Un nuevo y ambicioso proyecto late desde este martes en Rioja. La Asociación Menudas Bodegas se ha constituido con el afán de diez bodegas pertenecientes a la DOCa que pretenden preservar un modelo de negocio basado en la gestión del viñedo propio y la elaboración de vinos especiales a pequeña escala. Un concepto de pequeñas bodegas pero con un gran espíritu donde el fin último es «demostrar que de algo pequeño se puede hacer algo grande con vinos bellos, que enamoren».
Por el momento, las bodegas que conforman esta asociación son Rulei (Badarán), Reminde (San Asensio), Elena Corzana (Navarrete), La Bodeguita Escondida (Hervías), Jaime Ruiz (Briones), Óscar Pérez (Briones), Jairus (Badarán), Horola (Baños de Río Tobía), Gama (Cárdenas) y Larraz (Cenicero). Pero sus miembros ya han remarcado que están abiertos a cualquier incorporación de nuevas bodegas siempre y cuando estén dentro de los límites de la DOCa Rioja.
Uno de los requisitos principales para formar parte es que no pueden elaborar más de 5.000 botellas al año, aunque sus representantes han señalado que este límite podrá modificarse en reuniones posteriores sí así se acuerda. «En cualquier caso, nunca vamos a llegar a grandes volúmenes porque esa no es nuestra filosofía». Dada su capacidad de elaboración, Menudas Bodegas no podrá sentarse en la mesa de la Interprofesional del Vino de Rioja (que exige una comercialización del 10 por ciento sobre el total para poder formar parte).
«Por un lado queremos representar, defender y fomentar nuestros propios intereses y los de todas las pequeñas bodegas de esta denominación que pueden verse menos representadas. Esto se ha creado como un punto de encuentro donde aprender unos de otros y apoyarnos. Por eso también vamos a compartir servicios en materia de comercialización, distribución, asesoramiento o marketing. Acudiremos juntos a ferias y realizaremos catas comunes con prescriptores y profesionales del sector. Además, también se trata de agruparse a la hora de hacer compras comunes de material, como corchos o botellas, para lograr precios más asequibles y facilitar la gestión», ha explicado Adrián Moreno, de Bodegas Rulei, quien ejerce como presidente de esta nueva agrupación.
Por otro lado, una de las grandes reivindicaciones de estos pequeños elaboradores es eliminar el mínimo de 50 barricas exigido para poder certificar el envejecimiento de sus vinos y que supone una auténtica «barrera» para ellos.
La idea de este proyecto comenzó a materializarse hace un par de años, aunque no fue hasta hace uno cuando comenzaron con todos los trámites de constitución. «Queremos poner en valor nuestros vinos y defender la autenticidad de las producciones locales. Nosotros vamos a la viña, hacemos el vino, lo distribuimos y vendemos, vamos a ferias y también recibimos a los turistas que nos visitan. Todo pasa por nuestras manos y eso tiene un valor porque ayuda a su vez a la conservación del patrimonio, del paisaje y de los pueblos, porque muchos de nosotros elaboramos en antiguas casas familiares o calados de pequeños municipios», ha destacado Elena Corzana, secretaria de la asociación, durante la presentación.
Rufino Lecea, de Bodega Reminde y quien desempeña el papel de tesorero, ha hecho especial hincapié en que la filosofía que comparten todas las bodegas adheridas es la de ser ‘vignerons’, pequeños viticultores que gestionan viñedo propio mayormente y se encargan de todo el proceso. «Todo esto nos permite controlar todo muy buen y al detalle, aunque también tiene sus complicaciones porque los costes se incrementan. Pero todo ello nos compensa», ha remarcado Corzana.
Aunque la mayoría no compra uva a proveedores, Moreno ha defendido el pago de esta aunos «precios razonables y sostenibles» para el agricultor, es decir, que estén «por encima del coste de producción fijado por la Consjería de Agricultura». Así mismo, el presidente ha incidido en la necesidad de reducir las trabas burocráticas.


