TRIBUNA

365 días después, la vida sigue igual

Hace años, Conrado Escobar estuvo de representante del Ayuntamiento en el consejo escolar del colegio público Marqués de Vallejo. Por aquel entonces empatizaba mucho con la situación del centro, sus trabajadores y el estado deplorable en el que se encuentra el colegio. Por aquel entonces, todo eran buenas palabras y críticas a la oposición (nada nuevo, porque la legislatura anterior nos pasó lo mismo con el otro partido mayoritario).

Se comprometió a ayudarnos, y lo único que nos dejó en herencia fue una gran frase que resultó ser la melodía de un venirse arriba en un momento de euforia (esa, que a los políticos se les olvida en cuanto salen por la puerta): «Hay que saber qué tecla tocar».

Nos reunimos con él en el ayuntamiento (parecía más fácil, puesto que habíamos dado con la tecla). La tecla (indudablemente, esta vez era él) nos recibe en el ayuntamiento. No se vayan a pensar ustedes que pedimos el oro y el moro. No se le pide nada más que lo que en ocasiones anteriores le parecía una nimiedad. Incluso, dejamos aparte y no tocamos el tema de los ATEs y función pública y lo mal que se gestionaban las sustituciones, y que por aquel entonces, veía con claridad.

La charla fue distendida y fíjense ustedes lo que se pidió:

1. Que al igual que al resto de la ciudadanía (que no sabemos, si de colegios públicos) se nos cobrara un impuesto de recogida de basuras por parte del Ayuntamiento y que nos recogieran los contenedores de materia orgánica del cole, ya que dicho servicio llega por parte del Ayuntamiento hasta La Grajera y nuestro centro se encuentra en la misma ubicación (código postal 26007 de Logroño). Hasta ahora, dicho servicio está contratado con una empresa privada, con un costo de alrededor de 500 euros mensuales, dinero que podría ser invertido en cubrir las miles de necesidades que el centro posee (parece ser, que nuestro colegio está en tierra de nadie).

2. Se pidió, si pudiera ser, una mesa de ping-pong, como las que se ponen en la calle en los barrios que quedan ancladas al suelo y no suponen peligro para los críos, y que formaría parte de los juegos de patio. Incluso les comentamos que nos daba igual que fuera alguna que hubiera sido retirada y restaurada, y que si no, ya la restaurábamos en el colegio.

3. Que tuvieran en cuenta a la población con discapacidad a la hora de programar su tiempo de ocio. No hay ningún tipo de oferta por parte del Ayuntamiento, ni ludotecas, ni campamentos, ni centros jóvenes. Así es muy difícil conciliar y convivir, tanto ellos como sus familias.

Un año después… Ni una sola llamada, ni siquiera por respeto o empatía, ni una sola comunicación, ni un pequeño gesto de tenernos (tenerlos, a los niños) en cuenta. ¿Eso es lo que merecemos? ¿Tanto pedimos? Juzguen ustedes mismos.

Feliz día de los derechos del niño y feliz Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

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