La Rioja

Primera noche de acampada: «Este genocidio tiene que acabar»

Primera noche superada. No ha sido fácil para algunos, otros llevan las acampadas en las venas y ya están acostumbrados. «En sitios peores hemos dormido», comenta uno de los treinta chavales que han pasado la noche en tiendas de campaña en el campus de la Universidad de La Rioja.

Son las nueve de la mañana y quedan por allí los menos madrugadores. Unos ya han empezado a acudir a sus clases, otros montan lo que pretende ser una zona de estudio para los alumnos y el resto organiza el cuadrante del día. La movilización universitaria riojana contra la guerra en Palestina y el genocidio de la población gazatí ya ha comenzado y no tiene pintas de que vaya a parar, de momento.

La intención es aguantar todo lo que se pueda. «Estamos aquí, de momento, de forma, indefinida. Ojalá nos tuviésemos que ir mañana, eso significaría que el genocidio ha terminado». De momento se quedan, aunque la intención es ir valorando cada noche en la asamblea de las ocho de la tarde qué ir haciendo.

La noche ha sido relativamente fría. «Diez graditos ha marcado de mínima». Además cayó un buen chaparrón. «Parece que ya no dan lluvias a lo largo de hoy». Pero merece la pena. «Sabemos que lo que estamos haciendo está bien y que tenemos detrás mucha gente apoyando la iniciativa», comentan.

Son muchas las personas que se han pasado a lo largo del inicio de la mañana a preguntarles cómo han pasado la noche, qué necesitan, incluso a ofrecerles algo de dinero. «¿Tenéis caja de resistencia? Quería dejaros 20 euros para lo que podáis necesitar», dice un logroñés que se acaba de acercar a ver «cómo están los chavales».

De momento nada de eso está organizado. «Poco a poco». Hasta ahora se han conformado los grupos de trabajo y una pizarra muestra quién está de encargado a cada hora del día. Ya han hablado con el rector de la Universidad. «Nos ha dicho que le vayamos informando de lo que vamos haciendo». La idea es irles poniendo facilidades. «Necesitamos un punto de luz», comenta uno de los chavales. De momento la energía llega de una placa solar móvil.

No todo son muestras de apoyo. «Terroristas», les acaba de gritar un hombre de avanzada edad que pasaba por la calle. «La mayoría de las muestras son de apoyo, es el primero que viene a increparnos, pero es lo que hay», dice uno de los muchachos resignado. Tampoco le dan demasiada importancia y siguen con la colocación de una carpa que va a intentar servir de espacio de estudio.

«Pronto llegan los exámenes y pretendemos siempre que se pueda estudiar aquí. La idea es ser cada vez más visibles y que se una más gente». Tampoco van a faltar los actos. Charlas, conferencias, debates… «Todo el mundo que quiera puede sumarse a cada una de las actividades, queremos hacer talleres y más actos para que la gente nos vaya viendo y conozca cuáles son nuestros motivos para estar aquí».

La presidenta del Consejo de Estudiantes de la UR, Aroa Villoslada, está entre los que han acampado. Como en el resto de los campus de España se pide el fin de la guerra pero también «que se acaben las relaciones con empresas y universidades que no condenan el genocidio». No olvidan la importancia de “que se deje entrar ayuda humanitaria en Gaza».

Mientras, van organizando su día a día. Hay profesores que también están con ellos. «Hoy tenía una tutoría y le he dicho al chaval si quería que la diésemos aquí, pero ha preferido en el despacho». Es el antiguo rector de la Universidad, Julio Rubio. El resto del día andará por la acampada intentando colaborar en todo lo que necesitan los estudiantes.

Un paso adelante que ya habían dado en otras universidades de todo el país. Un movimiento estudiantil que pretende terminar con lo que no han podido ni los políticos ni la diplomacia. «Es hora de decir que esto tiene que acabar».

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