La Rioja

FP: «Estamos aquí demostrando que es posible romper la brecha de género»

Algunas chicas demuestran que determinadas especialidades de la FP no son coto masculino

A las aulas de Formación Profesional llegan casi tantas chicas como chicos. Sin embargo, si se rasca un poco, la brecha de género sigue siendo evidente en las diferentes ramas que existen. Aunque muchas mujeres tienen capacidad y talento para estudiar mecánica, soldadura o electromecánica, pocas se atreven a dar el paso. Los mismo pasa con ellos en las ramas dedicadas a los cuidados. El miedo a no encajar, los prejuicios y la falta de referentes son algunas de las barreras que persisten.

Cristina no tenía claro qué estudiar cuando terminó la ESO. Barajó opciones como Emergencias Sanitarias y Estética, pero finalmente se matriculó en Soldadura. “Puse varias opciones y me tocó esta. Podría haber acabado en cualquier otra”, cuenta. Su historia es similar a la de muchas jóvenes que, por casualidad unas veces o por vocación otras, llegan a una FP técnica y se encuentran con una realidad aplastante: la falta de compañeras. Cristina es la única chica de su clase.

Cristina en una de las clases de soldadura con todos sus compañeros. Fernando Díaz/riojapress

“El año pasado teníamos dos en el curso, pero lo normal es que haya una o ninguna”, explica Almudena, su profesora. “Eso significa que muchas veces, además de aprender el oficio, tienen que hacer un esfuerzo extra para integrarse en un entorno mayoritariamente masculino”. Este aislamiento puede hacer que algunas alumnas se sientan fuera de lugar. “Si hubiera más chicas, sería distinto”, reconoce Cristina.

El reto no termina al terminar los estudios. En el mundo laboral, las mujeres que eligen estas profesiones a menudo se enfrentan a prejuicios y expectativas distintas a las de sus compañeros. Almudena recuerda situaciones en las que sus alumnas han tenido que demostrar más que los hombres para llegar a determinados puestos. Este grado lo han terminado sólo tres mujeres en los últimas diez años. «Todas ellas están bien reconocidas en su trabajo, en sus últimos empleos ya no han negociado sueldos si no condiciones laborales». La realidad es que luego están extremadamente bien valoradas y hay una inserción laboral que roza el cien por cien.

Fernando Díaz/riojapress

Pero tomar la decisión no es fácil. Incluso dentro de sus propias familias encuentran resistencias. Cristina cuenta que su padre, que trabaja en un entorno similar, trató de disuadirla. “Me decía que era peligroso, que había muchos chicos y que no quería que me metiera en esto”, recuerda. «Ahora, como me ven feliz, están encantados».

Otro obstáculo con el que se encuentran estas mujeres es la falta de infraestructuras adecuadas en las empresas. Almudena señala que algunas no rechazan a las chicas por prejuicios, pero sí por falta de medios. “No tienen vestuarios ni baños femeninos, simplemente porque nunca han tenido trabajadoras en ese puesto o porque son pequeños negocios”, explica.

Fernando Díaz/riojapress

A pesar de todo, Cristina está decidida a continuar en el sector. Su plan es especializarse en Electromecánica de vehículos mientras empieza a trabajar. “No se trata solo de que entren las más valientes”, señala Almudena. “También queremos que las chicas más tímidas, las que tienen dudas, se sientan bienvenidas. No hace falta demostrar nada. Solo hace falta que te guste y que tengas una oportunidad”.

Cristina anima a otras jóvenes a considerar FP técnica. “Al principio puede dar miedo, pero si te gusta, merece la pena. No hay que dejar que nadie te diga que no puedes hacerlo”.

En el otro lado

Y si las mujeres son minoría en los ciclos industriales, la situación se revierte en las ramas sanitarias. En el Ciclo Formativo de Grado Medio de Cuidados Auxiliares de Enfermería, los hombres representan una pequeña parte del alumnado. Mario Alberto Garrote es uno de esos pocos estudiantes que ha elegido un camino donde la mayoría son mujeres.

