El Rioja

Domingo Fontecha: «La calidad de un viñedo depende de la demanda de sus uvas»

Domingo Fontecha se ha jubilado este año tras trabajar como responsable de Viticultura y gestión de compras en CVNE y Ramón Bilbao

Domingo Fontecha, en un viñedo con Hormilla, su pueblo, al fondo. | Fotos: Leire Díez

Domingo Fontecha (Hormilla, 1958) ha colgado definitivamente las botas de la viña y se ha calzado las del huerto, su otra gran pasión. Su vinculación al campo desde la infancia le llevó a estudiar Ingeniería Agrónoma en Madrid. Después pasó unos años en varias empresas de fitosanitarios y fertilizantes, hasta que en 1988 puso un pie en el mundo del vino y ya nunca más salió de él. La Compañía de Vinos del Norte de España (CVNE) fue su primera casa y donde pasó casi tres décadas como responsable de compras y apoyo a viñedo, mientras que Ramón Bilbao fue la segunda, donde se enfocó más en la viticultura. Con su etapa profesional ya cerrada, echa la vista atrás para recorrer con la memoria lo que fue Rioja entonces y lo que es hoy en día y reconoce que para para salir de la que considera «la peor crisis para la denominación» hay que tomar decisiones contundentes.

– Su inmersión en el sector coincidió con un momento de expansión de la superficie vitícola en Rioja en la que se superó la barrera de las 40.000 hectáreas amparadas en 1988 y ya en 1999 se pasó de las 50.000. ¿Cómo recuerda aquellos años en los que su papel principal eran las relaciones comerciales con los proveedores?

– La demanda de uva era enorme, así que el hecho de comprar uva era como salir a vender vino porque tenías que llamar a la puerta de los viticultores. Era una pelea porque el abastecimiento era estar en el mercado y tenías que tener las herramientas para poder comprar. A veces se pagaba más por la calidad, estando un poco por encima de la competencia. Han sido etapas porque vivimos años con algunas partidas de uvas que se vendieron a 400 pesetas en 1999, pero eso a su vez provocó una caída de las ventas y por tanto, también de los precios de la uva. Lo que pasa es que las subidas de los precios suelen ser lineales y las caídas, bruscas. De hecho, pasamos de esas 400 pesetas a uvas a 80 pesetas. O la cántara de vino, que estaba a 8.000 u 9.000 pesetas, y bajó hasta las 1.500 en cuestión de dos años.

Domingo Fontecha, en un viñedo de Hormilla. | Fotos: Leire Díez

– ¿Qué efecto tuvo aquello en las bodegas y en especial en CVNE?

– Pues en algunos casos acabó arruinándolas. En el caso de CVNE hay que tener en cuenta que era una bodega criadora y, por tanto, el colchón que tenía era más grande para poder repercutir los precios luego. Pero en Rioja gran parte de las bodegas entonces eran de cosecheros que vendían vinos jóvenes mientras que los criadores igual representaban el 40 por ciento de la comercialización.

– ¿Qué diferencias hay entre las crisis de las últimas décadas que ha afrontado el sector del vino en Rioja y la de ahora?

– En las anteriores crisis, como la de 2009, el mundo de la uva y el vino no iba ligado a la crisis financiera que vivía el país. Y de hecho después se vio cómo se retomaron las ventas y los precios tanto en origen como en el mercado. La crisis que se vive ahora es una global de consumo y las anteriores fueron más locales. Lo que ocurre ahora es que no se bebe vino, especialmente vino tinto, y no solo en Rioja ni en España, sino en todo el mundo, por eso es la peor crisis vivida. Y esto no se arregla de la noche a la mañana. Ha habido ciclos porque, por ejemplo, en los años 70 se arrancó mucho viñedo porque la uva no valía y luego cuando las expectativas de ventas crecieron se volvió a plantar. Recuerdo que en CVNE, donde también me encargaba del apoyo vitícola, se puso viñedo desde Aldeanueva y Alfaro hasta Logroño e incluso en Hormilla porque hacía falta materia prima, aunque luego se hizo una transición para concentrar la mayor parte de la superficie en Rioja Alta.

