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El fútbol en un pálpito

La UD Logroñés arranca en Guijuelo su sexto playoff de ascenso en quince años de historia

La UD Logroñés comienza este sábado (Guijuelo, 18:00 horas / FootballClubTV) su décima eliminatoria de ascenso de categoría. Y las ha visto de todos los colores. Afronta por tanto, su sexto intento de ascenso, aunque en los cinco anteriores, el reto era histórico. Se trataba de ascender a Segunda División y que La Rioja recuperara un más que necesario espacio en el fútbol profesional español. Esta vez es distinto. La UD Logroñés intenta regresar al lugar que jamás debió perder.

Tras una pésima temporada, la anterior, la entidad riojana, tras no alcanzar el primer puesto en el Grupo 2 de Segunda Federación, inicia su sexto playoff -en su quince años de historia- con la máxima exigencia. Solo vale -luego pueden pasar multitud de cosas-, superar a sus dos próximos rivales para auparse a Primera Federación y recuperar su plaza en la tercera categoría del fútbol español.

Es casi una necesidad vital. Que de conseguirse se celebrará igualmente -el único ascenso no se festejó por culpa de la pandemia-. Porque la receta de un playoff es bien conocida: emoción, sufrimiento, decepciones y de vez en cuando una alegría para la historia. Así le ha ocurrido a la UD Logroñés en estas cinco experiencias previas al inicio de un nuevo intento de ascenso. Y si algo ha aprendido hasta ahora es que en esto del fútbol, cuando se juega al todo o nada, no ganan siempre los mejores equipos, y sí los que más desean alcanzar el objetivo final.

Ñoño, encarando a su par. | UD Logroñés – Hércules CF | Foto: Eduardo del Campo

Un playoff es un acto de fe. Gana el que esté dispuesto a sufrir más, a exponerse más, a desnudarse casi por completo para llevar al club hacia adelante. El deseo como táctica para ser más competitivo. Exprimirse hasta el agotamiento. El deseo como valor diferencial. Lo demostró aquel equipo entrenado por Sergio Rodríguez. Era un buen equipo de fútbol, el mejor que ha tenido este club en toda su historia. Pero también existía el convencimiento individual, en cada uno de los miembros de esa plantilla, que había llegado el momento de dar ese paso adelante. Un ascenso que se construyó durante el último encuentro de la temporada anterior.

La UD Logroñés caía en la semifinal ante el Hércules. Fue incapaz de darle la vuelta al resultado del Rico Pérez. Más de 11.000 personas en las gradas. Ambientazo en Las Gaunas para el partido de vuelta. Por fin La Rioja futbolística se había convencido de que era posible pasar página de una vez por todas a la trayectoria del CD Logroñés. Muchos, aquel día, se despidieron con un sincero homenaje del histórico club riojano. Ese día comenzaron a pensar, por fin, en el futuro. De ahí, que un estadio dedicara una ovación de diez minutos a unos jugadores que acababan de quedar eliminados. Fue el impulso necesario para una plantilla que desde ese mismo momento, con Iñaki al frente, se conjuró para lograr el premio una temporada después, en medio de una pandemia, ante el Castellón en La Rosaleda.

UD Logroñés – Badajoz | Foto: Edu del Campo

Es ese pálpito, siempre necesario, no se puede fabricar. Surge mágicamente. El pálpito que nutre a un equipo que deberá estrujarse para superar, como este sábado, a buenos rivales, como es también el Guijuelo. Así lo hizo ese equipo de Carlos Pouso en Vila-real. Ese día, de bochorno y tormenta seca, en tierras levantinas, ante trescientos seguidores visitantes, la UD Logroñés aprendió a ganar una ronda de playoff. No lo había hecho hasta ese momento. Tuvo el pálpito para generar un esfuerzo heroico ante el probablemente mejor Villarreal B de la historia, con la presencia, entre otros, de Rodri (City) en el once. Requirió de un esfuerzo superlativo. Ese equipo, ese día, hubiera sangrado de haber sido necesario. Bastó con contener las constantes arremetidas de un rival que se encontró con un inesperado gol en contra que jamás logró resolver a tiempo. Ese día, este club sintió el pellizco del éxito, la energía del vencedor, el convencimiento de que podía ganar a cualquiera. Aprendió a ganar. Y sin embargo, penó ese esfuerzo ímprobo. Porque cualquier playoff siempre trae alguna trampa. Éste no será distinto. Los ascensos se sudan.

Aquel esfuerzo en tierras castellonenses dejó secó a ese equipo. Ese proyecto murió en Sevilla, en un secarral infame en el bien entrado mes de junio sevillano. Pouso y los suyos se dejaron la salud y nada pudieron hacer contra el Sevilla Atlético, que accedió a la gran final por el ascenso, que finalmente supo ganar con nota.

Y luego están las habituales trampas… Todo playoff genera películas de terror para las que el equipo debe estar preparado. El Guijuelo parará el partido todo lo que pueda. No conviene caer en la desesperación. El control de las emociones. Tener el punto exacto para no dejarse llevar por la pasión desmedida dentro del terreno de juego. Aquella lección la aprendió el club en Torrent. En su primera experiencia de ascenso, también con Pouso a la cabeza. Ese día, a pesar de lo sucedido, la historia de este club cambió para siempre. Desde entonces, la exigencia es un aspecto indiscutible. Aunque el fútbol nunca le debe nada a nadie, sí que el club adquirió un relato que le ayudó entonces a tener la confianza de más aficionados que empatizaron con unos chicos que parecían preparados para lograr el ascenso a la primera, aunque Pulido Santana y todo lo que ocurrió aquella tormentosa tarde en Valencia les acabaron por apear del camino.

La UD Logroñés es un equipo de playoff. Va a jugar su sexto intento de ascenso en solo quince años. Quiere ganar y para eso crea equipos que compiten a buena altura a nivel nacional. Luego, los famosos detalles permiten cruzar o no la línea de meta. Tras Torrent llegó Badajoz y el Nuevo Vivero. Todo un ensayo de partido de categoría superior. Como contra el Hércules… y lo que pudo haber sido. Pero llegó una pandemia que cambió para siempre el destino del club. Ascenso ante el Castellón en La Rosaleda, sin ningún espectadores, en el más absoluto silencio. Descenso para volver a jugar unos playoffs de ascenso a Segunda. 4.000 personas en el Palacio de los Deportes, ante las complicaciones de viajar hasta Ferrol en otro playoff secuestrado.

Partido desde el Palacio de los Deportes entre el UD Logroñés-Villrreal B. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Y entonces el pálpito dejaba bien a las claras lo que podía ocurrir. Aquel equipo entró de rebote a ese playoff. Aquella plantilla no estaba dispuesta a estrujarse, a buscar sus propios límites para superarlos, casi nadie quiso sangrar en Ferrol ante el Villarreal B, y eso que el equipo se fue al descenso en ventaja. Los playoffs exigen muchas cosas: como una buena plantilla, un buen entrenador, una buena preparación… pero también ilusión, compromiso, deseo. Todo lo que no tenía aquella plantilla y sí parece defender la que ya descansa en Guijuelo para partirse el lomo en un campo donde cada disputa puede marcar la diferencia.

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