Cultura y Sociedad

Del rock al tecno pasando por la música disco: Crepúsculo cumple 50 años

Del rock al tecno pasando por la disco: Crepúsculo cumple 50 años

El latido de la noche en La Rioja Baja tiene nombre propio: Crepúsculo. Un lugar que no solo ha sido testigo del devenir de generaciones, sino que ha moldeado la manera en la que se entiende la cultura del ocio en la zona norte de España. Un refugio musical, una sala donde los recuerdos se confunden con los acordes de una guitarra o el retumbar de los bafles.

Este sábado, Crepúsculo celebra 50 años de historia. Medio siglo desde que vio la luz aquel sueño juvenil nacido en 1974 bajo el amparo de la asociación con el mismo nombre. Fue entonces cuando un grupo de amigos decidió que en Alfaro tenía que haber un espacio para guateques, bailes y diversión. Lo que empezó como una iniciativa casi romántica, sin saberlo, se convertiría en un icono. Primero en la calle San Antón, frente al hostal Moderno, y después en su ubicación actual, junto a la Colegiata de San Miguel. Aquel traslado no fue solo un cambio de local, sino un salto hacia la consolidación de un proyecto que conquistaría la noche no solo de La Rioja, sino también de toda la zona norte de España.

Crepúsculo nunca ha dejado de ser una asociación. Y quizás ahí resida el secreto de su éxito. Cuando otros locales desaparecían arrastrados por las crisis o por la propia inercia del tiempo, Crepúsculo resistía. “Cada 31 de diciembre la cuenta tiene que estar a cero”, dice Carlos Catalán, uno de sus responsables. Sin ánimo de lucro, sin más objetivo que mantener vivo el espíritu que la vio nacer, la sala ha sorteado con entereza los momentos más difíciles.

Pero su legado va más allá de la música. En estos 50 años, Crepúsculo ha sido un agente dinamizador de la vida alfareña: ha impulsado actividades culturales, ha apoyado a los equipos deportivos del municipio y ha organizado viajes. No ha sido solo un templo nocturno, sino un espacio de encuentro para varias generaciones.

Los años dorados del rock

Los primeros años de Crepúsculo son un relato de euforia musical. La época en la que cada municipio tenía su propia catedral del sonido: la Macumba en Rincón de Soto, la Kokorikos en Tudela, Harmony en Calahorra, Sendero en Arnedo… y Crepúsculo en Alfaro. «Y se llenaban todas todos los fines de semana, había público para todos».

Por su escenario han pasado nombres que hoy suenan a leyenda. Pero si algo caracterizó a Crepúsculo, fue su devoción por el rock. Medina Azahara, Def Con Dos, Platero, Reincidentes, Barón Rojo… todos ellos rugieron en sus tablas, dando también la oportunidad a muchas bandas riojanas de telonear a los grandes.

Y luego llegaron los ochenta. Y con ellos, la primera gran crisis. Los pubs emergieron con fuerza, ofreciendo música pinchada en espacios más reducidos. Crepúsculo tuvo que reinventarse, y lo hizo. El renacimiento llegó con la música disco. Alfaro, bien comunicado y con un espíritu abierto, se convirtió en una parada obligada para vascos y franceses en la famosa Ruta del Bacalao. Coches con matrícula de Lyon llegaban cada fin de semana atraídos por la diferencia horaria en los cierres y por el trato especial que recibían en la sala.

Crepúsculo siempre entendió que para sobrevivir había que saber cambiar sin perder la esencia. Fue pionera en abrirse a estilos innovadores, en entender los gustos de un público que llegaba desde Soria, Vitoria, Navarra y toda La Rioja. En los últimos años, la música electrónica ha tomado el relevo. Y la sala, una vez más, ha sabido adaptarse.

Este sábado, la gran celebración de los 50 años tendrá como protagonistas a lo mejor del hard techno y el techno. La cabina recibirá a Brenda Serna, Ramiro López y un elenco de DJs de la zona que representan lo más potente del momento. Pero no será solo una fiesta de música: habrá regalos para el público y una decoración especial que rendirá homenaje a los momentos más trascendentales de la historia de Crepúsculo.

Cinco décadas después, Crepúsculo sigue encendida. La sala es un símbolo de resistencia que ha visto bailar a varias generaciones, ha sido el escenario de primeras citas, de noches inolvidables, de la locura juvenil y de la nostalgia adulta. El refugio de los que buscaban algo más que un bar de copas.

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