Roja. Tersa. Firme. Y muy dulce. La cita perfecta… con una dieta sana. Son las manzanas con M de Moncalvillo, que cultiva y recolecta Carmelo, que ha encontrado en Daroca de Rioja el lugar ideal para esta fruta que ahora mismo se encuentra de temporada. Por eso, hasta esta localidad a más de ochocientos metros de altura se acercan paisanos de muchos rincones de La Rioja para cargar en sus maleteros un par de barcas de manzanas. «Mira, éstas te duran en un lugar fresco hasta abril, por lo menos». Palabra de agricultor, que conoce su producto a la perfección. «Es más, en casa aún tenemos del año pasado, y créeme que están para comer».

Pero no duran mucho tiempo, como la fruta que venden en las grandes superficies, por «llevar polvos y esas cosas». Duran porque «se cuidan en el árbol y se cogen cuando están en su momento óptimo. Mira qué color tienen», explica Carmelo, ya en su plantación de manzanos, mientras coge un ejemplar y le pega un mordisco de los que se recuerdan. «Ves, todo esto es azúcar».
Se ayuda un chuchillo para partirla por la mitad. Rápidamente surgen las trazas del azúcar, que indica su favor, su firmeza, su frescura y su calidad. Se ayuda de un calibrador para hacer una selección. «Hay tres calibres distintos. Desde el más pequeño hasta la más grande, de menor a mayor calidad», advierte. «Ves, ésta es pequeña, y aquella es muy grande». Aquella pesa, fácil, 200 gramos de manzana. «Éstas que son tan grandes tienen una venta más complicada porque con cuatro como éstas llegas al kilo de manzanas, y está claro que la señora esto no lo va a aceptar».

Carmelo, desde sus frutales, piensa continuamente en el cliente final. Por eso las coge cuando lo pide la fruta. Ni antes ni después. Y así viene siendo desde hace unos años. «Me dio por plantar manzanos porque un día, hablando con un ingeniero agrónomo de Alfaro, me dijo que esta zona [por el Moncalvillo] tenías que ser buena para las manzanas», recuerda. Puso la Reineta. Y poco a poco ha ido ganando espacio la Fuji. «La primera es más para postres, y se sigue usando mucho en las casas, y la segunda es para comer en cualquier momento», reconoce.
Moncalvillo es una zona ideal para la manzana por la altitud y la temperatura. «En verano se dan las condiciones ideales», constata. «Por el día podemos estar por encima de los 30 grados, pero por la noche, como refresca, podemos bajar hasta los 12 grados. Y esto es clave para ahora en otoño tener estas manzanas tan estupendas». La frota contra el buzo y la corta por la mitad. «Esta pieza de fruta no se encuentra por ahí tan fácilmente».

Y se crían en Moncalvillo sin necesidad de pesticidas. «Hace tiempo que tomé esta decisión y mira lo sanas que están». La aguada de la noche anterior les dota de un intenso brillo, que llama la atención desde la carretera. «Y en el árbol pueden aguantar hasta diciembre». Ya se le ha pasado el disgusto por la última granizada. «Me pilló una finca entera de manzanos». Esta ya no sirven para sus clientes. «Irán para la industria, para los zumos y esas cosas». Las buenas van para su lonja. En donde se conservan para ir cumpliendo con la demanda, que crece cada día. «Si pruebas una de estas manzanas difícilmente volverás a las que se compran en las grandes superficies y que vienen desde muy lejos». Están más ricas que las de Nueva Zelanda y duran mucho más que las oceánicas. «Hasta primavera podemos estar comiendo de estas manzanas». Delicias del Moncalvillo.


