Cada vez el turismo en La Rioja está más desestacionalizado. El maravilloso otoño con sus paisajes, los puentes que siempre funcionan bien, las actividades culturales que se realizan a lo largo del año llenan mes a mes la región de turistas. Aún así, el verano, sin duda, sigue siendo el momento en el que más turistas llegan. Lo hacen a las ciudades, pero sobre todo a los pueblos más pequeños que renacen de las cenizas del invierno para disfrutar de la presencia de gente joven que apuesta por pasar los meses de verano en el entorno rural.
La Rioja se convierte así en un oasis para vascos, madrileños y catalanes. Son los que más llegan a la región. La mayoría tienen segunda residencia en La Rioja. Otros apuestan por las casas o apartamentos rurales que cada vez abundan más en estos municipios. La mayoría buscan disfrutar del verano lejos de los agobios y los calores de las grandes ciudades y disfrutan de las bondades de unos pueblos que ofrecen tranquilidad, la facilidad de conciliar mejor y un entorno natural que se disfruta desde primera hora de la mañana. Gastronomía, fiestas, festivales musicales y naturaleza son los puntos fuertes de un verano que recibe cada año miles de turistas.
«Estamos ya a tope y esperamos más turistas en cuanto pase la festividad de San Ignacio», explica Diego Bengoa, alcalde de uno de los municipios que más turistas recibe a lo largo del año. En 2023, según los datos que el INE registra a través de los móviles, llegaron entre los meses de julio y agosto casi 20.000 turistas a Ezcaray.

La falta de aparcamiento ya empieza a evidenciarse en el municipio. «Es donde más se nota». También en la recogida de residuos. «Estamos intentando ampliar la llegada del camión del papel a tres veces porque en estos meses se nota, no sólo por los turistas, sino también por la mayor actividad de los más de 40 bares y restaurantes del municipio».
Casi en el otro punto de La Rioja, en el valle del Cidacos, Arnedillo también está a rebosar de turistas estos días. «Es verdad que tenemos un balneario que en estas fechas tiene más actividad, pero por los consumos de agua vemos que, cada verano, la población de Arnedillo se multiplica casi por cuatro».
Pedro Montalvo es el alcalde de otro de los municipios más turísticos de la región. «Desde que termina San Fermín esto es otra cosa, el pueblo está lleno de niños que vienen a pasar el verano con los abuelos, de padres que se acercan el fin de semana y de turistas que llenan las casas y los apartamentos rurales».
Cada vez se alarga más el verano allí. «Gracias a la fibra hay mucha gente que viene en sus vacaciones y alarga o adelanta los días que pasa en el pueblo teletrabajando, nos ha dado unas posibilidades increíbles».
Hay que duplicar los servicios, pero «merece la pena». «Ya estamos acostumbrados a que pase todos los veranos lo mismo porque aunque Arnedillo es un destino para todo el año, el verano aquí es excepcional».

En Castañares de Rioja la población en agosto se multiplica por seis. De los 430 habitantes que están censados durante el año pueden pasar a las 2.500 personas. «La mayoría son familias que tienen segunda residencia aquí», explica su alcaldesa, Teresa Bezares. En su mayoría vascos. Algunos que tienen lazos estrechos con el municipios porque sus antepasados salieron de allí, otros que llevan veraneando toda la vida y otros que han elegido Castañares por convicción. «Hay muchos que llevan aquí veraneando toda la vida, sus padres lo hacían de alquiler y ahora los hijos han comprado pisos».
Otros directamente se han quedado a vivir allí y teletrabajan desde el municipios riojano para empresas de Logroño o incluso de otras regiones. «Tener banda ancha nos ha permitido esa posibilidad».
Como en muchos de estos pueblos, los servicios tienen que aumentarse. «El mayor problema está en la recogida de residuos. Nos aumentan una recogida más a la semana, pero a veces es insuficiente».
Son muchos más los pueblos que aumentan de manera considerable su población en los meses de verano. Algunos hasta por nueve. Otros ejemplos claros son Cihuri, Bañares, Tirgo, Lumbreras o Leiva. Y es que La Rioja ‘vaciada’ lo está menos cuando llegan los meses de calor.


