Con el objetivo de que los toques de campanas no se pierdan y en continuidad de lo que se hizo el año pasado en Villoslada, este sábado los campaneros del Alto Oja van a realizar una exhibición de toques de campanas en Villanueva de Cameros. La cita será a las doce de la mañana.
Los que acudan al evento podrán conocer de primera mano los diferentes toque a través de unas campanas portátiles que llegarán desde Ezcaray y de las propias campanas de la iglesia de San Martín.
José María García, de Ezcaray, es un amante de los toques de las campanas. “El objetivo prioritario que tenemos es que las campanas suenen y que la gente entienda lo que dicen”. El objetivo es que no se pierda un conocimiento ancestral que antaño conocían todos los vecinos.
“Hace décadas era un oficio como otro cualquiera que empezó a desaparecer con la incorporación de la figura de los aguaciles que con el tambor anunciaban los bandos de los ayuntamientos”. Antes, todo se informaba gracias a las campanas.
“Hay una distinción entre los toques eclesiásticos y los civiles, pero yo prefiero entre los ordinarios y los extraordinarios”. Así cuenta los que había cada día: maitines, en Ángelus y a vísperas. “Servía para avisar a la gente del campo cuándo había que empezar las labores, cuándo era la hora de comer y cuándo había que recoger los bártulos porque iba a empezar a anochecer”, explica.
Además había toque a fuego cuando había incendio o a concejo. “Se tocaba una vez para avisar que había venido el carnicero o el pescadero a vender productos al pueblo”, recuerda. “Si tocaba dos veces era que se requería a un miembro de la familia porque había algo importante que anunciar, y si se tocaba tres veces tenían que acudir todos los vecinos bajo pena de multa si no se hacía”.
También existía el toque a vereda (“era para realizar labores conjuntas como arreglar un camino o una calle”), o toques a difunto (“que distinguía entre la muerte de niños, de mujeres, de hombres o incluso del cura o del obispo”).


