CARTA AL DIRECTOR

Menos mal que no hubo ascenso

Recientes noticias de este periódico y otros enumeran clásicos del forofismo deportivo asociados al partido de ascenso de la UD Logroñés. Me gustaría partir de una habitual reflexión, en este caso extraída de este medio: “El fútbol, y en este caso el Logroñés, representa una identidad, nuestra pertenencia a un grupo. Nos da la oportunidad de ser parte de algo más grande que nosotros mismos.”

Analicemos algunas de las contrapartidas de esta identidad. En primer lugar, este sentimiento te hará sentir como personal la batalla de once personas que están a sueldo de una entidad privada, a la que de forma astuta han colocado el nombre de tu ciudad. La realidad es que probablemente no conozcas a ninguno de esos once jugadores ni que tengas ningún papel en el desempeño de su tarea. Bueno sí, espectador. Irónico adjetivo.

Si profundizas un poco más, la razón por la que esos u otros once juegan con esos colores son meros motivos económicos o laborales. Ni eres Iñaki, ni Titi, ni Enrique. Esas personas nacieron en otros lugares, jugaron en otros equipos y un día se marcharán y dejarán de ayudarte a crear esa identidad de la que algunos hablan. Por tanto, tendrás trabajo para volver a crear lazos emocionales con otros que lleguen.

También se puede decir que ese equivocado sentimiento de identidad te otorga la triste deriva de odiar a tus conciudadanos, siempre y cuando apoyen a otros once que no sean los tuyos, ya sean de la SD Logroñés, del CA Osasuna o del Alavés FC. Es curioso que esa tan alabada emoción resulte en el enfrentamiento con tus vecinos o amigos. Además, qué casualidad que siempre se odia al de al lado, no al que está unos cuantos kilómetros más allá, ya sea el Extremadura o el Teruel.

El problema, y en donde radica la cuestión, es la fragilidad emocional en la que se vive ahí. Aún recuerdo aquel año en Segunda División no hace tanto. Cómo sufría la ciudad. Imaginaos 10.000 o 20.000 personas de una ciudad de 150.000 habitantes pendientes de los resultados deportivos de una entidad privada en la que no desempeñas ninguna tarea. La alegría, plenitud, ira o decepción de muchos depende simple y llanamente de eso cada fin de semana.

Y las consecuencias existen. Están en el menosprecio del resto de cuestiones emocionales o intelectuales que también debían lidiar, ya sea una enfermedad cercana, la paternidad o el desempeño laboral. Y también en la extrapolación del odio a otras cuestiones que tengan una respuesta binaria de conmigo o sinmigo.

Por supuesto, esto tiene efectos ampliables como sociedad, y no son positivos. Por eso hoy me alegro de la derrota del equipo. Y me compadezco de la victoria para los ciudadanos de Marbella. Porque el fútbol, y el deporte, debe ser recreativo, cooperativo o solidario para que los efectos de dicha práctica sean positivos para la sociedad.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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