La Granja es un espacio para el suspiro, para la nostalgia de un vago recuerdo. De lo que fue y ya no es. Que corre además un serio peligro de extinción. Porque cada día que pasa es una razón menos para recordar un bar que fue epicentro de la vida cultural y social de Logroño. De tal calado, que cada vez que algún hostelero busca darle sentido a este espacio, de nuevo disponible, los logroñeses comentan que alguien lo vuelve a intentar en «La Granja». Aunque se llame Tora Asian Street Food, que ha durado menos de un año.
Es como el Ibiza, o como el Delicias, o como el 5 Pesos, o como el Virginia, o como el Dover. Bares que sitúan al ciudadano de a pie en el lugar concreto. Quedamos donde el Ibiza, donde el Roma, donde el Pasapoga, el Urcey o el Nebraska. Y nadie se pierde. Así era La Granja. Un bar que pertenecía esa ciudad del siglo pasado. De grandes cafeterías en la que presumir de mechero, jugarse los cuartos en la partido, encenderse un puro, charlar de toros o de pelota, vivir San Mateo.
En La Granja se hacía vida. La de los hortelanos, que bajaban a Logroño a vender sus productos en la Plaza de Abastos y luego reponían fuerzas en La Granja. Servicio clásico, como en el Moderno. Camarero guindilla con más mili que un cuartel. Así era Santos, al que le conocían todos y conocía a todos. Era La Granja de una hostelería cercana, sin adornos, pero muy profesional. Camareros de toda la vida. La Granja de Domingo, que con su hijo Dámaso, y junto a Santos, escribieron con letras de oro La Granja en el acervo cultural y popular de Logroño.

El cierre ha llegado de nuevo. Y el espacio de La Granja está disponible.
Hoy cumpliría un siglo de haber tenido alguien los arrestos de seguir con la línea marcado por Domingo, Dámaso y Santos. Pero nadie ha sabido dar con la tecla durante esta última década de cierre en cierre. Primero fue el Copas Rotas, que llegó con un concepto que dañaba solo de pensarlo: low cost. De la finura y el trato de cercano, al bajo coste en vinos, cervezas, copas y pinchos. Para eso había quedado La Granja. Llegó una nueva reformar, una nueva oportunidad… fallida. El Morgana, destinado al ocio nocturno, para llevar la fiesta nocturna más arriba de la calle Portales y con muestra de moda en el piso superior. Tampoco funcionó. La pandemia se lo llevó por delante.
Logroño, que parece Tokio de Hacendado por su amplia oferta de restaurantes de carácter asiático, ha acogido durante un año otro surtidor de noodles y sushi y esas cosas tan poco de aquí y con tanta competencia como hay hoy en día en la capital de La Rioja. No ha funcionado. Ya es historia.
La Granja cumple cien años, y lo hace cerrada. A la espera de que algún hostelero riojano se decida por abrir La Granja, la que misma que funcionó durante tantos años. Enfrente tiene el hostal La Numantina, que permitiría, por ejemplo, dar desayunos… Portales es la calle más transitada de la ciudad, de a diario y durante los fines de semana. Un pincho, un emparedado, un buen café… con un servicio a la altura de lo esperado en una zona tan céntrica como ésta. Cafés El Pato es un lugar en el que poder inspirarse. Pronto será una calle con aceras nuevas, con una Plaza de Abastos que pronto tendrá algo más que ofrecer o ese se está buscando, y muy buenos restaurantes alrededor, de camino entre la San Juan y La Laurel, como para echarse un copa o tomarse un buen café o una caña bien tirada.
Lo hizo a tiempo El Ibiza y La Granja pide una nueva oportunidad, siempre y cuando los rentistas no prefieran tenerlo cerrado durante mucho tiempo, porque es un escaparate principal de la ciudad de Logroño, y un gran poder exige una enorme responsabilidad.


