Cultura y Sociedad

El Club de los Guionistas… ¿solos?

Ya lo decía Rafael Azcona: “El guionista es imprescindible para una película, pero no debe notarse su presencia”. Es más, afirmaba que las pelis eran de los directores, mientras que el guion era como el encofrado de un edificio, “tiene que estar, pero no se puede notar”. Y quizás por eso siempre se ha hablado de la soledad del guionista.

Pero eso puede cambiar, o por lo menos es lo que Álvaro Ochoa, guionista, productor y director riojano, pretende poniendo en marcha el Club de Guionistas de Logroño. “Era casi una necesidad personal. Lo he comprobado a lo largo de mi carrera con muchos compañeros. Los guionistas habitualmente, a no ser que estés en una serie, escribimos solos. Esa soledad te crea inseguridad en tu proyecto y siempre he necesitado hablar con alguien para preguntarle qué le parecía mi idea. Necesitaba un frontón donde tirar la pelota y ver cómo me la devolvía”.

Y es que está claro que cualquier proyecto que se desarrolle en equipo sale más enriquecido. Por ello, este Club, inaugurado el pasado 9 de febrero, está abierto para todo aquel, profesional o no, “que tenga ganas de que su proyecto mejore. La idea es que lo comparta con los demás miembros para obtener otros puntos de vista que potencien el trabajo”. Es más, no es necesario tener ‘algo entre manos’ para acudir a estas reuniones semanales que pretenden reunir a un grupo de personas que hablan sobre temas que nos interesan (las sesiones tiene lugar en el coworking de la ADER de 17 a 20 horas. Para inscribirse, [email protected])”.

Un espacio que no tiene intención de convertirse en escuela, sino un lugar donde cada uno pueda compartir sus historias para tener un feedback con perspectivas diferentes. “Muchas veces nos cerramos en nuestras propias ideas y somos ciegos a cambios, sin embargo cuando te lo hacen ver la cosa mejora”. Álvaro destaca que en las sesiones se introducen además pequeños tips, recomendaciones y formación concreta para cada caso, y de aquí a un tiempo, “quizás podríamos dividir las sesiones en niveles de club: grupos de gente que está empezando y desarrollan un proyecto desde cero; un trabajo con más recorrido que necesita un empujoncito; o incluso largometrajes ya escritos y listos para rodar a los que les falta la última revisión”.

La historia de (des)amor entre el cine y La Rioja

Nadie duda de que hacer cine es complicado. Ochoa explica que, según su propia experiencia, mucha gente cuenta con el interés y la pasión, hacen un par de cortos y ahí se quedan. “El cine es caro, sí, pero puede ser muy rentable”. Todo, por supuesto, con un apoyo formativo, político, administrativo, y del propio público, “y eso es precisamente lo que falta en La Rioja. Hay muchos compañeros que se han ido fuera de la comunidad y haciendo sus proyectos de forma independiente han conseguido rodarlos y meterse en la industria”.

Porque, tal y como describe Álvaro, “seguimos en la misma dinámica que otros sectores. Hay muy poca gente que quiere compartir sus cosas con los demás, y cada vez somos más individualistas: ‘como hay poco trabajo, me lo quedo yo'”. Existe una creencia de que el cine no tiene rentabilidad y “eso es una falacia”, porque es uno de los sectores que más dinero mueve, más ahora con las plataformas. “Seguimos teniendo el prejuicio de que es algo para entretenerse y no se le da el valor profesional que merece, por eso nadie quiere lanzarse y asumir riesgos”.

Si a esto le sumamos que en La Rioja “seguimos pensando de una forma anticuada”, apaga y vámonos. Según Álvaro a la región le falta estructura y, sobre todo, fe en la propia industria, “que puede darle mucho rédito a la comunidad”. El guionista riojano explica que en la región se entremezcla un complejo de inferioridad con el sentido de la superioridad. “Parece que no lo necesitamos, que pertenecemos a una comunidad donde se vive muy bien y no es un sector indispensable”.

Sin embargo, por otra parte, miramos de cerca a Navarra, que se ha convertido en un eje estratégico de desarrollo, y el País Vasco, que presume de productoras, estructura, compañías de soporte… “Si alguien viene a rodar a La Rioja tiene que ir a Bilbao o Pamplona para conseguir trabajadores o material, y así no se puede avanzar”.

Álvaro es un claro ejemplo de aquel que lucha por su pasión. Nunca ha tirado la toalla y diariamente lucha por darle a La Rioja un espacio en la industria del cine. Con la vista puesta en un largometraje que próximamente rodará, también saca adelante Cinebrand, una productora audiovisual que trabaja en dos líneas: el cine publicitario y la narrativa cinematográfica. “Queremos que nuestros proyectos tengan una identidad propia. Si el cine cuenta historias, ¿por qué no va a hacerlo la publicidad? Nos gusta crear, no solo anuncios, sino historias que cuenten el valor de marca”. Y todo para “convertir los momentos significativos de tu vida en historias que compartir con quienes te importan”.

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