Las luces de Navidad ya centellean, desde el pasado viernes, al caer la noche en Logroño. Pero aun así, la capital riojana está en proceso de complementar su decoración de cara a las fiestas con un ‘jardín urbano’ que alude directamente a la idiosincrasia vinícola de la comunidad.
Quienes paseen por la confluencia de la calle San Antón con la Gran Vía ya pueden contemplar cómo crecen varios arbolitos navideños cuya madera bebe directamente de la cultura del vino, pues sus ‘ramas’ no son sino fragmentos de barricas que en su momento abrazaron el mayor tesoro de La Rioja: su vino. Esta composición -que lleva por título ‘Crecemos por dentro’- nace por iniciativa de Ibercaja, alcanzará los siete metros de altura y es obra de la escultura Beatriz Carbonell, que se ha nutrido de materia prima facilitada por Tonelería Murúa y la bodega Dinastía Vivanco.
La escultura -que se inaugurará oficialmente el jueves- tiene una base en forma de dodecaedro de algo más de tres metros de diámetro, a partir del cual se van superponiendo ‘coronas’ hechas a partir de las duelas de barricas usadas, que se cierran en forma cónica. En palabras de su autora, la particularidad del árbol navideño más riojano radica en su aspiración de «ser un reflejo de la sociedad logroñesa, que las duelas que lo estructuran muestran su cara interior, la que está en contacto con el vino, la que se ha empapado de los minerales de la tierra; la que nadie puede ver».
La obra ha sido un encargo de Ibercaja, para cuya realización se ha contado con materiales aportados por Tonelería Murúa para la estructura de duelas y por Bodega Dinastía Vivanco para un remate con botellas de vino. Por su parte, el Consistorio se encarga de las labores de montaje, desmontaje y almacenamiento en adecuadas condiciones de conservación. Para que la escultura luzca en todo su esplendor, el árbol contará con la iluminación de unas guirnaldas.


