La Rioja

La cerveza artesana y las plantas medicinales se ‘infusionan’ en Briones

De izquierda a derecha, Jesús Miguel Ibaibarriaga, Joseba M. Apellániz y Álvaro Ibaibarriaga en su taller de Briones

La cerveza no está reñida con el vino a pesar de nacer en tierra de viñas. De hecho, ambas bebidas fermentadas pueden compartir su carácter artesanal aportando variedad al gusto del consumidor. Buena cuenta da de ello el equipo de Samhain, el último proyecto de cerveza artesana que ha surgido en La Rioja y que se suma así al par de marcas más que conforman el escaso repertorio de esta comunidad.

A los mandos del pequeño taller de elaboración ubicado en Briones se encuentran Joseba M. Apellániz y los hermanos Jesús Miguel y Álvaro Ibaibarriaga, tres amigos que dan rienda suelta a su imaginación para experimentar con diferentes materias primas y crear un nuevo enfoque de la cerveza artesana. Las primeras botellas Samhain que salieron al mercado lo hicieron en 2019 y con dos estilos reconocidos: la IPA (indian pale ale), de estilo inglés y similar a las cervezas rubias pero mucho más lupulada, y la tostada. Sin embargo, este trío tenía claro su propósito: “Mostrar el origen de la cerveza y todas las posibilidades que tiene”. Así se pasaron el juego y ahora ya elaboran cervezas con plantas medicinales: jengibre, hibisco, rosa mosqueta, rosas deshidratadas, cilantro,…

Fue Apellániz el precursor de este proyecto que más bien entienden como un hobby, ya que cada uno lo compagina con sus respectivos puestos de trabajo (dos de ellos en el sector vitivinícola). Todo comenzó allá por 2013, cuando este brionero se puso manos a la obra para hacer sus primeras cervezas al más puro estilo casero. Pero necesitaba cierta formación para poder forjar unas bases más consolidadas, así que se fue a Barcelona para hacer un curso intensivo con un maestro cervecero.

La ventaja que les da trabajar a pequeña escala es que pueden hacer infinidad de pruebas para ver qué funciona y qué no para sacar esos aromas y matices que diferencian a Samhain del resto de cervezas artesanas. “Algo que, probablemente, en las grandes empresas no pueden hacer”. Sin embargo, para hacerse con las materias primeras han de recurrir a distribuidores nacionales que las traen de países como Francia, Alemania o Inglaterra. “Las producciones de los grandes campos de cereal y lúpulo de España van a parar a las grandes industrias cerveceras, así que los pequeños artesanos como nosotros lo tenemos que traer casi todo de fuera”.

Sus creaciones con plantas medicinales todavía no han pisado el mercado, pero ya se pueden degustar en las catas que organizan en Briones a grupos reducidos. “Nos gusta ofrecer toda la variedad de cervezas que puede haber en el mercado y las plantas medicinales siempre nos han generado inquietud y curiosidad. Al final una cerveza es como una infusión de agua con cereal a cuyo hervido luego le puedes añadir lúpulo, plantas medicinales,…”.

Un enfoque de elaboración alejado, eso sí, de un motivo comercial: “Por el momento vemos muy complicado comercializarlas porque en el mundo de la cerveza artesanal la gente ya tiene su estilo de bebida definido y le cuesta ir a estos nuevos sabores. La IPA y la tostada, en cambio, son dos estilos muy reconocidos que también te permiten acceder a un público nuevo porque son elaboraciones más típicas. Pero de ahí a incorporar al mercado una cerveza de jengibre, de rosa de mosqueta o de romero, por ejemplo, es más complejo porque no creo que sea un tipo de cerveza que enganche de la misma forma. Por eso solo las ofrecemos en degustaciones y catas para que la gente conozca otro perfil, el origen de la cerveza casera y por qué se considera un alimento”.

Lúpulo silvestre de Briones.

Apellániz incide en que el proyecto ha llegado hasta donde está gracias a los hermanos Ibaibarriaga y su familia, “que han ayudado a lo largo de esta segunda etapa”, así como a los vecinos de Briones: “El pueblo en sí nos ha apoyado desde el principio y la gente que acude a estas catas se impresiona de todo lo que da de sí la cerveza y el potencial que tiene”.

Pese a la poca diversidad de marcas elaboradoras, la comercialización no es cosa sencilla. “Vendemos a locales muy pequeños y especializados, en un pequeño radio, y aún así cuesta porque no puedes competir con las grandes marcas. Al final una caña no tiene el mismo precio que una cerveza artesana y si ya cuesta a veces vender una IPA o una tostada que por lo general la gente las conoce, imagina una de plantas medicinales que apenas se conoce”.

Aunque es un producto que despierta interés entre los consumidores y que se refleja en las diferentes ferias que se celebran en la región, Apellániz considera que el futuro para estos proyectos es complicado: “Nosotros no elaboramos todo en nuestra pequeña fábrica, sino que llevamos nuestra receta a otras instalaciones mayores. Por eso se nos llama nómadas y creo que eso es lo que nos hace aguantar. Al final hemos visto cómo las dos empresas referentes que había en La Rioja de cervezas artesanas, y que nos ayudaron a introducirnos en las ferias, han acabado cerrando siendo prácticamente pioneros aquí en la región. En ese sentido sí que se nota la diferencia con el sector del vino, que está mucho más desarrollado a nivel económico y profesional. Así que todavía queda mucho por hacer para que la cerveza vaya más allá de esas ferias puntuales y llegue también a la hostelería”.

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