Los fruticultores del Valle del Iregua están en una lucha constante contra el fuego bacteriano. Las lluvias de los últimos meses unidas a las temperaturas suaves por encima de los 20 grados han disparado las infecciones de esta enfermedad en gran parte de los perales de esta zona y solo queda confiar en que las altas temperaturas de estos días rebajen la inoculación.
Un escenario que se suma a los golpes puntuales de granizo que han recibido algunas parcelas de estos frutales en este valle durante las últimas tormentas. Una estampa, por tanto, completamente opuesta a la del año anterior cuando la sequía y las restricciones al riego marcaron la campaña. «Hay fincas que no se han regado todavía y depende cómo vaya el árbol igual ni se riegan», explica Daniel, fruticultor de Albelda de Iregua.
La labor que le mantiene atareado en los últimos meses es la retirada de esos brotes tiernos de las ramas por los que entra el fuego bacteriano y que es clave eliminar: «Recorro cada finca como mínimo cada 15 días, quintando a mano o con una tijera esos brotes. Y más que la afección que pueda haber, lo que más coste supone son esas pasadas que hay que hacer continuamente, y atendiendo a las recomendaciones de no cortar cuando hay mucha humedad o en el momento de floración que puede recontaminar más. Pero esta es la única manera de ir saneando el árbol y asegurar que no se va a extender la enfermedad para evitar también hacer cortes drásticos en el frutal. Además, de esta forma apenas se pierde producción».
De no conseguir controlar el fuego bacteriano por esa demora en las actuaciones preventivas la última, y definitiva, medida sería arrancar el árbol. En estos casos, que ya se han visto en cultivos del municipio, se habilita un solar de propiedad municipal para depositar los restos de esas ramas afectadas y proceder a una quema controlada.

Solar donde depositan los restos de ramas afectadas por fuego bacteriano en Albelda de Iregua.
«Lo de este año nunca lo había visto en los once años que llevo como agricultor. Antes no había tanta incidencia de fuego bacteriano, igual en una aislada en toda una finca. Pero esta primavera ha sido desastrosa y lo que veo es que se va extendiendo cada vez más», remarca. Reconoce aún así que es muy complicado echar cuentas sobre la producción total que se va a perder por esta enfermedad. «Todo dependerá de las pasadas que se den por los árboles, aunque eso también los costes por ese exceso de mano de obra».
Daniel cortó los primeros brotes durante el otoño pasado porque ya vio, tras las lluvias, que la enfermedad estaba aflorando. Momento, asegura, que es clave para esas labores de desinfección por lo que durante el otoño y el invierno es cuando más limpieza se hace en los perales. Una práctica, incide, que la más eficaz para luchar contra la enfermedad más allá de los tratamientos que se puedan aplicar de forma preventiva.
«Mejor que nunca»
Para equilibrar esta balanza del desarrollo de los frutales hay que destacar que esta campaña va a ser recordada también por la gran calidad que traen sus frutos. «Están mejor que nunca», ratifica Daniel, «con buen calibre y buen ‘russeting'». Asegura que en el tiempo que lleva dedicándose a los frutales hacía siete u ocho campañas que no veía unas peras como las de este año.
Así que con ese optimismo el trabajo a pie de campo continúa sin descanso para evitar males mayores derivados de esta enfermedad del fuego bacteriano. «En verano sabemos que hay que estar esclavos porque siempre surgen imprevistos, pero tranquiliza saber que la fruta viene con una calidad extraordinaria».


