Gastronomía

Bares de pueblo: un rincón gastronómico al cobijo de los Cameros

El bar La Chata triunfa en Nieva de Cameros con su oferta gastronómica

Ramón Barragán y Cristina, trabajadores del Bar La Chata de Nieva de Cameros.

Es media mañana de un sábado de principios de mayo y el Bar La Chata de Nieva de Cameros ya tiene varias mesas ocupadas, dentro y también afuera, ocupando parte de la callejuela para aprovechar ese sol de primavera. Tras la barra, Ramón Barragán y su compañera Cristina atienden sin pausa el goteo de clientes que van entrando al local conforme se va acercando la hora punta del vermú.

Este bar, el único del pueblo, se ha convertido en un centro social para los neveros y visitantes del municipio camerano que más allá del fin de semana eligen el local para sus comidas de entre semana (incluidos las personas mayores censadas a través de los programas de comedor dependientes de Servicios Sociales). Y es que la propuesta gastronómica de La Chata supera a la de muchos bares de pueblo al uso, lo que la sitúa en el mapa indiscutiblemente.

Ramón y Miriam Rodríguez, el uno tras la barra y la otra en los fogones, son los responsables del buen funcionamiento de este restaurante que ya cuenta con tres personas en nómina. Ramón abandonó Logroño hace una década y regresó a este paraíso natural que es su pueblo natal para emprender un nuevo proyecto, mientras que su pareja Miriam, de El Rasillo, también lo tuvo claro. Un cambio de aires radical.

Empezaron trabajando en cocina con una pequeña pizarra y el nombre escrito a tiza de algunos pinchos, siendo la hamburguesa con pan de cristal su plato estrella. Ahora esa pizarra se ha convertido en un gran tablón que ocupa toda una pared y donde el personal anuncia más de una treintena de opciones para rendir culto a la gastronomía rural bajo la categoría ya de restaurante. Desde raciones y bocatas hasta platos combinados, pasando por ensaladas, carnes, pescados, tortilla de patata y, cómo no, sus hamburguesas de la casa. El motivo es evidente: carne de vacuno que pasta por estos montes de Nieva y que se elabora en la carnicería del pueblo, Bibi, un negocio de tradición familiar que ya va por la cuarta generación.

“La intención en un inicio no era llegar a tal volumen de platos, ni tan siquiera centrarnos tanto en los pinchos, pero empezamos a probar y la gente dio muy buena respuesta. Es un pueblo pequeño, donde en invierno habrá poco más de 30 personas viviendo de diario, pero aquí nos implicamos en que se mantengan las actividades económicas porque eso hará que se mantenga el pueblo”, remarca Ramón. Y es que no cualquier restaurante puede presumir de tener en su carta una carne de kilómetro cero, literalmente.

La calidad del producto y el mimo en el servicio lo es todo para que el público elija este rincón al que se accede tras un zigzag callejero frente a otros locales que se encuentran a pie de carretera y con un gran parking que facilita la llegada. “La calidad es importante, pero también el entorno porque el pueblo en sí es una maravilla”, puntualiza. Y razón no le falta porque merece la pena llegar a estos mil metros de altitud después de recorrer una serpiente de asfalto.

En octubre cumplirán cuatro años en este local de la calle Sáenz Benito Bueno, aunque la historia de La Chata tiene un pasado previo. Antes de la irrupción de la pandemia, Ramón y Miriam despachaban a la clientela en otro establecimiento de la localidad ubicado en la planta baja de su vivienda, pero las restricciones de aforo obligaron a repensar este espacio. Fue el Ayuntamiento quien facilitó un nuevo local al otro lado de la plaza del pueblo, una concesión municipal que les permitió ampliar su oferta gastronómica ante la creciente demanda del público.

“Con el apoyo diario de nuestros clientes hemos creado un lugar cómodo y agradable en el que poder estar, dando vida a un bar de pueblo con grandes posibilidades”. Y con ello, Ramón y Miriam han favorecido a su vez que el colegio de Ortigosa del que depende Nieva cuente con una alumna más, su hija de siete años.

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