Bruma olfatea a su alrededor, emocionada a la espera de que Elena y Martín reclamen de nuevo su presencia junto a ellos. Los tres han escapado del mundanal ruido. El verdadero valor de su viaje, y por el que están en este lugar, se esconde fuera de las rutas más conocidas, donde los viajeros más curioso se escabullen de los espacios más visitados para recorrer lugares esculpidos en piedra, tallados en madera, cuarteados por el agua, pintados por bosques centenarios y que apenas han sido retratados anteriormente. Pueblos donde el tiempo parece moverse a un ritmo distinto y el silencio de las montañas invita a detenerse, a escuchar y a descubrir. Así es la comarca de las Siete Villas del Alto Najerilla, en donde la naturaleza, la historia y la tradición se encuentran en un equilibrio perfecto. Elena, Martín y su perra Bruma apuestan esta vez por la autenticidad de este rincón riojano al sur de la región. Rodeados por el imponente horizonte de las sierras de la Demanda y Urbión, descubren, una a una, las siete villas que conforman este tesoro escondido.
Brieva de Cameros: historia y tradición en un entorno montañoso
Al caminar por las calles empedradas de Brieva, Bruma avanzaba olisqueando curiosa. Frente a la iglesia de San Miguel, de estructura medieval y rodeada de antiguos muros de piedra, la pareja contempla la serenidad del lugar. En el Museo del Pastoreo descubren el pasado trashumante de la comarca y les indican que el Sendero del Chozo recrea las antiguas rutas de los pastores hacia los pastos altos. Entre bosques de robles y el sonido del agua que brota de pequeñas fuentes naturales, se sienten transportados a un mundo rural detenido en el tiempo. A lo lejos, las montañas protectoras de estas tierras tranquilas.

Canales de la Sierra: entre la arquitectura histórica y los bosques antiguos
Canales de la Sierra recibe al visitante con sus casas blasonadas y la imponente fachada del Palacio de Condestable. Uno de los pueblos más pequeños del mundo con teatro, que sigue abierto para que continúe el espectáculo. Se trata de una construcción de madera donde el Papamoscas en la torre del reloj -una pequeña figura que abre la boca al sonar las campanas- saluda a quien llega hasta allí con los ojos abiertos y con el tiempo necesario para mirar con atención. Calles de piedra y musgo que guían hasta la iglesia de San Cristóbal, una joya románica del siglo XII.
Pero Canales no solo ofrece historia, presenta un entorno natural único. Rodeados de altas cumbres y colinas, los vecinos recomiendan conocer el ‘Roble de la Solana’, un árbol que guarda en su corteza siglos de historias, uno de los pocos que resistieron la tala masiva para construir la Armada Invencible. A su alrededor, picos de más de 2.000 metros para el mejor escenario natural posible.

Mansilla de la Sierra y su pueblo fantasma bajo las aguas
La llegada a Mansilla de la Sierra es siempre una experiencia impactante. Se abre sin esperarlo un enorme embalse, que digiere en sus tripas techos de casas familiares. Es el momento para recordar la historia del antiguo pueblo sumergido bajo las aguas, que en verano, en las peores sequías ibéricas permite redescubrir este pueblo sumergido. Entonces, se puede caminar por lo que una vez fueron calles llenas de vida y ahora están cubiertas de historias en silencio. Todo un viaje en el tiempo, un paseo entre restos de paredes que cuentan, sin palabras, la historia de un lugar que se sacrificó para dar paso al embalse. El Puente de Suso es una estructura medieval vigente, rescatada piedra a piedra del agua.
Ventrosa de la Sierra: naturaleza y paz en el corazón de La Rioja
Ventrosa era un lugar dividido en dos barrios y coronado por la iglesia de San Pedro y San Pablo y el Reloj de las Cuatro Esferas, que ofrece una vista inigualable del valle. Pueblo de paz, don ermitas, como la del Cristo y de Villarica, y un frondoso bosque en el que jugar a encontrar el Puente de la Hiedra, cubierto de una capa verde que bien pudiera ser la portada de un cuento medieval. Cada rincón de Ventrosa es una historia, contada con la calma que solo el viajero se puede permitir en estos lugares en lo que parece que el tiempo se detiene, junto a una chimenea una buen conversación.

Villavelayo: setas y una tradición viva
En Villavelayo se encuentran los ríos Neila y Canales, y aquí la naturaleza muestra su lado más generoso. Bosques de hayas y robles tiñen de colores cada una de las cuatro estaciones. Muchos acuden hasta estos parejas en temporada de setas -tanto en primavera como en otoño-. Los hacen Elena y Martín con su perra Bruma. Villavelayo es famoso por sus recursos micológicos, en especial el perrechico, una seta de San Jorge muy apreciada en la zona. La iglesia de Santa María de la Asunción, con sus elementos visigóticos y mozárabes, es otro de los puntos destacados del recorrido, un lugar donde el pasado de La Rioja parece cobrar vida.

Viniegra de Abajo: El Legado de los Indianos
Tierras de pastos que con el fin de la mesta y el ocaso de la lana como tejido principal para la confección de prendas de vestir comenzó a peder población durante el siglo XIX. Muchos tuvieron que buscarse la vida ultramar. Al otro del Atlántico hicieron fortuna, y regresaron a casa para reconstruir sus recuerdos una vez solucionado el sustento. Por eso hay casas de Indianos en este rincón de La Rioja. Son las casas señoriales de Viniegra de Abajo. Estos indianos dejaron una herencia arquitectónica que aún perdura en esta villa, por lo que caminar por sus calles de piedra es recuerdo de un tiempo pasado repleto de esplendor. La iglesia de la Asunción y las ermitas de San Millán y de la Soledad aportan espiritualidad al lugar. El río Urbión, que serpentea por entre la villa, ofrece la oportunidad perfecta para caminar entre huertas y pequeñas cascadas.

Viniegra de Arriba y la Venta de Goyo: altitud, historia y sabores de la Sierra
Ésta es la villa más alta de la comarca, a 1.182 metros de altitud. Desde aquí, el Pico Urbión, donde nace el río Duero, parece más accesible y cercana. El aire fresco llena los pulmones y el paisaje riojano es montaraz y agreste. Casas de piedra y calles empedradas, hechas a medida para los paseos tranquilos. No muy lejos de este punto se encuentra La Venta de Goyo, en Viniegra de Abajo, un establecimiento legendario que ofrece lo mejor de la gastronomía riojana. Platos de cuchara tan tradicionales como los caparrones, una oportunidad fantástica para conocer el sabor y la textura de la Alubia de Anguiano, unos de los alimentos riojanos reconocidos con el sello de calidad ‘#productoriojano’. Sabores intensos y reconfortantes, como el guiso de jabalí, las carrilleras o el cordero chamarito asado. Un fantástico menú final para que resume la esencia de las Siete Villas: ingredientes sencillos y locales, cocinados con paciencia y dedicación.


