La Rioja

Siete años de espera: la agonía de Carlos tras un accidente laboral

El 12 de noviembre de 2018, la vida de Carlos dio un giro inesperado. Un accidente laboral le destrozó la rodilla y lo dejó en una situación que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un laberinto de diagnósticos, cirugías aplazadas y un dolor insoportable que lo acompaña cada día. Desde entonces, han pasado más de seis años en los que ha transitado por consultas, unidades del dolor, esperas interminables y una creciente desesperación.

Apenas quince días después del accidente, Carlos tuvo que reincorporarse a su puesto de trabajo. Pero su rodilla no aguantó. La lesión empeoró y, tras una recaída, la empresa lo despidió y lo obligaron a coger una baja por enfermedad. Su caso parecía claro desde el principio: la solución inicial pasaba por implantarle una prótesis en la rodilla, con dos zonas gravemente dañadas. Sin embargo, los médicos consideraron que era demasiado joven para una operación de ese calibre y optaron por otras vías.

Lejos de mejorar, la vida de Carlos fue empeorando. Pasó la unidad del dolor, donde intentaron controlarlo mientras se encontraban alternativas. Pero la situación no mejoraba y la incapacidad para hacer una vida normal lo llevó a pedir una segunda opinión dentro del Servicio Riojano de Salud (SERIS). Fue entonces cuando descubrió que el problema ya no era solo su rodilla: debía operarse primero de la cadera antes de abordar una segunda intervención.

En 2021, los médicos tomaron la decisión de realizar la cirugía de cadera y, un año después, en 2022, le dieron cita para operarse en el hospital privado Los Manzanos. Sin embargo, el mismo día de la intervención, los especialistas le recomendaron intervenir primero su espalda (nuevamente el paso del tiempo también la había dañado) y devolver el caso al Hospital San Pedro. La operación de espalda no llegó hasta junio de 2024. Durante todo ese tiempo, Carlos ha vivido con dolores insoportables que lo obligaban a acudir a urgencias semana tras semana. “Allí me conoce todo el mundo y se sorprenden de que todavía esté en esta situación”, lamenta.

Después de la cirugía de espalda, la intervención de cadera parecía estar más cerca. En un principio, se había programado para el 3 de febrero de 2025, aunque le habían asegurado que se haría antes de finalizar 2024. Sin embargo, hace solo unos días, al revisar su historial, ha descubierto que la fecha había cambiado sin previo aviso: ahora la operación está fijada para el 19 de febrero, si no hay un nuevo cambio de por medio.

Mientras sigue esperando, su día a día se ha convertido en una lucha constante contra el dolor. Sin trabajo, sin respuestas claras sobre su posible invalidez y con la sensación de estar atrapado en un bucle de atrasos y esperas, Carlos sobrevive con una ayuda de 480 euros mensuales. “Pero ya no es solo cuestión de dinero, necesito volver a estar activo”, asegura.

Sabe que, después de la operación de cadera, todavía tendrá que someterse a la de rodilla, alargando aún más su calvario. “Con tanta operación por delante y con tanto tiempo entre una y otra, tengo la sensación de que nunca voy a salir de esta situación”. Ha pasado semanas enteras en la cama, sin poder moverse por los dolores. Camina con muletas, aunque está intentando dejarlas porque el esfuerzo ha comenzado a afectarle también los brazos.

“Llevo desde los 13 años trabajando y esto está empezando a afectarme también psicológicamente”, reconoce. Su mayor deseo es poder recuperar su vida, vivir sin dolor y llevar un sueldo digno a casa. Pero cada nuevo retraso en sus operaciones le hace sentir que ese momento está cada vez más lejos.

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