Una historia de amor imposible, «un romance más grande que la vida». Esta es la definición que hace Adrián Guerra, productor de ‘El secreto del orfebre’, de la película que Mario Casas y Michelle Jenner han rodado durante el pasado 2024 en Elciego y Laguardia y de la que este miércoles se han podido ver las primeras imágenes.
Ambientada en tres épocas diferentes, los años cincuenta, setenta y noventa, se trata de la novela homónima de Elia Barceló, dirigida por Olga Osorio y que llegará a los cines el próximo 28 de febrero.
Una película que, a nivel de producción, ha tenido el inconveniente de encontrar localizaciones acordes a la historia, tanto visual como narrativamente. «Durante la búsqueda, casi todos los pueblos con los que nos fuimos encontrando estaban muy intervenidos y parecían demasiado actuales, hasta que dimos con Elciego». Pueblo de Rioja Alavesa que ha servido a la perfección para recrear Villasanta, la localidad española ficticia de la que procede el protagonista de la historia, en este caso, Mario Casas.

Foto: Xavi Farré
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Nuria Valls, productora junto con Guerra, ha desvelado en una entrevista concedida al medio Audiovisual451 que «rodar en Elciego es como rodar en un plató natural. Al final, para intervenir un pueblo como lo hemos intervenido nosotros necesitas tener la complicidad de la gente, lo cual ha sido así desde el principio».
La idea del equipo cinematográfico de ‘El secreto del orfebre’ ha sido concentrar todo el pueblo en la plaza con el fin de favorecer la comprensión geográfica del espectador y hacer visibles los cambios de época a través de la evolución de varios espacios que sí se han recreado. Anna Pujol, directora de arte, ha explicado que «el pueblo tiene una gama ocre muy monocromática y hacía falta darle más color, por lo que decidimos añadir flores con el fin de lograr un efecto preciosista y optamos por conformar dos paletas de colores diferenciadas, una más suave para los años 50 y otra con más tono para los 70».
Además de la plaza, un lugar clave de la historia ha sido el que han llamado Café Negresco. Al equipo le resultaba difícil encontrar una localización adecuada para ambientar el local, pero a Pujol se le ocurrió cerrar los soportales del consistorio del pueblo para construir dentro un bar de época, sin salir de la plaza. «Ha gustado tanto cómo ha quedado que los vecinos querían que lo dejáramos todo tal cual cuando nos fuéramos».


