Van acompañados por decenas de niños en cada una de sus salidas. Muchos de ellos se han convertido en unos auténticos ‘giganters’ y les tienen devoción. Se levantan por la mañana pensando ya en las carreras delante de los látigos de unos y de los bailes junto a los otros. La comparsa de Gigantes y Cabezudos de Calahorra vive en ese aspecto uno de sus mejores momentos. No hay familia que no les acompañe uno de los días en sus recorridos, para otros es una acto diario, como el vermú o las comidas.
Pero la situación para ellos no está siendo fácil. Falta gente para bailarlos. Lleva haciéndolo desde hace años pero esta vez la situación es acuciante. Incluso hay gente que está viniendo de comparsas de fuera de Calahorra para echarles una mano. «De Logroño cada día están viniendo cinco chavales en un coche, el día del chupinazo vinieron de San Sebastián y de Barcelona», cuenta Marcos, uno de los integrantes del grupo.
«Necesitamos gente, estamos bajo mínimos, la gente de Calahorra quiere gigantes pero nadie nos echa una mano en este tema», dice haciendo un llamamiento desesperado a padres o peñistas.
Ahora mismo la comparsa la componen catorce personas y son ocho los gigantes más un cada vez más importante número de cabezudos. «El año pasado pedimos a la gente que uniese y de ese llamamiento sólo salió una persona cada vez estamos peor».
«Tenemos mucho tirón entre la gente pero nadie se anima. No sabemos por qué motivo», cuenta Marcos que explica que «no es complicado, es más maña que fuerza, yo con trece años ya los llevaba y era un tirillas», recuerda intentado animar a la gente a que de un paso adelante.
Una tradición muy calagurritana que puede que este en pleno proceso de extinción si nadie decide ponerle remedio.


