Toros

La feria taurina de San Mateo, cada vez más pobre, cada vez menos feria

Foto: Edu del Campo

La recién terminada feria taurina de San Mateo pasará a la historia como una de las más pobres y tristes que se recuerdan. Apenas ha ocurrido nada interesante. Lo único positivo de estos días de toros ha sido comprobar cómo la presencia de público joven aumenta año tras año en los tendidos de La Ribera. Esa es otra, La Ribera: durante los cuatro días de toros, su cubierta ha permanecido cerrada; está rota. Roto tiene que estar también el reloj de la plaza, que, desde 2021 por lo menos, marca las 20:50 horas. Esta desidia, como no podía ser de otra forma, se traslada a las combinaciones de toros y toreros, pero no al precio de las entradas, prohibitivas las de sombra y muy caras la de sol.

Ya dijimos que la feria matea de 2024 era muy cortita. También que estaba mal estructurada por aquello de colocar el festejo de rejones entre dos tardes de a pie, rompiendo los esquemas y los planes del aficionado. Ahora también podemos afirmar que ha faltado el toro y, en consecuencia, tampoco ha habido toreo, dicho esto con permiso de Diego Urdiales.

Foto: Edu del Campo

Pareció excesivo que un cuarto de feria fuera pasto de rejones y así fue. La despedida de Pablo Hermoso de Mendoza resultó muy triste y decepcionante para una figura del toreo de su talla. Una jota, unos recuerdos y dos orejas exageradísimas fueron los presentes que el navarro se llevó en el esportón de su última tarde de Logroño. Pablo Hermoso merecía salir a hombros de Logroño, pero no con ese ridículo premio. Una ovación como recompensa a su faena y, ahora sí, finalizada la tarde, que alguien lo hubiera izado a hombros para rendir los honores merecidos al caballero estellés. Lo mejor de esta tarde fue el juego de los toros de Pallarés. Lo peor, que estos toros se destinaran a la lidia a caballo y no a la de a pie. Guillermo Hermoso de Mendoza clavó banderillas con cierta pureza, pero casi nunca enceló ni templó las exigentes embestidas de sus toros. Pallarés ganó a los Hermoso. Ojalá ya, unos años de barbecho de rejones.

FOTO: Eduardo del Campo.

Comenzó la feria con un cartel de toreros poderosos y toros trémulos, sosos y muy descastados. El ying y el yang. Los de Zalduendo, como tantas veces, en la antítesis de lo que ha de ser un toro de lidia. Perera estuvo despegado y ausente. A Borja Jiménez le faltó que sus toros se movieran y pareció un torero desangelado. Daniel Luque se llevó un toro que terminó viniéndose arriba y regalando acometidas encastadas por el pitón derecho y embestidas rebosantes de clase por el izquierdo. Su obra sólo alcanzó el zénit con unas ‘luquecinas’ atropelladas, sacando el culo y metiendo la barriga. Aquello se convirtió en un manicomio y menos mal que no le concedieron las dos orejas de aquel buen ‘Sisón’ en la muleta.

FOTO: Eduardo del Campo.

Se cerró la feria con una corrida de Fuente Ymbro un tanto indecente para Logroño. Pero claro ¿qué es hoy Logroño en el orbe taurino? Al igual que los toreros, un toro para serlo, primero tiene que parecer un toro. Los tres primeros animales del encierro de Ricardo Gallardo ni parecían toros ni tenían edad de toros. Acababan de cumplir los cuatro años y eso resta importancia en la morfología y exigencia en la embestida. Además, ¿a que a nadie le hicieron un descuento en la entrada por que esos toros dejaran estar bien cuidados en la finca un año y pico antes del momento óptimo para su lidia? En la tarde del martes se cortaron dos orejas de esos toros imberbes. Una fue muy generosa, la de Juan Ortega. Estuvo en torero siempre fuera de la cara del toro y, como me dijo un aficionado, ‘no toreó despacio: su toro embestía despacio’. Aguado paseó el otro trofeo por unos pocos detalles repletos de torería, aunque estuvo casi siempre despegado y citando sin mucha verdad. Roca Rey no estuvo a la altura del torero tan poderoso que se supone y verdaderamente es. Su lote no se comía a nadie y, por momento, pareció ser engullido por aquellos animales.

Foto: Edu del Campo

El mano a mano improvisado con tiempo por la consabida ausencia de Morante resultó un tanto frustrante. Se lo llevó Talavante en el descuento y de penalti, mientras Urdiales se dedicó a desparramar torería, estar en torero y hacer el toreo. Verán: ¿qué es torear? Torear es hacerle cosas al toro para terminar sometiendo sus embestidas. ¿Cómo se someten las embestidas de un toro? Bajando la mano y describiendo un trazo curvo con la muleta. Si el toro es bravo y con poder, el torero, para terminar sometiéndolo, habrá tenido que poderle y mandar en sus embestidas. Si, como los toros de Juan Pedro Domecq, adolecen de casta, fuerza y pujanza, el torero habrá tenido que cuidar y mimar las primeras embestidas sin forzar los toques y sin dejarse tropezar las telas.

Foto: Edu del Campo

Urdiales hizo esto último con absoluta torería, gusto y clase. Estampas en sepia. Terminó también sometiendo a este tercer toro de la tarde y, por lo tanto, toreó. Pocos lo vieron. La incomprensión persigue a Urdiales, pero es que por el grado de incomprensión se miden las cosas buenas de la vida. Por cierto, a Urdiales ni se le recordó su grandiosa obra de un año antes ni nadie tuvo el detalle de conmemorar su 25 aniversario de alternativa.

Foto: Edu del Campo

Muchos entendieron la faena de Talavante como el acabose. Con aquellos cambiados por la espalda tan bastos y rudos. Pero ‘Alabanza’ el único toro decente de Juan Pedro se movió y, desde hace un tiempo, el toreo parece haberse mudado de la serena despaciosidad a la ruidosa velocidad. Esto último me sirve para lamentar también la poca educación taurina que atesoran hoy los tendidos de La Ribera.

A Chopera le gritaron sinvergüenza y los aficionados terminamos la feria muy descorazonados. Ojalá todos aquellos jóvenes que fueron a los toros continúen teniendo ganas de volver a los tendidos de La Ribera dentro de un año.

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