El Rioja

David Moreno: «He llegado hasta aquí porque me he creído capaz»

David Moreno: «He llegado hasta aquí porque me he creído capaz»

David Moreno, en un viñedo en Badarán. | Fotos: Leire Díez

Han sido días de celebraciones para David Moreno. El pasado 16 de noviembre cumplió 77 años y dos días antes recogió el galardón a ‘Nombre del Rioja’ en los Premios Diario de Vendimia (un reconocimiento más de los muchos que ya cosecha). También han llegado buenas noticias desde el ámbito familiar y una vendimia más se ha superado con buenas expectativas en su bodega de Badarán. Y como es tradición en la agenda de David, este mes también se ha reencontrado con sus anteriores compañeros de trabajo de la Seat de Barcelona, donde trabajó hasta los 28 años.

A veces una charla con él es la mejor presentación y radiografía que se puede hacer de esta figura del Rioja que tanto ha marcado el desarrollo de una denominación y sin nacer en una cuna de viñas y vino.

– Tenía 15 años cuando viajó a Barcelona con toda su familia en busca de trabajo. ¿Cómo recuerda aquellos años?

– Pues trabajando mucho, la verdad. Entré en la Catalana de Seguros, archivando altas, bajas y pólizas. Por las tardes iba a Cartonajes Fernández y los domingos a la mañana estaba en Pastelería La Colmena. Así que trabajo no faltaba, y la cartera siempre llena también, claro. Mis amigos catalanes, en cambio, no trabajaban y estudiar, más bien poco. Pero el que mejor vivía era yo porque tenía dinero, mientras que ellos le tenían que pedir la paga de sus padres.

– ¿Cómo construyó los valores de David Moreno ese afán por trabajar?

– Eso me ha hecho no tener nunca miedo a nada y afrontar todo lo que se presentara por delante. No me importaban las horas, si yo veía que era capaz de hacer algo o resolver cualquier cosa, lo iba a intentar. Con 17 años entré en la Escuela de Aprendices de Seat, que era una FP, y ahí la formación era muy estricta e incluso tuvimos instrucción militar, lo que también me dio disciplina. Siempre me he atrevido con todo y así es como fui ascendiendo, prácticamente año a año, hasta ocupar el puesto de oficial de primera en Seat con 21 años. Luego, al año y medio de volver de la mili, ascendí a oficial de primera como técnico de organización y de ahí pasé a ser encargado y después llegué a ser jefe de Segunda.

David Moreno, en su bodega familiar en Badarán. | Fotos: Leire Díez

– Siempre has buscado ir más allá. ¿Se considera una persona inconformista y ambiciosa?

– Ni inconformista ni ambiciosa. Simplemente es la vida la que me ha llevado por este camino pero he llegado hasta aquí porque me he creído capaz de conseguirlo. Siempre me ha dominado el intentar ser capaz y la verdad es que he llegado hasta aquí porque me creído capaz de conseguirlo.

– El mismo afán le llevó de vuelta a su pueblo natal haciendo caso a su intuición. ¿Cómo se entiende que viera más posibilidades de futuro en el mundo del vino, pese a no tener ni viñas ni bodega en la familia, que en la industria catalana, por aquel entonces en pleno auge?

– Pues porque sabía que mi vida estaba en La Rioja, al igual que siempre he tenido claro que mi futura mujer tenía que ser de la zona de Nájera y alrededores. Lo que no iba a hacer era echarme una novia de Córdoba o Extremadura y todos los veranos, navidades y puentes festivos tener que irme a su pueblo. Y al final me la busqué en el propio Badarán. Y me casé con ella. Mari Trini se llama, bien guapa, y con la que voy a cumplir 50 años de casados en dos meses. Cuando nos casamos nos fuimos juntos a Barcelona, pero aquello duró poco porque yo quería volver a La Rioja, así que cuando la Seat sufrió una reconversión industrial en 1981 aproveché para marcharme. Imagínate cómo se tomó aquello mi mujer, que había salido del pueblo para vivir en Barcelona y ahora le decía de volver a Badarán. No quería, pero confió en mí.

David Moreno, en su bodega familiar en Badarán junto a una encorchadora fabricada por él mismo. | Fotos: Leire Díez

– ¿Qué aprendizaje sacó de aquellos años en Barcelona?

– Pues primero, la organización del trabajo, que es a lo que me dedicaba, y luego el saber conocer bien a las personas. Eso me ha servido después para aplicarlo en la bodega. Pero los comienzos también fueron complicados aquí. El dinero que me dieron en la empresa al marcharme lo invertí en hacer mis primeros 75.000 litros de vino, aunque antes ya había hecho alguna cuba que otra en bodegas de vecinos del pueblo que me dejaban. Casi llegué a usar once pequeñas bodegas a la vez y durante esos dos primeros años compaginaba el vino con un trabajo en la General Motors. Pero aguanté 15 meses. Me querían mandar a Irlanda a trabajar y eso no estaba en mis planes. Al final en una fábrica siempre eres un número. Aunque asciendas, eres un número. Y aunque el sueldo sea bueno, en la bodega eres libre y puedes ganar lo que eres capaz de ganar. En la fábrica te van a pagar lo que está estipulado y ya.

David Moreno, en un viñedo en Badarán. | Fotos: Leire Díez

– ¿Cómo presencia el devenir de este sector para esos jóvenes que también un día pusieron sus esperanzas y ganas en él?

– Es un momento complicado y para mí esta es la peor crisis que ha vivido el sector. Y mira que yo he pasado por unas cuantas. Pero los jóvenes ahora lo tienen más difícil que cuando fuimos nosotros jóvenes porque ahora está todo desestabilizado. La unica ventaja que puede tener un joven agricultor es que cuente con todo lo que su padre o abuelo han construido, porque si tiene que empezar de cero como hicieron ellos es imposible. Y yo también he tenido que sufrir mucho para comprar las viñas porque en mi casa no había ni una, pero ahora es muy distinto y también está el tema de los derechos de viñedo lo ponen. Yo he pagado 5 millones de pesetas (30.000 euros) por una hectárea de esos derechos, más la comisión que se llevaba el que me hacía la gestión. Ahora mismo los jóvenes, aunque el valor haya caído con la crisis, no pueden optar a estas compras. Por eso creo que la salida está en hacer calidad. Si uno es capaz de llevar las viñas de sus padres e intentar hacer buenos vinos, hay salida. Pero ahora existe otro problema y es que no todo el vino se vende. Por eso se trata de hacer partidas pequeñas de buenas uvas para elaborar buen vino y así salir al mercado con una marca que repredente esa calidad. Porque lo malo siempre sobra.

– ¿Hay fecha para su despedida de las viñas y la bodega? 

– Ninguna. ¿Acaso es mejor que pase los días sentado en un banco en la plaza del pueblo? Pues no, estaré aquí, en mi bodega. Y si me tienen que subir en coche porque ya no puedo ni andar pues que me suban. Yo me jubilaré cuando me muera.

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