El Rioja

La pura expresión de Vivanco

Rafael Vivanco, en el Viñedo Singular de La Isla. | Foto: Bodegas Vivanco

Rodeada por Briones, San Vicente de la Sonsierra, el río Ebro, el Castillo de Davalillo, San Asensio y las vías del ferrocarril, ‘La Isla’ es un paraje donde antaño los brioneros ya sabían que de las viñas allí plantadas salían unas uvas idóneas para hacer buenos tintos, con suelos muy pobres que traen poca producción. Allá por los 2000 Pedro Vivanco se quedó prendado de este enclave que está cerca de la bodega familiar en Briones pero al que nunca había llegado. Cuando se presentó la oportunidad de adquirir unos viñedos en esta zona que estaban a punto de correr la mala suerte de arrancarse no lo dudó porque confiaba en el potencial que tenían. Un potencial que fue descubriendo a medida que amoldó aquellas cepas a la esencia de la bodega y con el objetivo a futuro de elaborar de ellas algo especial.

Ahora La Isla es el primer Viñedo Singular de Vivanco su primera añada, la de 2019, está actualmente en el mercado con sus 1.330 botellas. En concreto son dos parcelas las que lo componen y separadas por un camino: una de viura vieja al vaso plantada con pie franco y otra más grande de tempranillo tinto en espaldera con algunas cepas de garnacha y moristel, e incluso algo de blanco mezclado. Ambas fueron plantadas 1973 a partir de una selección masal de aquellos viñedos viejos que más les gustaban en busca también de un equilibrio, frescura y acidez necesarios para elaborar esos vinos de guarda de la época. Estas viñas han pasado parte de sus últimos años en ecológico por un compromiso de la familia Vivanco por querer conocerlos a fondo. «Queremos una expresión pura de este terruño sin adición de sustancias químicas contra las enfermedades que lo que hacen es intoxicar la planta y limitar su expresión de cara al vino que luego se elabora. Estas viñas tienen una diversidad que no la podemos perder; todo lo contrario, tenemos que ponerlo en valor porque esos matices luego se van a plasmar con los años en la copa», remarca Rafael Vivanco.

La viña de tinto, además, tiene una gran singularidad y es que, aunque a diferencia del blanco esta sí que lleva portainjerto, es uno de los emparrados más antiguos de Rioja. Una conducción heredada de Burdeos, donde los viticultores y bodegueros introdujeron esta técnica en las variedades tintas. Una influencia francesa más de las que Vivanco se ha empapado. «Fíjate que es un suelo pobre, en ladera, con una orientación al norte que ayuda a retrasar la maduración de la uva porque al estar en una zona cercana el Ebro suele ser más temprana. De hecho, las viñas de tempranillo que están aquí cerca se suelen vendimiar una semana antes que la nuestra. Este emparrado demuestra también la inquietud que tuvieron los franceses por esta técnica en busca de una mayor exposición solar en el viñedo para lograr un punto más de madurez y mayor expresión de la uva», señala Vivanco.

Rafael Vivanco, en el Viñedo Singular de La Isla. | Foto: Bodegas Vivanco

Esta semana ha sido el turno de las uvas que irán a parar a La Isla tinto (La Isla blanco se vendimió hace un par de semanas), pero aquí la vendimia también tiene un toque singular. Primero les toca el turno a los renques que están en la parte de la ladera más pronunciada y que maduran con unos cinco días de adelanto respecto al resto, los que están más abajo. Pero no todas las uvas de este viñedo van a parar al vino de Viñedo Singular, sino que solo se utilizan para ello las mejores. Lo habitual es recoger menos de 3.000 kilos por hectárea en la finca, por lo que la producción es muy limitada para la elaboración, pero aún con todo y con ello da posibilidad al juego con diferentes tipos de crianza después de la fermentación en tinos de roble francés, donde las uvas maceran en contacto con los hollejos. La mayor parte de las uvas se elaboran en barrica y para algunas partidas se seleccionan barricas de 225 y otras de 500 litros (en su mayoría), siempre de roble francés usado con el fin de «no enmascarar los aromas diferenciales del terruño y que sobre todo marque las características de su añada porque ese es parte del encanto de este vino». La otra parte de la cosecha que no pasa por madera madura con sus lías en pequeños depósitos para asegurar que se preserva todavía más el aroma primario y la personalidad del viñedo.