Domingo Fontecha, en un viñedo de Hormilla. | Fotos: Leire Díez

– ¿Qué soluciones cree que deberían barajarse para salir de esta situación?

– Yo soy de los que defiendo los arranques voluntarios y subvencionados, pero debe haber algo más. Hay un horizonte en el que tienen que desaparecer los derechos de viñedo y luego liberalizar las plantaciones para que sea el mercado el que te ponga en tu sitio y que se quede el viticultor, pequeño o grande, que mantienen una relación comercial con la bodegas, que son las que necesitan la materia prima. Ahora la selección natural es por edad, pero es que el tema de los derechos de viñedo lo que hace es coartar y no permitir que el joven se pueda quedar en el campo y apostar por la viticultura porque no puede pagar esos derechos a alguien, además, que va a abandonar el sector por jubilación. La figura de los derechos realmente se generó en los años 80 o 90 porque hasta entonces lo que existía eran las comunicaciones de plantación cuando obtenías el permiso para plantar. De hecho en los años 70 hubo derechos que se perdieron porque la gente no plantó viña ante unos precios de la uva que no eran rentables. Al final si las bodegas necesitan uva o bien la producen ellas o la produce el viticultor, pero yo defiendo que la produzca el viticultor, que es además la figura que se debe buscar. Se habla mucho de uvas, pero ¿cuánto tiempo dedicamos a hablar del viticultor? Se está perdiendo de vista la perspectiva de este profesional.

– ¿Cómo cree que ha evolucionado el cultivo de la vid en cuanto a una perspectiva de calidad?

– Lo primero hay que saber qué es la calidad. Para mí calidad de un viñedo es lo que se vende. ¿Qué es calidad, los vinos jóvenes de maceración carbónica de los que vive el cosechero o un gran reserva con doce años de crianza que algunos consideran que este tipo de vinos han perdido ya la fruta? No se puede hablar de calidad en términos genéricos. Yo defiendo que la calidad del viñedo depende de la demanda que tengan sus uvas. Pero lo que no ha variado es el manejo de la vid bajo una gestión cualitativa. Al final la calidad indica que hay que producir uvas principalmente sanas y eso se ha primado siempre en la viña porque la sanidad de la uva es clave para hacer buenos vinos en cuanto a sanos. Pero lo dicho, el término calidad es totalmente relativo y sí que es cierto que ahora puede haber más calidad que en los vinos que antiguamente también salían al mercado porque te encontrabas vinos criados con defectos. No hay tiempos pasados mejores porque ahora las bodegas tienen muchas herramientas y muchos más controles.

Domingo Fontecha, en un viñedo de Hormilla. | Fotos: Leire Díez

– Con su entrada en Ramón Bilbao en 2015 el papel de responsable de Viticultura adquirió mayor relevancia. ¿Cuál fue el primer proyecto que desempeñó al cargo?

– Mi entrada en Ramón Bilbao estuvo motivada precisamente por el crecimiento de la superficie de viñedo de la bodega. Al fin y al cabo, Ramón Bilbao ha tenido siempre poco viñedo en propiedad y hace unos años se hizo una apuesta importante. De hecho, mi primer proyecto no fue en Rioja sino en Rueda, región donde se asentó la bodega con una clara apuesta por los blancos ya que en Rioja a las variedades blancas no se les prestó en su día la atención suficiente.

– Se despidió el pasado 1 de septiembre, por lo que su última vendimia fue la de 2023. ¿Cómo fue entonces la relación con vuestros proveedores?

– La situación era la que era y había miedo, por lo que se les fue explicando cómo estaba el mercado. También hubo preocupación porque la calidad el año pasado no fue la mejor y eso afectó, pero no dejamos fuera a ningún proveedor ni ninguna partida de uva. Al final la filosofía que he procurado llevar en la bodega es que a los viticultores había que hablarles con tiempo y no esperar al último momento. De hecho, esa relación de confianza con los proveedores se ha mantenido siempre y prueba de ello es que muchos de los viticultores con los que trabajaba son de larga trayectoria con la bodega. Una relación de confianza que también se mantenía durante mi etapa en CVNE.

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