Pañuelo en la frente, mangas remangadas, fajín a la cintura y alpargatas atadas. Las gaitas comienzan a sonar y los danzadores de Briones empuñan en cada mano sus palos de madera en alto, también llamados troqueados, para golpearlos entre sí y también con otros danzadores. La música envuelve este escenario de color y bailes regionales cada año por las fiestas del Cristo de los Remedios celebradas a mediados de septiembre y coincidiendo en algunas añadas con la vendimia en esta localidad. Este año no ha sido el caso (en términos generales) porque la cosecha ha venido más tardía, así que Jaime Ruiz pudo poner a punto su gaita y darle ritmo en compañía también de la familia también, que forma parte del grupo como danzadores y tamborileros.
Este viticultor cogió el legado de sus abuelos maternos, que junto a la viña también gestionaban la antigua posada (y actual casa rural) que servía para dar cobijo a todos los vinateros que hacían parada en la estación de tren de Briones y aprovechaban para hacer de mercaderes con el vino. Y aunque los padres de Jaime no se dedicaron profesionalmente al campo, este no dudó cuál quería que fuera su destino. El vino, de igual forma, también ha formado siempre parte de la cultura familiar ya que elaboraban en los lagos de hormigón de las cuevas del municipio, pero nunca habían dado el paso a la comercialización. Fue en 2019 cuando decidió elaborar dos barricas con las mejores uvas de aquella añada, una para la comunión de sus hijos que se celebraría en 2022 y la otra para los de casa. Y así fue.

Jaime Ruiz, en uno de los viñedos de Briones de los que elabora su vino. | Foto: Leire Díez
Lo que no se esperaba el gaitero es que aquella barrica triunfara tanto. Su amigo Francisco Ibaibarriaga, de Bodegas Betolaza, le dio el empujón que necesitaba para atreverse a comercializar ese «vino que ha salido tremendo de bueno». En la comunión triunfó y para entonces ya estaba incluso etiquetado, así que fue una auténtica carta de presentación en sociedad. Y el nombre para su vino no podía ser otro que Troqueao, por eso de aunar la cultura musical de su pueblo con otra de sus pasiones: la viña y el vino. Como marca el dicho, «de una gavilla de sarmientos sale un troqueao». «Y como la vida misma, que sigue una sintonía y un proceso, el vino es igual», recuerda.
Tempranillo y garnacha tinta son las claves de este vino que salió por primera vez con 600 botellas. «Y la ilusión es que las vendí todas entre algunos restaurantes y algunos amigos más». La segunda añada ya fueron tres barricas (unas 900 botellas) y la de 2021, que está actualmente en el mercado (principalmente en vinotecas, bares y restaurantes de La Rioja) ya son cuatro barricas. «La idea tampoco es crecer mucho porque hay que venderlo. Al final, los que empezamos de cero está claro que es muy complicado. Que sí, vas a cuatro sitios y colocas cuatro cajas y te vas muy contento porque ves que les gusta tu vino, pero para quitar un palé entero cuesta más. Hay que entender que es una marca nueva y hay actualmente hay mucha competencia», reconoce. «Ya me lo decía Miguel Merino padre: ‘Jaime, que vino bueno podemos hacer todos, lo complicado es vender’. Y mira que él sabía bien de esto de vender».

Troqueao, el vino que elabora el viticultor de Briones Jaime Ruiz. | Foto: Leire Díez
En lo alto del cerro de Mendiguerra, en término de Briones y con vistas al pueblo, Jaime trabaja otra viña arrendada de tempranillo tinto, viura en las cabezadas y tres renques de garnacha vigilados por la ermita de Los Mártires, datada del siglo XV y que le da nombre a este paraje. Un templo que en su día llegó a emplearse como alojamiento para los enfermos del municipio donde pasar un periodo de cuarentena (como fue el caso de la bisabuela de este viticultor), mientras que los vecinos sanos les depositaban las viandas y demás víveres en los antiguos lagares rupestres que hay cerca de la ermita y así evitar estar en contacto con ellos. Lo que indica que el vino lleva tiempo siendo parte de las raíces de Briones. De este viñedo y de otro ubicado cerca de Gimileo es de donde saca la uva suficiente para elaborar su vino. «Esta es una zona muy buena para criar uvas de calidad porque está aireada y tiene un suelo poco profundo, por lo que la producción también es reducida, pero eso es lo que nos da unas buenas uvas. Este año, además, los racimos son más pequeños todavía porque no ha habido agua suficiente cuando hacía falta. Bueno, de hecho yo no voy a llegar al papel en ninguna de las viñas que trabajo, incluso ni en las que habitualmente suelo cubrirlo», reconoce.

Jaime Ruiz, en uno de los viñedos de Briones de los que elabora su vino. | Foto: Leire Díez
El año pasado, además, llegó a sus manos por herencia familiar una viña de su abuelo materno. Apenas 3.000 metros cuadrados en una ligera pendiente y con 88 años de experiencia soportando las inclemencias de todo tipo, no solo meteorológicas. El tempranillo tinto, como es habitual, inunda la parcela, pero lo abrazan unos renques de viura a ambos extremos plantados en los suelos más pobre y que se han vendimiado previamente. Pero en la Isla, el nombre que recibe este paraje ubicado en término de San Asensio, los conejos y demás fauna también han hecho mella, así que hay racimos medio comidos que agravan la escasa producción que ya de por sí trae la viña. «Podría ir a lo fácil y arrancarla para plantar otra con emparrado y sacar mejores rendimientos, como ya me ha dicho más de uno, pero creo que de aquí puedes salir algo con muy buena calidad».
Esta será su primera vendimia a manos de Jaime, y espera que el día de faena llegue a finales de esta semana. Su idea es elaborar la viña por separado para saber cómo se comportan las uvas, siempre y cuando haya uvas suficientes para su vino base. «Querría hacer una barrica y ver qué sale porque la parcela en sí tiene potencial, con pocas uvas y sueltas. Quién sabe, igual en un futuro se puede hacer un nuevo vino de aquí, pero si ando mal de cantidad para elaborar el Troqueao tendrán que aprovecharse estas uvas que también le aportarán un toque distinto».

Jaime Ruiz, en un viñedo ubicado en término de San Asensio y del que este año elaborará sus primeras uvas. | Foto: Leire Díez
Existe en la partitura de este gaitero brionero otra danza de troqueaos titulada ‘El Rey que rabió’, que se representa en la plaza del pueblo durante las fiestas patronales. Una danza pintorescta, alegre y jovial, al igual que el vino al que pone nombre este baile y el segundo que ha lanzado Jaime. Se trata de un joven de maceración carbónica que elabora solo cuando se dan las condiciones óptimas para sacar una uva con mucha fruta, y también cuando hay producción suficiente, por que si no todas las uvas van a parar a su Troqueao. Así que esta añada no va a ser para el maceración carbónica.
Le quedarán un par de días de vendimia, interrumpidos también por la lluvia, para acabar su quinta cosecha como elaborador, aunque son unas cuantas más las que lleva como viticultor. De las ocho hectáreas que gestiona, tan solo dos viñas, pequeñas y antiguas, son propias porque «tal y como está el asunto en cuanto a precios de la uva y demás, ahora es muy complicado ponerse a invertir en comprar viña aunque esté más barata que hace unos años». Reconoce que la rentabilidad está más en la vinificación de esas uvas y la venta embotellada posterior, «pero el problema es el mercado, que también está muy parado». Así que toca seguir trabajando por hacer mercado mientras mima las viñas con el mismo esmero.