“Para elegir sanitaria tienes que tener vocación”, explica Mario. “Me encanta poder cambiar el entorno de un paciente, estar en contacto con ellos y ayudarles a mejorar su día a día”. Para él, los Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería son los que más tiempo pasan con los pacientes y los que mejor pueden influir en su bienestar.

Mario junto a sus compañeras en una de sus clases. Fernando Díaz/riojapress

Sin embargo, la distribución de género en este tipo de formación sigue reflejando los roles tradicionales. Laura, su tutora, confirma esta realidad. “Este año tenemos cinco chicos frente a 19 chicas. Es cierto que cada vez hay más chicos en estos ciclos, pero el cambio es muy lento”, comenta. La tradición y los estereotipos siguen pesando en la elección de estudios. “Los cuidados siempre han sido vistos como un trabajo de mujeres, pero eso debe cambiar”, añade.

A pesar de que los hombres siguen siendo minoría en estas aulas, Mario asegura que la experiencia es positiva. “Estar en una clase con tantas chicas es genial, el ambiente es muy amigable y familiar”, dice. “Siento que me arropan. Es una dinámica diferente, pero me siento a gusto”.

Fernando Díaz/riojapress

Por otro lado, también destaca la importancia de la diversidad en el ámbito sanitario. “Cuidamos a hombres y mujeres, y el paciente debe sentirse cómodo. A veces, es importante que el personal sanitario sea del mismo sexo para determinadas situaciones íntimas”, explica.

La tecnología, también masculinizada

Las ramas dedicadas a la tecnología podrían parecer algo unisex, sin embargo la gran mayoría siguen siendo chicos. Telma Teixeira y Neilin Abreu son las dos únicas chicas en 2º del Ciclo Formativo de Grado Superior de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma. En un aula de 24 alumnos, ellas representan la minoría femenina en un sector donde la presencia de mujeres ha disminuido con el tiempo. «Hubo una época en la que teníamos más alumnas pero está volviendo a bajar», dice su profesora Amparo.

Estas dos alumnas llegaron a la informática por caminos distintos. Neilin siempre tuvo claro su interés: “En la ESO y en bachillerato siempre elegí TIC porque se me daba bien, me gustaba y sacaba buenas notas. Programamos y me encantó». Telma, en cambio, descubrió su vocación más tarde: “Siempre me había planteado hacer bachillerato, pero un amigo me habló del grado medio y decidí probar. Al final, lo que más me llamó la atención fue la programación, y aquí estoy, muy contenta.”

Neilin en su clase. Fernando Díaz/riojapress

A pesar de que la informática no requiere habilidades físicas, sigue existiendo una gran diferencia de género. En los ciclos de Desarrollo de Aplicaciones, el porcentaje de chicas es del once por ciento, y en áreas como Administración de Sistemas en Red, apenas hay alumnas.

“Creo que muchas chicas no conocen bien lo que se hace en estos ciclos. Se asocia la informática con los chicos, con el hardware, cuando en realidad se trata de creatividad, lógica e imaginación», comenta Amparo. Neilin añade que los estereotipos siguen pesando: “Al final, muchas chicas pueden dudar en entrar porque piensan que no van a encajar. A mí también me preocupaba, pero siempre encuentras a alguien con quien conectar».

Telma en su clase. Fernando Díaz/riojapress

Afortunadamente, la industria tecnológica no distingue por género a la hora de contratar. Las salidas profesionales son excelentes y, poco a poco, se trabaja para visibilizar referentes femeninos en el sector. Sin embargo, el reto sigue siendo atraer a más niñas y jóvenes antes de que tomen sus decisiones académicas. “Si te gusta, no deberías tener miedo. Nosotras estamos aquí para demostrar que sí se puede».

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