Donde hubo fuego siempre quedan rescoldos. Y aunque las llamas que prendieron la cuba son ya un vago recuerdo del pasado, las brasas de los sarmientos han reavivado este sábado las ganas de fiesta en Logroño. Porque aunque se celebre fuera del programa oficial, la exaltación de las chuletillas se confirma un año más como uno de los actos imprescindibles en todo San Mateo que se precie de ser una fiesta popular.
Más de un centenar de cuadrillas -y más de un millar de personas- se han remangado para convertir la Avenida de Colón en el mejor asador de Logroño y dejar un sabroso retrogusto a unas fiestas descafeinadas y marcadas por la polémica. La expectación ha vuelto a ser máxima en la decimocuarta edición del evento, en el que -como en aquel anuncio de las rosquillas ‘filipinas’- a los participantes le surgen amistades hasta debajo de las piedras con la excusa de echarse al gaznate una chuletilla, embutidos o un trago de vino.
En el manejo de las parrillas cada maestrillo tiene su librillo y no faltan airados debates sobre el momento óptimo en el que reposar las chuletillas sobre las brasas para dejarlas en su punto, ni muy crudas, ni excesivamente tostadas. Lo que resulta evidente es que la exaltación de chuletillas le ha encontrado el punto óptimo a las fiestas (aunque se celebre fuera de plazo) gracias a la conjugación de dos de los elementos inherente al carácter riojano: las ganas de gozar y el gusto por la buena gastronomía.
- FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
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