Agricultura

Tiempo de siembra: las lluvias que interrumpen y nutren

Este otoño húmedo ha ido de perlas en la preparación de la tierra

Las sembradoras y abonadoras recorren las fincas de unas y otras zonas de La Rioja echando la simiente de lo que será la próxima cosecha 2025. Este otoño húmedo ha ido de perlas en la preparación de la tierra, que ha permitido guardar ese agua para los tiempos que vengan después y ayudar a que esos primeros brotes verdes afloren mejor. Una lluvia, sin embargo, que también ha entorpecido las labores de tractor.

Es época de siembra y por ende, de planificación de cosechas. Este cultivo sí, este no, pero sin olvidar las obligaciones que fija la PAC con la condicionalidad reforzada, así como los ecorregímenes, que en este caso son de aplicación voluntaria. Y entre rotaciones y diversificación, en los últimos años el mapa de cultivos riojanos ha sumado varios integrantes más a la familia de herbáceos y leguminosas, aunque el trigo y la cebada siguen siendo las grandes protagonistas.

Desde Foncea, el cerealista Óscar Salazar lleva prácticamente un mes inmerso en la siembra (siempre y cuando los nubarrones que se posan sobre sus fincas se lo permiten) y hace escasas dos semanas que despidió su cosecha 2024 con la siega de los girasoles, pero reconoce que la campaña va muy tardía a causa de las lluvias. Una meteorología que se suma a unas temperaturas más altas de lo normal para estas fechas y que también perjudican al cereal ya que adelantan su nascencia. «Este tiempo está sacando de ciclo los cultivos. Hemos visto hasta pulgón en el campo que luego puede ser un grave problema si se manifiesta con la virosis».

Salazar confía en que los astros se alineen y no se repita la catastrófica cosecha que muchos agricultores de La Rioja Alta sufrieron este verano. «De ser una zona donde se recogen unos 5.000 kilos por hectárea y este año se muchas zonas salieron por debajo de los mil kilos. De hecho muy pocos pueblos de La Rioja Alta se han librado de este desastre en los cereales y no hay más que ver los datos de las compensaciones del seguro por la sequía que se han publicado. En el caso de mi pueblo, en cambio, no ha sido buena cosecha, pero tampoco ha sido un desastre», apunta.

En la otra punta, en Grávalos, la siembra se ha retrasado cosa de 15 o 20 días. «El trigo en esta zona, en la que estamos a 800 metros, debería estar ya sembrado y por el momento pocos granos se han echado al suelo». David Escudero apenas ha comenzado su campaña a causa de esas lluvias. «Desde el 15 de septiembre hasta ahora habrán caído cerca de 200 litros así que todavía no se puede entrar a las fincas aunque haya buen tempero, mientras que hace un año había terminado de sembrar todo para principios de noviembre», asegura.

Un exceso de humedad que, si bien aplaza esta tarea, también deja buenas reservas en la tierra que luego favorecen el crecimiento del cereal. «Yo prefiero que a la hora de sembrar no esté húmeda y que llueva después, aunque te arriesgas a que luego no caiga nada de agua en veinte días y no nazca la simiente. De la otra manera, sí o sí va a nacer».

Escudero echa la vista varios meses atrás y espera que la cosecha de 2025 no se parezca ni de lejos a las de 2024 y 2023. «Si esto sigue así dos o tres años más, acabaré dejando de sembrar porque así es imposible continuar. Es verdad que esta zona tampoco es muy buena para el cereal porque tenemos que hacer barbecho para poder coger grano y no sembramos todos los años la misma tierra. Aún así esto está cada vez más complicado y la gente ya empieza a recortar en costes, apostando por un mínimo laboreo o la siembra directa. Pero yo prefiero echar abono y herbicida, pero claro, viene un año como este y te das el golpe. Parece que acierta el que menos gasta y en cambio el que invierte más es el que más pierde».

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