Helga y Jürgen aparcan su caravana a las afueras de San Vicente de la Sonsierra, sorprendidos por el embrujo de los meandros del Ebro durante su plácido transcurrir por La Rioja Alta. Un silencio reverencial les envuelve. Sin nada más que hacer que mirar, observar y disfrutar del placer contemplativo, La Rioja se presenta ante sus pies en la habitual explosión de colores cuando el otoño se presenta en plenitud. Entonces, La Rioja se transforma en una región pintada en oro, fuego y tierra.
En este viaje por las carreteras del vino y las sendas de montaña, esta pareja alemana de jubilados, acostumbrada a los fríos otoños de su Baviera natal , descubre un escenario de embrujo: suaves colinas cubiertas de viñedos de todas las tonalidades imaginables, y bosques que, en sus palabras, «parecen salidos de un cuento». La Rioja, en esta época, es un mosaico que muestra su cara más hermosa antes de la llegada del frío invierno.
Helga y Jürgen se mueven por carreteras comarcales que diseñadas para meterse para formar parte de este paisaje evocador. La LR-318, que serpentea desde San Vicente hasta Baños de Ebro, muestra un tapiz de viñas dispuesto como una obra de arte. Las hojas de las cepas, teñidas de rojos, naranjas y dorados se extienden sin solución continuación a ambos lados de la carretera. «Es como conducir a través de un cuadro», explica Helga.
La belleza otoñal no es casualidad; La Rioja, en esta época, vive el final de la vendimia, cuando los viñedos se transforman y preparan para su letargo invernal. Helga y Jürgen recorren estas rutas con encanto. Parcelas de viñedos antiguos, con cepas centenarias, se mezclan con parcelas de cultivo más modernas. Aquí, cada finca es una herencia que conecta generaciones de viticultores con la tierra. «Sientes la historia en el ambiente», apunta Jürgen, mientras observaba las vides retorcidas que le hablan del tiempo.
Se toparán de nuevo con estas vides centenarias buscando nuevos paisajes, como los de La Rioja Baja, de aire más mediterráneo, la serpenteante carretera en dirección hacia Tudelilla les sitúa de nuevo en la paleta cromática del otoño riojano, pero al mismo tiempo, en pocos kilómetros, la diversidad del mismo, porque se pasa del valle a la sierra en pocos minutos, lo que cuesta ir de Tudelilla por la zona de Ocón en dirección hacia el Monte Yerga, otro balcón a La Rioja, lugar ideal para retratar rincones con encanto.
El Ebro, que fluye con calma por el valle, actúa como espina dorsal de la región y va creando paisajes de singular belleza. Desde su caravana, próximo a San Vicente de la Sonsierra, esta pareja continúa hacia Briones, otro pequeño enclave medieval de viñedos que se extienden en suaves colinas, bordeadas por el río que serpentea en calma. Accede al Balcón de La Rioja, en San Vicente. La Rioja se abre ante sus ojos, en una especia de inmensa alfombra de viñas que se extiende hasta las montañas, con la Sierra de la Demanda y la Sierra Cantabria como vigías. «Este paisaje te hace sentir pequeño».
Los hayedos de la Sierra de la Demanda
En unos días se adentrarán por los bosques de la Sierra de la Demanda, donde la naturaleza viste en otoño sus galas más intensas. Visitarán el sendero que permite el acceso al hayedo de El Rajao, en Tobía. Allí, el bosque se abre en un laberinto de árboles antiguos, cuyas hojas caen como una lluvia dorada que cruje bajo los pies. El aire, fresco, cargado de un olor terroso y húmedo, agita el alma.
El Parque Natural de la Sierra de Cebollera, con su senda de las cascadas de Puente Ra en Villoslada, es otro punto central para admirar el otoño agreste riojano. Avanzando por el sendero, el bosque susurra secretos, mientras el agua discurre con fuerza, agitando la vida del bosque. En este lugar, el otoño deja huella en una gama de colores que hace imposible no detenerse a tomar una foto, respirar profundo y contemplar el entorno en silencio.
Sentados junto a su caravana, Helga y Jürgen contemplan las últimas luces del atardecer. El paisaje que se extiende frente a ellos es un cuadro vivo: viñedos que se tiñen de púrpura bajo el cielo, campos dorados que anunciaban el final del día, y al fondo, las primeras nieves de la temporada corona el San Lorenzo. La Rioja es un refugio natural, en donde la historia se entrelazan en perfecta armonía. La región, con sus paisajes que cambian de piel en cada estación, regala una experiencia «difícil de describir». Por eso lo captan todo con su móvil.
- Foto: RIOJAPRESS/Fernando Díaz
- FOTO: Jon Miguel.


