El caro concepto y las buenas formas de Aarón Palacio han presentado en firme su candidatura a hacerse merecedores del Zapato de Oro de 2024. También su disposición ya patente desde que recibiera a su primer enemigo con dos largas de rodillas en el tercio. El buen aroma que desprende el torero aragonés se impregnó en el ambiente del Arnedo Arena desde aquel saludo a la verónica mecido, con los brazos bien jugados y el terreno siempre ganado. Un quite por tafalleras y una media a pies juntos de gran sabor fueron sirvieron para que Palacio se llevara también la tarde con el capote. Un inicio por bajo, torero y poderoso a partes iguales preludió el cante grande de una obra traída por el palo del buen toreo. Prontitud y largura aportó el novillo de Guadalmena; sitio y mando, Aarón Navas.
Tanto se impuso Palacio en aquel inicio de faena que el de Guadalmena dejó entrever su falta de casta y poder. Surgieron los pases de pecho de pitón a rabo y hasta la hombre contraria. Justos y precisos llegaron los adornos a modo de remates. Supo calibrar con acierto Palacio el contado fondo de su oponente, hasta un natural casi circular para terminar de romper así una faena de esperanzadoras formas y tremendo gusto. Quiso terminar Palacio toreando en redondo con la muleta sin montar, mas ahora llegó el lucimiento por el pitón izquierdo con un natural, un cambio de mano y otro de pecho de igual factura que los de antes. Una estocada desprendida tardó en alcanzar el efecto letal y el novillo de Guadalmena, tragándose la muerte y en terrenos de tablas, fingió ser bravo.
A más de uno equivocó, hasta al mismo palco, que premió con la vuelta al ruedo póstuma a aquel novillo sin mucho poder y que tampoco se empleó en el caballo, donde tanto fue cuidado. Pistolero se llamaba quien recibió lo honores de lo que no fue, sin que ello desmerezca la buena condición y el buen aire del astado. Palacio paseó con justicia los dos trofeos de su enemigo.
Mejoró aún el saludo de Palacio a la verónica en el sexto su buen manejo del percal. Tan encajada la figura, tan cimbreada la planta en busca de la reunión con aquellas embestidas que el novillero enganchaba y soltaba con tan buen aire. Meciendo los brazos con temple y jugando las muñecas con soltura. Siempre ganando terreno. El galleo por chicuelinas para llevar a su novillo al caballo tuvo torería y sabor. Pese a todo lo que cuidó Palacio a su enemigo en el peto, este quinto sólo tuvo embestidas para otro inicio por bajo, torero y rebosante de empaque. El novillo se paró y Palacio paseó un trofeo ahora por su exposición y decisión.
Sorprendió el movimiento que trajeron los de Guadamena en sus embestidas. Sin mucha clase y sin apenas profundidad, cierto es. Aplomadas sobre las manos en el último tranco y, por tanto, desangelándose y desluciéndose. Con muchos pies y sin mucha cabeza por decirlo de alguna forma, pero con claras posibilidades de triunfo. En el caballo empujó el lote de Cristiano Torres, especialmente el corrido en cuarto lugar, que empujó bajo el peto con fuerza y fijeza y aún quiso arrancarse alegre una segunda vez y la cuadrilla, con Torres pidiendo el cambio de tercio lo evitó.
Rebrincadas fueron las formas del que abrió plaza. Cristiano Torres nunca consiguió acoplarse con este novillo y recurrió a los cambiados por la espalda para tratar de levantar una obra que adoleció falta de temple y reunión. Dos pares de banderillas de mucha exposición de ‘El Víctor’ fueron lo mejor de este primer capítulo finalizado con la concesión de un trofeo generoso en exceso.
Tampoco se mostró Cristiano Torres practicante del buen toreo en el corrido en cuarto lugar, un novillo que se desplazó sin malicia y con transmisión. Faltó temple, reunión y gusto en un trasteo que, curiosamente, bajó de revoluciones cuando Torres volvió a la cara de su enemigo tras una fea voltereta. Lo mejor de Cristiano Torres fue su destreza con el estoque. Vuelta al ruedo.
Zulueta se llevó el peor lote del encierro. El más parado y deslucido. Hizo tercero un novillo al que se cuidó mucho en el caballo y terminó amagando con rajarse en banderillas. Sin apenas transmisión y carente de clase ya desde el embroque. La disposición y que el de Guadalmena no tropezara las reducidas dimensiones de su muleta fue lo más positivo del novillero sevillano. El sexto fue otro toro que llegó parado a la muleta y con el que Zulueta logró algún muletazo, pero siempre de uno en uno. Mató bien.
La ficha
– Novillos de Guadalmena, correctos de presentación, nobles y con ciertas posibilidades en el último tercio en su conjunto. Primero y cuarto tuvieron duración y recorrido. El segundo, de nombre Pistolero, herrado con el número 10 y nacido en octubre de 2020 fue premiado con la vuelta al ruedo; tuvo prontitud y recorrido. Más parados fueron tercero, quinto y sexto.
- Cristiano Torres: oreja tras aviso y vuelta tras aviso.
- Aarón Palacio: dos orejas y oreja.
- Javier Zulueta: vuelta al ruedo y silencio.
– Se desmonteró Raúl Fernández tras parear al sexto. Y ‘El Víctor’, aunque sin saludar, dejó dos pares de mucha exposición en el primero. Destacó Asier Campos en la brega del segundo.


