La Rioja

«Hay veces que el esfuerzo no tiene recompensa»

La calagurritana Amaya Herreros, graduada en Biología Sanitaria, ha logrado el cuarto puesto en el examen BIR (Biólogo Interno Residente) de este año, una convocatoria extremadamente competitiva en la que solo uno de cada 16 aspirantes consigue una plaza. Tras meses de estudio intensivo y renuncias personales, ahora se enfrenta a la decisión de elegir hospital y especialidad.

– Amaya, el BIR es una de las oposiciones más difíciles dentro de la Formación Sanitaria Especializada. ¿Cómo descubriste esta opción?

– Dentro de la carrera de Biología Sanitaria descubrí lo que era el BIR, que es el sistema de formación para biólogos, similar al MIR de los médicos, pero enfocado en especialidades de laboratorio. Me llamó la atención porque me interesaba la parte clínica, la aplicación de la biología en el diagnóstico de enfermedades, y el BIR era la mejor vía para formarse en ello.

– ¿Cómo ha sido el proceso hasta conseguir la plaza?

– Esta ha sido la segunda vez que me presentaba. El año pasado lo intenté, pero solo pude prepararme desde agosto y en esos pocos meses no conseguí la plaza, aunque me quedé cerca. Eso me motivó para intentarlo otro año más, pero con una preparación más sólida. Ha sido un año complicado, desde noviembre he estado estudiando casi once horas al día. En verano sí tenía algo más de tiempo para mí, pero en general ha sido una rutina muy exigente.

– ¿Cómo se mantiene la motivación en un proceso tan largo y exigente?

Es clave encontrar un equilibrio. Hay que ser muy fuerte mentalmente porque el nivel de exigencia es altísimo. Tienes que estudiar muchísimo. En una oposición como la nuestra, con tan pocas plazas, un solo fallo puede marcar la diferencia. Conozco gente que lleva años intentándolo sin éxito. He tenido la suerte de que mi familia me ha apoyado totalmente y me ha permitido dedicarme íntegramente a esto. Hay otras personas que tienen que compatibilizarlo con el trabajo, y eso lo hace aún más difícil. Sinceramente, menos mal que la he conseguido, porque no sé si estaba preparada para otro año igual. Es un proceso muy duro y no siempre el esfuerzo tiene recompensa. Hay gente que estudia muchísimo y no lo consigue.

– Ahora toca elegir especialidad y hospital. ¿Ya tienes claro tu destino?

– Todavía no lo tengo decidido al cien por cien, pero estoy entre Microbiología y Bioquímica Clínica. Seguramente me quedaré en Madrid para hacer los cuatro años de formación y, en el futuro, si puedo seguir allí, genial. Si no, intentaré en otra comunidad o volver a La Rioja. Pero ahora mismo creo que tengo más oportunidades fuera.

– Hablando de oportunidades, en el ámbito científico sigue habiendo una brecha de género. ¿Lo has notado en tu experiencia?

– Sí, sigue faltando representación femenina. Cuando estudiamos, la mayoría de los nombres y referencias que encontramos son de hombres. Y en investigación, que no es mi caso, las condiciones en España son complicadas.

– Para quienes no conocen bien el trabajo de un Biólogo Interno Residente, ¿en qué consiste su labor en un hospital?

– Nos encargamos de la interpretación de todo tipo de muestras de los pacientes. Por ejemplo, análisis de sangre, PCR y otras pruebas de diagnóstico. Nuestro trabajo es analizar e interpretar los resultados y ofrecer la información a los médicos para que puedan tomar decisiones clínicas. Aunque no estamos en contacto directo con los pacientes, nuestra labor es esencial en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.

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