La Rioja

La semilla de hoy para la huerta del mañana

Julián Arnedo, uno de los gerentes de la empresa familiar Ramiro Arneodo asentada en Calahorra. | Fotos: Leire Díez

En tierras de la ribera con dilatada tradición hortícola no cabe imaginarse otro enfoque agrícola que no sea el de las verduras. Pero como en la innovación recae el éxito, Ramiro Arnedo Eguizábal tuvo visión de futuro en 1942 cuando se puso al frente de una tienda de productos agrícolas en Calahorra. Sacos, cunachos, cuerdas, plásticos y, entre otros enseres, semillas. Ahí estaba, sin saberlo entonces, la clave del futuro de la empresa. En los años 60 la especialización en el mundo de las semillas cogió fuerza, aunque el verdadero punto de inflexión no se produjo hasta la década de los 90. Fue ahí cuando Ramiro Arnedo dejó de ser una empresa meramente comercial que compraba y distribuía semillas a convertirse en una casa dedicada a la investigación en la mejora genética para crear variedades híbridas (de la misma especie, pero genéticamente diferentes) de hortalizas productivas y de calidad adaptadas a diferentes condiciones climáticas.

Ensayo de cultivos sin tierra en un invernadero de Ramiro Arnedo.

Una casa que no ha dejado de crecer desde entonces sin ponerse tampoco barreras geográficas. Medio centenar de hectáreas con invernaderos y campos de ensayo. Tres centros de investigación repartidos en Calahorra, El Ejido (Almería) y La Aparecida (Murcia), presencia en más de 50 países y 170 trabajadores fijos. Las cifras que ha alcanzado Ramiro Arnedo a lo largo de toda su trayectoria como sociedad son abrumadoras, pero la paciencia ha sido una de las armas más importantes para alcanzarlas.

“Si hablamos de investigación hay que tener en cuenta que se habla de plazos muy amplios. Aquí podemos tardar diez o doce años en dar con la tecla de una semilla que cumple todos nuestros requisitos a base de ensayos y más ensayos. Con pruebas y errores. Y ahora, por suerte, gracias a la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías tenemos la posibilidad de acortar esos plazos en muchos casos”. Julián Arnedo se incorporó al legado de su padre en 1985, cuando manejaban unas cuatro hectáreas, y ahora, a pocos años de jubilarse, es uno de los gerentes del negocio familiar.

un cultivo de ensayo de cebollas en los invernaderos de Ramiro Arnedo

Remarca en varias ocasiones el perfil de investigadores que caracteriza a la empresa porque el proceso de producción de las semillas se externaliza a otros países en su gran mayoría. El motivo: la mayor disponibilidad de mano de obra “delicada y constante”, así como los menores costes. “Cosa que aquí en España no abunda. Fíjate que trabajamos con mujeres que salen de la escuela de peluquería porque son quienes tienen la destreza y la perfección a la hora de manipular estas semillas híbridas con las que hacemos las investigaciones, cogiendo el polen de una flor y poniéndoselo a la otra con pequeñas pinzas como las de depilar. Y así, una y otra vez para que cada fruto tenga la semilla híbrida que tú quieres. Es un trabajo, por tanto, que requiere una mano de obra increíble. Este invierno en Almería hemos contratado para la campaña a 37 mujeres contando que son para producciones pequeñas y de investigación, así que imagínate todo el personal que requieren las grandes producciones de venta”, incide Arnedo.

En el sur, reconoce, hay más facilidad para dar con esa mano de obra cuidadosa y metódica: “Lo que ocurre en Almería o Murcia es que hay varias casas de semillas, entonces las trabajadoras se van turnando por campañas a lo largo de todo el año, pero aquí no existe esa realidad de que las mujeres trabajen en el campo si no es para una explotación propia”. Por otro lado, las condiciones idóneas para producir semillas se dan en aquellos lugares donde el clima es seco, casi desértico y con temperaturas frías, para así evitar insectos y la proliferación de enfermedades derivadas de la humedad. “Producimos mucho en Mongolia, Tailandia, India y Perú. Son zonas que, como diríamos aquí, no sirven para cultivar nada, porque están a gran altura o son todo desierto, pero resultan idóneas para las semillas. De hecho, China es una de las grandes productoras de semillas”.

Ensayos en los laboratorio de Ramiro Arnedo.

Eso sí, el control de las plantas de producciones lo siguen con especial detalle e ‘in situ’, asegurándose que las semillas madre que envían fuera para producir son las mismas que reciben después. “Es mucho mas rentable dedicar tu dinero a la investigación que a la producción. Además, el ser investigadores nos permite tomar todas las decisiones y no depender tanto de suministradores”, destaca. Sin embargo, las tendencias mundiales también evolucionan y Arnedo asegura que la globalización está en retroceso: “Estamos volviéndonos a acercar más a nuestros orígenes y cada vez se busca producir más cerca de casa porque con las guerras y pandemias ya se ha visto los problemas que ocasiona en cuanto a bloqueos de mercancía, por no hablar de la transmisión de enfermedades y las mayores exigencias en normativas y registros que ralentizan mucho el trabajo. Cada vez es más complicado mover semillas y esto va a derivar en un aumento de costes”.

Julián Arnedo sostiene una de las cebollas numeradas que aguardan en una cámara de ensayo en las instalaciones de la empresa.

Las líneas de investigación abarcan principalmente el tomate y el pimiento, tanto del piquillo como del padrón, y en el que Ramiro Arnedo es una empresa referente a nivel nacional. También trabajan con lechuga y, en menor medida, con alcachofa y cebolla, berenjena, melón, alubia verde y apio. Ahora la mayoría de los invernaderos permanecen en el descanso invernal, pero en pocas semanas comenzarán a alojar los primeros brotes verdes de la primavera hasta llegar a plena campaña, en junio. “Y durante esos meses de primavera y verano esto es un auténtico no parar”. Así que el trabajo ahora se focaliza en los laboratorios.

Sin embargo, hay algún invernadero que alberga fruto. El equipo está inmerso en una investigación de cebollas que se inició en el 2000. Algunas cebollas están ya en las cámaras de ensayo para ver su evolución mientras otras continúan en los invernaderos con sus brotes para analizar posibles enfermedades y su comportamiento. “De haber comenzado la investigación ahora y no hace más de veinte años podríamos usar marcadores moleculares y nuevas tecnologías y nos habría permitido reducir el tiempo de estudio notablemente”, explica Arnedo para hacer entender el esfuerzo a largo plazo que implica este trabajo. “Pero la investigación es nuestra manera de ser y en ella invertimos el 35 por ciento de las ventas para seguir innovando en técnicas más eficaces para nuestros estudios”.

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