Agricultura

“El cultivo de la remolacha no tiene nada que ver con lo de antes”

La Rioja aumenta la superficie sembrada gracias a la revalorización del producto

Cultivo de remolacha en Zarratón.

El cuadrante que forman los términos de Casalarreina, Zarratón, Rodezno, Casas Blancas, Cidamón, San Torcuato, Bañares, Santo Domingo de la Calzada y Castañares de Rioja ha sido un histórico en el cultivo de la remolacha azucarera. Una planta que se estrenó en tierras riojanas hace ya algo más de medio siglo y revolucionó la agricultura por aquel entonces con altísimos rendimientos, buenos precios y bajos costes.

Borja García-Baquero es uno de los tantos agricultores de Zarratón que siembra remolacha (“aquí el 80 por ciento de la gente hace la rotación de cultivos con remolacha”). Su padre fue uno de los primeros que probó este cultivo industrial cuando aún era una novedad y desde entonces siempre ha estado en sus fincas. “Pero ahora no tiene nada que ver con lo de antes. Entonces sacaban unos rendimientos que rondaban las 130 toneladas por hectárea, mientras que ahora si llegamos a las 110 o 120 toneladas es todo un éxito”, señala.

Aunque la remolacha ya no ha vuelto a ser lo que fue en su día, estos últimos tres años el mercado ha levantado las orejas ante unos precios del azúcar que mejoran con cada campaña. Fue antes de la pandemia cuando peores datos registró el cultivo por la caída de estos precios, perdiendo el interés de quienes todavía confiaban en su rentabilidad. García-Baquero recuerda que estuvo unos tres años sin sembrar “porque no era viable”, pero ahora ha vuelto a la carga con una remolacha que ha recuperado ese atractivo entre los agricultores. Este año, en concreto, ha sembrado unas 10 hectáreas del total de 950 que se han cultivado en el conjunto de La Rioja durante el mes de marzo.

“Los precios han subido, aunque son parecidos a los que había hace cincuenta años y la diferencia es que los costes ahora son mucho más altos. Es más, si la remolacha es rentable es gracias a las ayudas que tiene porque el precio rondará los 60 euros por tonelada, que junto a esas subvenciones se te quedan en unos 70 euros la tonelada. Hace pocos años rondaban los 50 euros”, apunta.

Tras la siembra, sus fincas ya se van cubriendo de hojas conforme avanzan las semanas entre tratamientos de herbicidas y riegos para mantener la planta en buenas condiciones. Reconoce que este año el tiempo está respetando y cuentan con agua suficiente, por lo que confía en que la campaña vaya mejor que la anterior. “El 2023 fue un año muy malo porque hizo mucho calor en marzo y abril que se sumó a la grave sequía y, después, a las tormentas de junio. Todo eso hizo que el grado de la remolacha, por el que nos pagan, bajara mucho y sufriéramos un ataque muy fuerte de cercospora, que es la enfermedad que ataca más. Se pierden las hojas y la planta empieza a rebrotar, pero lo hace tirando de reservas, por lo que disminuye el grado de azúcar que tiene”.

La Cooperativa Agrícola El Cierzo en Santo Domingo de la Calzada es uno de los dos colectivos que gestiona este cultivo en la región, junto al de ARAG-ASAJA. Lleva desde 1986 dedicándose a la remolacha en la comarca, prestando servicio y asesoramiento integral a sus 86 socios en todo lo referido a la gestión de las plantaciones, el arranque de la remolacha y su transporte hasta el centro de recepción de la fábrica de AB Azucarera Iberia ubicado en Miranda de Ebro. Para ello cuentan con dos máquinas y una cargadora que no dejan de funcionar en cuanto comienza la campaña de recogida, a finales de octubre.

José Ignacio García, presidente de la Cooperativa, es consciente de que la recuperación de la rentabilidad de este cultivo es lo que ha motivado que la superficie sembrada aumente un 15 por ciento en el último año: “Aún así, estamos muy por debajo de las hectáreas que se sembraban en 2018, cuando se rondaron las 1.340. La tendencia actual es seguir incrementando la superficie, pero todo lo determinará la propia rentabilidad del cultivo para el agricultor y que depende del precio que tenga el azúcar”.

Los costes también van al alza y García calcula que en las últimas tres campañas se han podido incrementar en torno a un 30 por ciento, entre el gasoil, los abonos y los fitosanitarios. Así que los productores asociados confían en que el “buen estado vegetativo” en el que se encuentran las explotaciones de remolacha continúe. “Prácticamente hemos acabado con los herbicidas, así que ahora solo queda regar y controlar los focos fúngicos”. La campaña anterior recogieron unos rendimientos medios de 102 toneladas por hectárea debido a un ataque de cercospora que afectó a la polinización de la remolacha.

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