A estas alturas del año se puede decir que ya está todo el grano vendido (por eso de llevarlo al terreno agro). La suerte está echada y solo queda aguardar a que los herbáceos completen sus cambios de color hacia tostados para empezar a pasar los cortes de las cosechadoras. Los del campo calculan que quedarán unas cuatro o cinco semanas para ver ya las primeras máquinas actuar en la región, con un ligero adelanto respecto a la cosecha anterior en algunas zonas. «Y en otras, un adelanto del todo porque ni se van a cosechar».
Las veneraciones a San Isidro Labrador han surtido algo de efecto porque las previsiones de tormentas y lluvias para esta semana se han cumplido, con los cielos regando generosamente algunas zonas de la comunidad, desde Cervera a Santo Domingo. Agua, sin embargo, que ya llega tarde para muchas fincas de cereal que han terminado su ciclo dejando unas espigas pequeñas y con granos vanos. Otras sí podrán aprovecharse aún de estas precipitaciones que han caído en buena forma para no estropear, durante periodos largos de tiempo y con poca intensidad.
Es el caso de Foncea. Allí llovieron unos 17 litros la noche del pasado martes «que vienen muy bien». Óscar Salazar, cerealista de este pueblo, asegura que este agua todavía llega a tiempo: «Sí tendremos algo de pérdida de cosecha, pero estas lluvias se van a notar. Al menos en Foncea y Cellorigo, porque para el resto de pueblos de alrededor sí que es tarde porque allí el campo está muy tocado. Hay sitios que ya estaba todo muerto y sentenciado».
Se muestra tajante al afirmar que el campo este año en La Rioja está peor que la campaña pasada. «En 2023 se recogieron casi todas las fincas, pero es que este año va a haber muchas que no se cosechen porque no tienen nada». Ni qué decir tiene que aquello que se sembró tarde, ya entrado el año, apenas levanta un palmo del suelo. Fincas de cereal, garbanzos o guisantes en las que se ve más tierra que brotes. «Estas ya sí que están perdidas del todo, pero es que lo están desde hace tiempo, prácticamente ni han nacido».

El coste que está suponiendo la sequía para los agricultores, después de tres campañas con pérdidas de producción progresivas, es preocupante. «Hay gente con serios problemas económicos y seguramente la próxima campaña habrá gente que no podrá sembrar. Los costes siguen disparados y son terroríficos. En La Rioja Alta hacen falta entre 1.000 y 1.200 euros por hectárea para volver a sembrar, así que mucha gente ya asume que no va a poder hacerlo. Y más si le suma la incertidumbre de que el año que viene puede ser igual que estos últimos», considera.
Los seguros son el otro escollo del campo. «En el cereal no cubren más que un 70 por ciento de unos rendimientos que da Agroseguro, por no mencionar que el coste de los seguros en muchos sitios es elevado y en otros sitios no cubre nada. En parte de La Rioja no se asegura la cosecha por el elevado coste que tiene y por los por los pocos rendimientos que ofrece», señala Salazar, indicando que el coste medio de asegurar una hectárea este año se ha incrementado algo más de un 20 por ciento. A lo que añade la falta de ayudas directas por parte del Gobierno regional para el sector cerealista, «como sí ha hecho, por ejemplo, Castilla y León, aportando una ayuda de hasta un 25 por ciento más de lo que había dado Agroseguro».

Un riego de vida o muerte
Álvaro Cantera lleva regando sus sembrados desde la primera semana de abril y remarca que si no llega a ser por este agua, no salva la cosecha. «Aquí en La Rioja Alta el 80 o 90 ciento de las fincas se han regado y las que no lo han hecho aguantan algo mejor si están en tierras frescas, pero las que no tienen esa suerte se puede decir que ya están cosechadas».
Él tiene cereal repartido por Cihuri (su pueblo), Casalarreina, Anguciana y Sajazarra, principalmente, y lo riega «día y noche» con los cañones, una nueva infraestructura que se suma al listado de inversiones. «Estos cañones son sistemas más específicos y cada agricultor tiene el suyo, pero se empezaron a implantar hace solo tres o cuatro años». Aunque el riego también suponga un sobrecoste para su explotación (el año pasado asegura que fue el gasto más elevado de todos los de la campaña entre gasoil, abonos, simiente,…), incide en que «ya no te fijas en cuánto estás gastando sino en si vas a salvar la cosecha o no».

Desde UPA La Rioja, Néstor Alcolea traslada las impresiones de sus socios a pie de sembrados, «aunque algunas fincas parece que ni siquiera han nacido». En algunos pueblos, incluso, han segado ya las cebadas para enfardar, así que esas ya están cosechadas. «En las tierras sencillas, las de cascajo, el cereal ha sufrido muchísimo. En zonas con tierra fuerte, de arcillas, que aguanta mejor la humedad, igual se puede coger media cosecha, pero ya veremos».
Para ver el resultado final habrá que esperar atendiendo a la evolución de esta última quincena de mayo, sobre todo por las temperaturas que se puedan dar, pero Alcolea reconoce que «las perspectivas son bastante malas y creo que se lleve poco esta campaña con la anterior». Aunque las que se sembraron temprano y cogieron altura tendrán más suerte, el pronóstico general que da es de «espigas bajas y pequeñas y granos vacíos». Y qué decir de los pastos para el ganado: «Da respeto ver cómo de seco está el monte. Parece septiembre de la poca hierba que hay y, aunque no está amarillo, tampoco tiene el color verde que debería en esta época».


