CARTA AL DIRECTOR

Menos mal que nos gusta el fútbol logroñés

FOTO: Riojapress.

Me llamo Javier Iribarren, ya tengo 44 años y hasta hace pocos días solía fiarme bastante de lo que dice la gente que no sabe de lo que habla. En el plano intelectual y laboral sobrellevo la autoría de un par de novelas publicadas (no alta literatura) y casi veinte años de ejercicio del Derecho en la Administración Pública, con diversas publicaciones científicas en el ámbito de la contratación. También lidio con la paternidad, siendo coautor de dos niños que, como el FC Barcelona, se encuentran en construcción, pero que crecen sin contratiempos reseñables en el plano emocional. Los tres somos abonados de la Unión Deportiva Logroñés. Mi mujer nos sigue queriendo.

Como tanta otra gente, perdí a mi padre hace ya muchos años, nada extraordinario que me haga diferencial. Minutos antes de fallecer visionábamos un España-República Checa sub-19 desde la televisión de pago de cualquier habitación del Hospital San Pedro, menospreciando a lo loco la enfermedad que avalaba el ingreso previo. Vaya dos forofos. Pitó el ‘arbi’ el final y mi padre se marchó. Aquello era fútbol, papá.

Mi hermano, que es más de baloncesto, se ha unido este año a la Sociedad Deportiva Logroñés, en principio más motivado por la compañía de su cuadrilla y los homenajes gastronómicos del palco (vaya por delante que nada VIP) que por un lazo emocional con el club, que ya irá forjándose. De momento nos seguimos hablando con regularidad. A nivel profesional se dedica a la abogacía y, por lo que a mí respecta, mi no siempre intuitiva declaración de la renta me la venía cumplimentando año tras año sin tacha. A ver este. En los ratos libres, entre partido y partido, incluso tratamos de sacar tiempo para acompañar y estar con nuestra madre, mediadora involuntaria en este odio cainita propiciado por el fútbol logroñés. No he descorchado champán por el descenso del vecino, quizá por venir telegrafiado desde hace meses, pero sí he lanzado chanzas y vaciles; soy un forofo, el odio me puede. Y en el pecado llevo la penitencia, pues yo fui uno de los cincuenta de Marbella. Vengo llorado de la Dama de Noche.

“Emosido engañado”, qué duda cabe. Los que mueven los hilos, las élites, nos colaron de forma artera el gentilicio de la ciudad en el nombre de ambos equipos. Y picamos, claro, de aquí y de allá. Maquiavelo sería un aprendiz al lado de los dirigentes deportivos. Eso de vincular la denominación del club con el nombre de la ciudad se antoja deshonesto. Máxime en un caladero como éste, el de aficionados al fútbol, más afín a los usos y costumbres de los ostrogodos que a las pruebas de detección de altas capacidades.

No conozco personalmente a ningún jugador de la Unión Deportiva Logroñés. Mi hijo Luis tampoco, pero ello no le ha impedido viajar gozoso a lugares tan recónditos como Multiva, Lezama, Estella o Sarriguren, domicilio, en su imaginario de niño de 6 años, del mítico Bayern de Egües. Es lo que tiene esta categoría de barro, que te permite visitar los destinos alejados de las guías. Cuando crezca y revisite sus primeros recuerdos de la vida, estoy convencido de que rememorará aquellas tardes de fin de semana viajando con su padre, al igual que yo aún evoco los domingos ochenteros de regreso del pueblo escuchado mal que bien el carrusel deportivo entre las curvas de Anguiano o las visitas a Atocha o El Plantío junto a mi familia, siguiendo al Club Deportivo, también Logroñés. Creo, sinceramente, que son vivencias que no restan.

No insulto ni me altero en la grada, ni tampoco idealizo ciegamente a jugadores cuyo desempeño, por muy a sueldo de una entidad privada que estén, apenas les da para llegar a fin de mes. Compiten en la cuarta categoría del fútbol nacional, junto con otros noventa equipos, entre ellos el CD Ursaria o el Atlético Antoniano. ¿Deprimente? Se contesta solo. Pero esos jugadores, que vienen y van, juegan ahora en mi equipo, nada menos. Y me emocionan sus éxitos y fracasos deportivos mucho más de lo que a ellos les podría emocionar la lectura de alguna de mis novelas, que recomiendo como pasatiempo estival. Qué ingrata es la vida. Mi hijo me abraza tras un gol de Jony o Madrazo, pero desconoce la existencia de los libros de su padre. Yo también lo haría. Uno más para el Ostrogodo’s Team.

Tampoco tenemos ningún papel en el desempeño de la tarea de los jugadores, aunque a veces pienso que mejor les hubiera ido de tenerlo, sin duda. “El entrenador que todos llevamos dentro” saca la patita. En otras disciplinas artísticas o deportivas, ya saben, los admiradores y seguidores participan activamente en los procesos de elaboración de alineaciones, partituras, guiones de cine o coreografías. El fútbol debe reconsiderar este déficit de humanidad. No podemos contentarnos con el diploma de meros espectadores.

Este es, en resumidas cuentas, un ejemplo de la fragilidad emocional en la que vivimos los aficionados al fútbol de esta ciudad. Seas ‘societario’ o ‘vareano’ (honor al Varea), enhorabuena por tu sentimiento y por tu fidelidad, hablamos el mismo idioma. A los equidistantes y oráculos, anímense, pocas cosas como las pasiones deportivas para estrechar lazos emocionales y desconectar un rato la mente. El día es largo para leer.

Y enhorabuena por último a los ciudadanos de Marbella, por el más que merecido ascenso. Disfruten del viaje y filtren las lecturas de las cartas al director, lo mejor suele hallarse dentro de la foto.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

Subir