La Rioja

Un estudio constata más de 200 exhumaciones de víctimas del franquismo en los 70 y 80

Alfredo Valenzuela.- Un estudio histórico constata algo más de doscientas exhumaciones de víctimas del franquismo efectuadas en España en los años 70 y 80 -algunas incluso durante los últimos años de la dictadura, de manera clandestina-, antes de la entrada en vigor de las leyes de Memoria Histórica.

El estudio ha sido efectuado por la historiadora Zoé de Kerangat (Toulouse, 1989), profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Educación a Distancia (UNED), y publicado por la editorial granadina Comares con el título “Remover cielo y tierra. Las exhumaciones de víctimas del franquismo en los años 70 y 80”.

Zoé de Kerangat ha explicado a EFE que el desencadenante de su investigación estuvo en las exhumaciones efectuadas desde la década del 2000, en aplicación de las leyes de Memoria Histórica, cuando antropólogos y arqueólogos comprobaron que en algunos de estos enterramientos -por lo general fosas comunes- se había excavado con anterioridad y que de alguno incluso ya habían sido extraídos algunos restos humanos.

Celebración de entierro en Cervera del Río Alhama, en 1978, de victimas del franquismo cuyos restos habían sido previamente exhumados, en una imagen incluida en el estudio ‘Remover cielo y tierra. Las Exhumaciones de víctimas del franquismo en los años 70 y 80’. FOTO: EFE/ Zoé De Kerangat

La mayor parte de esas exhumaciones de los años 70 y 80 se efectuaron sin protocolo alguno y sin normas, lo que, según la historiadora, ha dificultado enormemente su investigación y la ha imposibilitado para llegar a conclusiones numéricas concretas.

La prensa, ajena

“La principal base documental es el testimonio de los vecinos que quedan con vida” y que fueron testigos de aquellas exhumaciones, según De Kerangat, quien ha asegurado que su investigación ofrece una “visión general” del asunto pero que para concretar un repertorio completo sería preciso “ir de pueblo en pueblo” por toda España.

Además de la discreción con que se efectuaron estas exhumaciones -casi la totalidad promovidas por familiares-, la prensa de esos años se mantuvo ajena y apenas si alguno de estos casos trascendió como hecho noticioso, de modo que la única publicación que informó con cierta asiduidad fue el semanario Interviú.

La historiadora ha lamentado que se tratara de una publicación sensacionalista, más conocida por ofrecer desnudos y alejada del rigor ofrecido por otras fuentes históricas.

Por lo general, fueron exhumaciones que se llevaron a cabo de manera espontánea “en un ambiente de miedo”, lo que no impidió que con la muerte de Franco se produjera “una ola de exhumaciones, sobre todo en La Rioja y Navarra, donde se formaron redes que conectaron unos pueblos con otros, se prestaban ayuda, intercambiaban información y acudían a los entierros”, según la historiadora.

De Kerangat ha señalado que a los promotores de las exhumaciones, que siempre actuaban a título particular, se les pedía que no exhibieran banderas ni eslóganes políticos en el momento de las reinhumaciones “para que todo transcurriera bajo control”, lo que no evitó que algunas suscitaran pintadas, como las registradas en Casas de Don Pedro (Badajoz).

El alcalde y su vaca

Uno de los casos que trascendió a la prensa nacional fue el de Benito Benítez, alcalde de Torremejía (Badajoz), obrero del empleo comunitario y miembro del Partido del Trabajo de España (PTE) que en agosto 1979 accedió a la petición de una comisión de familiares para exhumar una fosa con 33 víctimas -32 hombres y una mujer- y trasladar sus restos al cementerio nuevo de la localidad -una reinhumación a la que asistió un millar de personas, también vecinos de los alrededores-.

Como Benito Benítez decidió costear la exhumación con fondos del plan de empleo rural fue denunciado, condenado y se le embargó una vaca que poseía al no disponer de las 50.000 pesetas por responsabilidad subsidiaria, pero finalmente, mediante una suscripción popular, recuperó su vaca.

También con fondos del Plan de Empleo Rural se financió, en 1980 y 1981, la exhumación de los fusilados en Écija (Sevilla) en 1936, por iniciativa de un militante comunista con el apoyo de la mayoría andalucista en el Ayuntamiento, en una operación tan compleja que su investigación sigue abierta hoy.

En Écija los cadáveres de los fusilados se enterraron en una fosa común activa desde 1889 que recogía también los cuerpos que quienes no podían pagarse un enterramiento individual, de modo que se extrajeron 668 cuerpos cuando la historiografía certifica 212 fusilados en la Guerra Civil en Écija.

En fecha sin concretar de los años sesenta ha recogido la historiadora la exhumación a cargo de sus familiares de los restos de Leonardo Enciso en el cementerio de Urzante (Navarra): “Gracias a la ayuda del enterrador, localizaron la fosa de día, y volvieron de noche, con caballería, para desenterrar y bajar los restos, que reinhumaron en la tumba donde reposaba su esposa, en Ablitas (Navarra)”.

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