Cultura y Sociedad

Sin Rioja, pero con novio: una riojana consigue remontar su cita en ‘First Dates’

Ya es oficial. No quedan románticos en el mundo. Y eso, sumado a la crisis de excedentes del sector, acabó por convertir en un mal trago (qué bien traído) el inicio de la cita de una riojana en First Dates. Parecía que Íñigo no estaba hecho para Lidia, comercial de una bodega de Cuzcurrita del Río Tirón que fue al famoso programa de Cuatro en busca del amor definitivo y a punto estuvo de de acabar compuesta y sin Rioja (puedes ver el programa completo aquí).

Ya desde el primer encuentro de la pareja se notó que algo no iba del todo bien. Había «una vibra oscura», como la propia Lidia confesó ante las cámaras. Porque la riojana apostó su primera buena impresión al vino del que pregona sus bondades a los cuatro vientos: quiso regalarle una botella a su posible pareja, pero Íñigo (un bilbaíno muy bilbaíno) no estaba por la labor.

«Yo solo bebo té negro y agua», se excusó el vizcaíno, que vio venir que esa noche no iba a ser de ‘fiesta grande’ para él: «Le he dado la excusa perfecta para decir que no quiere saber nada de mí». En honor a la verdad, Íñigo no está por la labor de acabar con los excedentes del vino, pero su educación no le impide brindar, al menos, por el amor. Su trabajito le costó a Lidia, pero consiguió que el vizcaíno alzara su copa ante las rogativas de su cita, pero de ahí no estaba dispuesto a pasar: «Ni con una espada incandescente en la garganta me hacen a mí beber vino».

Parecía que estaba todo perdido entre la riojana y el vasco, pero aún quedaba ese escenario donde los milagros del amor, en ocasiones, se materializan: el karoke. Íñigo jugó su última baza con Loquillo -que, por cierto, también su aquél vinícola- y la bola acabó entrando. Gol en Las Gaunas para el Casanova vizcaíno, que logró remontar un partido que se le había puesto cuesta arriba desde el pitido inicial.

«Sí tendría una segunda cita con él porque nos hace falta algo más de tiempo para charlar mejor y profundizar un poco más el uno en el otro», sentenció Lidia, quien no encontró en la tele una pareja para irse de vinos por La Laurel pero, quién sabe, quizás sí halló a un compañero para toda la vida.

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