cedió ante el abandono y la desidia, reduciendo a escombros un legado que había permanecido en pie durante siglos.

Este conjunto, que formaba parte de un poblado altomedieval, albergó en su día al marqués de González de Castejón, ministro de Marina de Carlos III. Sin embargo, el deterioro progresivo y la ausencia de medidas de consolidación condenaron su estructura a la ruina total, privando a La Rioja de otro fragmento de su historia.
Derrumbe de Puente Mantible, enero de 2021
El colapso del arco riojano del Puente Mantible en 2021 supuso una pérdida irreparable para el patrimonio histórico de La Rioja. Este viaducto, declarado Bien de Interés Cultural en 1983, había resistido siglos de historia, pero su precario estado de conservación y la falta de intervenciones efectivas provocaron su desplome. La erosión del río Ebro y la fragilidad de su estructura, agravada por una oquedad detectada en 2019, terminaron por derribar uno de sus arcos. A pesar de los estudios y las advertencias previas, la restauración no llegó a tiempo, evidenciando las consecuencias del abandono prolongado de monumentos históricos.

Este viaducto medieval, que originalmente contaba con al menos siete arcos, mantiene en pie solo dos: uno en la ribera riojana y otro en la alavesa. Su restauración reciente no solo ha devuelto parte de su silueta, sino que también ha consolidado sus cimientos, estabilizado la estructura con anclajes y reconstruido el arco con materiales originales y técnicas medievales.
El puente de Arenzana, octubre de 2020
El hundimiento del puente viejo de Arenzana sobre el río Najerilla en octubre de 2020 representó otra pérdida irreparable para el patrimonio riojano. Con más de un siglo de antigüedad, esta infraestructura cedió mientras era cruzada por un camión cisterna, evidenciando el avanzado deterioro y la falta de mantenimiento de muchas construcciones históricas. Pese a las advertencias y peticiones previas para su consolidación, la intervención llegó demasiado tarde, frustrando la posibilidad de preservar un elemento singular del patrimonio regional.

Lo más irónico es que el colapso ocurrió justo cuando estaba a punto de aprobarse un proyecto de restauración, cuyo plazo de presentación de propuestas finalizaba al día siguiente. Este hecho pone de manifiesto la urgencia de actuar con mayor rapidez en la conservación del patrimonio histórico, evitando que la inacción y la burocracia terminen por borrar del mapa los vestigios de la historia riojana.