«Hemos creado un vino que se va desarrollando poco a poco en botella, porque aquí pasa casi tres años antes de salir al mercado después de estar doce meses en barrica o en depósito. Esto es muy interesante a la hora de apostar por el desarrollo de los aromas y pulir los taninos porque con ello conseguimos vinos profundos, que no necesariamente han de ser más potentes, y a la vez con una maduración más completa. Es un vino sin prisas, en el que hemos buscado que se integre todo bien en esa evolución lenta que hace en botella para que gane en matices. Y luego esa complejidad es la que el público verá en la copa», destaca el enólogo.

Un parón en mitad de la vendimia del Viñedo Singular de La Isla. | Foto: Leire Díez

La vendimia de La Isla tinto se ha adelantado ligeramente con respecto a lo que es habitual para esta parcela, que suele rondar más las fechas cercanas al Pilar. Pero las últimas lluvias han puesto sobre aviso el equipo técnico de la bodega, que no ha querido esperar más para recoger estas uvas singulares ante el riesgo de males mayores. «Venía un verano seco, con un corrimiento en la época de floración, racimos suelos y granos pequeños. Vamos un año con un potencial enológico fantástico, así que todo apuntaba a que estábamos ante lo que iba a ser una añada muy excelente. Pero las lluvias han cambiado el panorama y nos han trastocado parte de las previsiones, aunque no ha sido lo general. Ha habido viñedos que se han visto muy afectados rápidamente por el agua, sobre todo los de mayor rendimiento, los ubicados en zonas menos aireadas, más bajas y con suelos de arcilla o con mayor retención de agua. En el caso de La Isla no se ha dado esa problemática porque la producción este año venía más escasa todavía y ha aguantado mejor de lo esperado, si bien ahora ya estaba llegando un poco más al límite tras las últimas precipitaciones. Pienso que esta va a ser una añada de grandes vinos, pero no eso va a ser algo generalizado. Va a haber de todo, aunque podía haber habido mucho y muy bueno», sentencia Vivanco.

Natalia Olarte sostiene uno racimo recién vendimiado en el Viñedo Singular de La Isla. | Foto: Leire Díez

A pie de viña, Natalia Olarte supervisa los granos de tempranillo de estos renques del Viñedo Singular. El día anterior dejó unos 30 litros de lluvia, pero gracias a la cubierta vegetal ahora es posible entrar con el tractor y patear las filas cargando los cunachos. «Tenemos una estrategia clara en materia de conservación del suelo para lograr que las cepas estén fuertes también. Con la cubierta vegetal espontánea y equilibrada buscamos que el conjunto del suelo no se mueva mucho y que a la vez la planta esté bien nutrida para que aguante todo los achaques que puedan venir por sequías, golpes de calor, heladas,… En Vivanco solo trabajamos con viñedo certificado en ecológico y residuo cero, no se hace nada en convencional», señala la directora de Viticultura de la bodega. En el caso de La Isla, se ha retrasado su cosecha lo máximo posible para conseguir un hollejo donde los taninos sean lo más amables posible. «La maduración se había quedado algo postergada a causa de las precipitaciones y las temperaturas bajas del suelo, pero se ha buscado mayor extracción de aromas primarios y frutales para sacar esa varietalidad del viñedo».

La vendimia en Vivanco va llegando a su fin, con un par de días todavía por cortar uva en aquellas viñas que mejor han aguantado las inclemencias y que han tenido la suerte de no recibir tantas precipitaciones. Como ya advirtió Olarte antes de comenzarla, esta cosecha ha sido selectiva al cien por cien. «Ha habido que romper todos los esquemas previamente fijados porque viñas que se solían vendimiar a finales de octubre se han recogido un mes antes. Ha tocado reorganizar el croquis y tener clara la organización y una buena planificación porque en esta vendimia no se podía dejar nada en el aire, sino que había que tener plan a, b, c y d, y por si acaso otro plan extra ante lo que pudiera pasar. Yo terminaba un día de vendimias con un plan previsto y a la mañana siguiente ya estaba poniendo en marcha otro distinto. Hay que actuar muy rápido para decidir qué salvas y cómo gestionas porque el tiempo no nos ha acompañado nada, así que quien no ha tenido diferentes opciones para actuar, al final le ha pillado el toro. No ha habido máquinas vendimiadoras ni temporeros suficientes para cubrir la demanda, por eso desde la bodega ofrecimos la posibilidad a nuestros proveedores de usar nuestras cuadrillas. Y sí, ha habido que dejar uvas atrás, pero han sido las mínimas.  Ya desde agosto se mascaba la tragedia en algunas zonas porque los parámetros sanitarios no eran muy buenos, pero quien ha tenido bien cuidada la viña y ha pensado en lo compleja que iba a ser esta vendimia, no ha tenido problemas. En cambio, el que no ha dado los perfiles de viticultor cuidadoso y profesional en busca de la calidad, le ha pillado la cosecha».

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