El Rioja

Luis Gutiérrez: «Los vinos que no expresen la añada y el lugar lo tienen difícil»

Fotos: Barrio de la Estación de Haro

La ruta por el Barrio de la Estación de Haro comienza con un viaje en el tiempo el próximo 14 de junio, un día antes del gran evento enoturístico del año que ya cumple su quinta edición (con las entradas agotadas desde finales de diciembre). El encargado esta vez de manejar los mandos de esta locomotora es el escritor y crítico de vinos Luis Gutiérrez (Ávila, añada 1965), quien tiene un claro propósito: «Hacer un viaje en el tiempo para aprender y, sobre todo, pasarlo bien».

El ‘Maquinista del Año’ de La Cata del Barrio de la Estación, el de la lista Parker para ‘The Wine Advocate’, ofrecerá una cata exclusiva en el espacio La Marquesina de Bodegas Bilbaínas-Viña Pomal, a las 19 horas, donde se servirán ocho vinos: Pancrudo 2021 (Gómez Cruzado), Montes Obarenes 2016 (Gómez Cruzado), Gran Reserva 904 2005 (La Rioja Alta, S.A.), RODA I 1997 (Bodegas RODA), Gran Reserva 890 1981 (La Rioja Alta, S.A.), Prado Enea Gran Reserva 1970 (Muga), Viña Pomal Gran Reserva 1966 (Bodegas Bilbaínas) y Viña Real Gran Reserva 1962 (CVNE).

– El enfoque que ha elegido para esta cata aúna la historia vinícola junto a la historia cultural y musical de la época. ¿Con qué fin?

– Quiero hacer de esta cata algo divertido para que la gente aprenda de los vinos de antes, pero remontándose también a ese contexto histórico y cultural de cada momento y ahí no podía faltar el componente musical porque creo que este es perfectamente compatible con el vino. De hecho, me han convencido para que tras la cata y durante el cóctel posterior de un concierto con mi banda ‘The Winedrinkers’, que somos todos amigos del vino. Viajaremos por siete décadas de historia vitivinícola, pero también musical y social. Un viaje en el tiempo para aprender y, sobre todo, pasarlo bien. Para mí es importante recordar cómo se vivía antes y cómo se hacían los vinos, y aquí tenemos la suerte de tener una colección de bodegas centenarias que lo pueden mostrar a través de sus elaboraciones.

– ¿Por qué esta selección de vinos?

– Son ocho referencias que, pese a proceder todas ellas de bodegas del Barrio, la diversidad se va a notar desde el primer momento. No hay más que fijarse en las añadas, más allá de que también hay cosas especiales, blancos, garnachas,… Siempre me gusta hablar de la diversidad de los lugares. A veces puede existir una idea preconcebida de ciertos vinos y mostrar la variedad que existe es importante, especialmente cuando se trata de varias épocas porque los estilos de elaboración también han cambiado.

– Una cata para el disfrute, ¿y también una cata apta para todos los paladares? ¿O se requiere cierta finura para catar esas añadas más antiguas?

– Yo creo que es una cata que puede disfrutar cualquier persona porque vamos a tener unos vinos que muchos contrastes y va a ser divertido, además de sencillo notar esos matices. Tal vez si pongo ocho tintos de 2021 a la gente le cueste mucho más diferenciar unos de otros, algo a lo que un enólogo está más acostumbrado y entrenado, pero aquí vamos a ir cambiando de registro, de estilo de vinos, de edades. Es una cata muy accesible a todo tipo de público porque se trata de que esto sea una fiesta al mismo tiempo que espero que aprendan cosas nuevas. Por otro lado, hay que agradecer a todas estas bodegas que nos van a descorchar esas botellas que son más bien escasas y muy valiosas.

– ¿Desde cuándo lleva Luis Gutiérrez bebiendo vinos de Rioja?

– Pues habría que remontarse varias décadas atrás porque llevo prácticamente toda la vida. Aunque de manera más en serio sería a principios de la década de los 90. Entonces solía beber mucho un Gran Reserva de la añada 87 que me costaba mil pesetas y que solía abría cuando venía gente a cenar a casa. Luego ya llegó la era de Internet y todo se volvió mucho más accesible y sencillo porque podías acceder a muchos más vinos y contactar con gente que ni conocías pero que compartía tu misma locura por el vino.

– ¿Y cómo describe la evolución en las elaboraciones de esta región?

– El cambio ha sido brutal. Aún recuerdo cuando estaba prohibido plantar variedades blancas y ahora todos promocionan el blanco como locos. Las olas de nuevos productos, así como de vinos más enfocados a un sola viña, más especiales, han sido la revolución de los últimos años. Pero a la vez no se han perdido los grandes clásicos, que son imprescindibles. El potencial que hay en Rioja es tremendo.

– ¿Comparte el parecer de otros prescriptores y críticos que aseguran que Rioja está haciendo los mejores vinos de su historia?

– Si nos referimos a generalidades, lo comparto. Ha habido grandísimos vinos de los años 40, 50 y 60 y en un contexto completamente diferente, con menos competencia. Ahora hay mucho más conocimiento y acceso a información, más facilidad para viajar y probar vinos de todo el mundo, lo cual da muchas posibilidades de hacer vinos muy buenos. Pero sí que a nivel medio se pueden están produciendo ahora los mejores vinos de la historia.

– ¿Qué retos tiene Rioja para salir lo menos dañada de esta crisis global de consumo? 

– Es difícil adaptarse a ese cambio de consumo en cuanto al volumen porque hay una dependencia muy alta del vino en la región y no es un tema sencillo cuando a su vez el consumidor quiere todo más barato, lo que no es compatible. Por eso creo que el futuro pasa por desarrollar una agricultura orgánica, respetando la tierra y las tradiciones, aunque eso suponga más trabajo manual y, por supuesto, costes más altos. Se trata de hacer esa transición (que muchos ya están aplicando) hacia el vino de calidad, alejado de los volúmenes y de ese consumo de vino más industrial. Por suerte, creo que cada vez más la gente entiende el vino como un producto artesanal y ese es el camino que hay que seguir.

– ¿Cuáles son esos vinos que pueden salir peor parados?

– Es cierto que el mercado se está polarizando un poco en los vinos de alta gama, mientras que la evolución del consumo hace que haya menos demanda del volumen. Por lo que hay segmentos que están sufriendo más que otros y en este caso creo que los vinos más corrientes y que menos expresan la añada y el lugar del que proceden lo tiene más complicado. Estos son vinos para un consumo más de diario cuyo público no muestra interés porque se note la añada, sino que busca que el sabor sea estable, uniforme año tras año. Pero esos hábitos están cambiando, y con ellos está cayendo el consumo. Creo que este es el segmento que más está sufriendo a nivel mundial porque está claro que el camino es la diferenciación y la calidad.

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