Parecía que iba a ser un año malo, pero a finales de agosto comenzaron las tormentas, las temperaturas se mantuvieron suaves y la temporada de setas dio un giro de 180 grados. «La gente está muy animada, sale a recolectar y tenemos por delante una buena cosecha». Así lo confirma Antonio Ezquerro, presidente del Grupo Micológico Verpa.
Salir al monte a por setas se ha convertido en toda una tradición que va in crescendo cada año. «Siempre ha gustado, pero ahora con el uso de las redes sociales, el compartir los encuentros, lo recogido… Es una afición que te pone muy en contacto con la naturaleza y eso engancha. Ese ansia por descubrir, por recoger el mejor boletus…».

Tan en contacto con la naturaleza que durante estos meses puedes volver de la montaña con setas en la cesta y ácaros en tu cuerpo. Más concretamente con los denominados trombicúlidos, que están haciendo de las suyas en personas y animales que entran en contacto con ellos, incluso llegando a provocar la muerte a estos últimos. Se trata de pequeños ácaros, menores de un milímetro, de color naranja y que están emparentados con las arañas.
Desde el Centro de Rickettsiosis y Enfermedades Transmitidas por Artrópodos (CRETAV), adscrito al departamento de enfermedades infecciosas de Rioja Salud, Arantza Portillo explica que estos ácaros tienen una peculiaridad: solo pican en su fase de larva, precisamente en estos meses que coinciden con la temporada de setas, de caza… «Ponen sus huevos a final de verano, eclosionan las larvas y ahí es cuando nos pican. Después tienen otra fase de ninfa en la que se entierran en el suelo y comen bulbos y tubérculos. Ya de adultos, son de vida libre y se alimentan de otros artrópodos, insectos y vegetales».
Pero lo que nos interesa es precisamente esta temporada (los meses presentes hasta que lleguen las primeras nieves) en la que las larvas buscan el más mínimo recodo para picarnos. Y a diferencia de las garrapatas, estos no chupan la sangre, son un poco más retorcidos. «Los trombicúlidos cuentan con unos quelíceros con los que rasgan nuestra epidermis y crean un canal en el que inyectan su saliva, trituran los restos de nuestras células y se alimentan de esa especie de papilla que hacen». Pequeños pero matones.

Arantza destaca que este tipo de ácaros se localizan sobre todo en zonas de montaña, «pero con el cambio climático estamos viendo que en los últimos años pueden descender hasta los 900 metros». Actualmente, en La Rioja no se lleva un registro de casos, que no son pocos, pero sí que están localizadas ciertas zonas donde más se acumulan los trombicúlidos: el entono de la Venta de Piqueras, El Collado de Sancho Leza, la sierra La Hez, Sierra de la Demanda, los Cameros… «y últimamente se están dando muchos casos en Moncalvillo», añade Antonio Ezquerro.
Tan pequeños que apenas se perciben, por lo que las recomendaciones son necesarias teniendo en cuenta que provocan unos picores insoportables y «dermatitis en zonas donde la piel es más sensible: cintura, tobillos, ingles, detrás de las rodillas… Un cuadro que puede dar fiebre y durar una semana». Incluso hay muchos casos en los que es indispensable acudir al médico para curar lesiones muy molestas con corticoides o antiestamínicos.
Por ello, Arantza recomienda evitar salirse de los linderos de los caminos e ir rozándose con todas las hierbas porque, de esta forma, «no solo te llevas a casa a los trombicúlidos, sino a todo tipo de artrópodos». Además, llevar los calcetines por fuera de los pantalones, lleva ropa de manga larga, pantalón largo, recogerse también en la camisa por la zona del cintura y cubrirse la cabeza con una gorra o sombrero. Y una vez en casa, ducha de agua caliente y lavadora de agua caliente con la ropa que hayas llevado puesta. Y por supuesto, durante la salida, bien de repelente.
Ácaros letales
Portillo reconoce que llevan años estudiando este tipo de ácaros. «Los descubrimos gracias también a la colaboración de veterinarios». Y es que es difícil verlos cuando pican a los humanos, pero «los perros se van metiendo entre las hierbas y es más fácil que se les acumulen en su pelo».

Foto: Portal Veterinaria
Y a mayor cantidad, mayor peligro. «Hay ocasiones en las que se han dado varias parasitaciones muy masivas que han llegado a ser letales para los perros».
«En cuestión de horas pueden acabar con nuestro animal si no acudimos rápidamente al veterinario», alerta Arantza. Los síntomas son claros: después del recorrido ver al perro aletargado, vómitos, manifestaciones neurológicas como debilidad en las patas… «En estos casos deben ser desparasitados rápidamente para evitar su muerte».
Antes las dudas, Arantza señala que hay un teléfono y correo electrónico «donde la gente puede ponerse en contacto con nosotros para preguntarnos por cualquier sospecha o incertidumbre». 941 27 88 70 o [email protected]


