La Rioja

Centro Áncora persigue «ser felices y autónomos»

El centro Áncora es un espacio de trabajo y aprendizaje

Raquel es arnedana. Todos los días coge su autobús para bajar a Calahorra y pasar el día en el centro Áncora. Un lugar que no solo es un espacio de trabajo y aprendizaje, sino también un motor de esperanza y transformación para casi un centenar de personas con discapacidad intelectual de La Rioja Baja. Desde hace dieciocho años, este centro, gestionado por la asociación Igual a Ti, se ha convertido en su segundo hogar, igual que para el resto de sus compañeros.

«Me gusta mucho mi vida». Raquel no lo sabe, pero esta sinceridad tan contundente emociona a quienes la rodean. Entre ellos, Yolanda Sánchez, directora del centro, que no puede evitar sonreír al escuchar esas palabras. Y es que detrás de la aparente simplicidad de esa frase se encuentra el reflejo de un esfuerzo compartido por garantizar la autonomía, felicidad y autodeterminación de sus usuarios, los pilares sobre los que Áncora construye su día a día.

Allí trabajan con dos objetivos. «Que los usuarios sean felices y autónomos». Yolanda lo explica bien: «Trabajamos buscando la autodeterminación de las personas con discapacidad intelectual, elaborando con ellas su plan de vida, un proyecto personalizado que refleja sus intereses y deseos a largo plazo».

La misión de Áncora es clara: las personas con discapacidad intelectual deben ser protagonistas de sus vidas. Por ello, el equipo del centro trabaja mano a mano con los usuarios para elaborar planes personalizados que reflejen sus intereses, sus gustos y también sus necesidades. «Buscamos que cada persona sea feliz y autónoma, y para ello diseñamos programas que se adaptan a sus necesidades específicas», explica Sánchez.

Para alcanzar estos objetivos, se diseñan horarios individualizados que incluyen actividades como gerontogimnasia, estimulación cognitiva, habilidades sociales, vida en el hogar y uso de recursos comunitarios, además de apoyos especializados como fisioterapia y terapia ocupacional. También se realizan actividades complementarias, como talleres, cursos, salidas formativas y lúdicas. El propósito es siempre el de mejorar las relaciones interpersonales e impulsar su integración en la comunidad.

Raquel lleva dieciocho años en el centro. Entró con 26. Su día en Áncora comienza con una reunión matutina en la que los usuarios revisan su programación diaria. Ella además ejerce como enlace entre sus compañeros y la dirección. Por eso juega un papel crucial. «Recojo las peticiones de mis compañeros sobre actividades, el menú o cualquier necesidad, y las traslado a la dirección”, comenta con naturalidad. Hoy Raquel tiene taller de lectura. Está leyendo ‘El niño con el pijama de rayas’. Es aficionada a los libros, también a la escritura. Lleva años escribiendo sus propios textos. «Ahora lo estoy metiendo en el ordenador».

También le gusta ir a la piscina, trabajar con el ordenador, con el móvil, hacer recetas de cocina. Son algunos de los talleres que se realizan a lo largo de la semana que se unen a los de habilidades sociales, estimulación cognitiva, teatro, concienciación corporal… y otra veintena de posibles actividades. «A final de curso se hace una reunión entre personas del centro, la familia y el usuario y se hace un balance de las actividades del año anterior y entre todos decidimos cuáles van a hacer el próximo curso».

El centro se divide en dos zonas: el centro de día («para personas con más necesidades de apoyo») y el centro ocupacional («donde somos más autónomos»), cuenta Raquel. En uno y otro los programas de apoyo son individualizados para cada usuario con el fin de que sean útiles y eficaces.

Poco a poco Raquel va enseñando sus zonas preferidas del centro, entre ellas un gran pabellón en el que los usuarios están siempre ocupados. Uno pone gomas a los tornillos, mientras otros realizan decoración navideña que estos días sacarán a la venta. «De ahí sacamos un dinerillo y con eso nos pagamos las excursiones o las salidas».

Ese contacto con la sociedad es, sin duda, uno de los aspectos más transformadores del trabajo de Áncora. A través de campañas de sensibilización, los usuarios visitan colegios para demostrar sus capacidades y desmontar prejuicios. “Vamos a los chicos de sexto de primaria y les contamos todo lo que sabemos hacer. Se quedan asombrados, ¡alucinan!”, comenta Raquel.

Estos días están en un «no parar». Con motivo de la celebración del 3 de diciembre (Día Internacional de las Personas con Discapacidad), la asociación ha organizado diversas actividades para visibilizar y sensibilizar sobre los derechos de este colectivo. Entre ellas destaca la Marcha Áncora, que se celebra cada 3 de diciembre, y que finalizará con la lectura de un manifiesto reivindicativo elaborado por personas con discapacidad intelectual del Centro Áncora.

Además, en el Paseo Mercadal se instalará un estand con productos artesanales elaborados por los usuarios del centro. Estas iniciativas incluyen una campaña de sensibilización en colegios de La Rioja Baja, donde se impartieron charlas educativas a más de 700 estudiantes. La asociación también ha convocado su tradicional Concurso de Carteles, en el que se recibieron 301 diseños, premiando las obras ‘La luz de la inclusión’ e ‘Superhéroes al poder’ por su mensaje inclusivo.

El Centro Áncora no sería lo que es hoy sin el respaldo de la asociación Igual a Ti, que este año celebra su 60 aniversario en La Rioja. Fundada con la visión de garantizar los derechos y la inclusión de las personas con discapacidad intelectual, la asociación ha sido pionera en promover una sociedad más justa y diversa.

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