La Rioja

Agapito Castro, el Joe Biden riojano: candidato a los 88 años

A tan sólo un kilómetro de la provincia de Burgos, con una fuente que da la bienvenida a los visitantes y campos y campos de cereal abrazándola, Morales es una de las cuatro entidades menores con las que cuenta La Rioja. Hasta el siglo XIX fue pedanía de Grañón, luego se adscribió a Corporales y allá por los años noventa quiso independizarse. No lo logró del todo. Sigue perteneciendo a Corporales, pero tiene independencia en muchos aspectos.

Todo comenzó con la llegada de Agapito Castro a la Alcaldía. El Joe Biden riojano. Hace ni más ni menos que 55 años. Toda una vida. «Fue un 20 de mayo de 1968», recuerda. Entonces, aún en plena dictadura, recibió la firma de buena parte de sus vecinos para ser alcalde de barrio. «Creo que ya no queda ninguno de los que firmó entonces». Por aquellos años Morales tenía «entre 130 y 140 vecinos». Ahora en el padrón hay algo más de una veintena. «Dormir aquí todos los días, diez o doce», asegura. Todos se fueron marchando «a otras ciudades más grandes o al cementerio». Él no. Con 88 años es el alcalde más mayor de La Rioja. «A lo mejor ¿incluso de España?». No, el título lo tiene José Antonio Torres, también del PP, en Chercos (Almería), con 97 años.

Con una energía envidiable, y el carnet de conducir renovado para cinco años más («me va a durar al menos toda la legislatura pero sólo lo uso para ir a los campos y a la granja») es oficiosamente uno de los alcaldes que repetirá los próximos cuatro años. Nadie más que él se ha presentado como candidato.

Pero volvamos a la independencia de Morales, porque les costó lo suyo poder ser una entidad menor. «En Madrid nos decían que teníamos todos los requisitos para serlo así que lo solicitamos al Gobierno de La Rioja, pero el entonces presidente (José Ignacio Pérez) me dijo que no se podía abrir ese melón, que todas las aldeas iban a querer ser entidades menores», recuerda. El Gobierno de La Rioja recurrió la decisión. «Tuvimos que llegar hasta el Supremo, que nos dio la razón». Así, ahora tienen capacidad de decidir a qué dedican los recursos que llegan a la localidad.

Han arreglado sus calles, hizo nada más llegar un local que ahora sirve de bar (sólo lo abre de vez en cuando cuando viene gente), de consultorio médico y de oficina municipal («la secretaria viene una vez a la semana, normalmente los lunes»). Un coqueto edificio por el que todos los días se pasa a hacer alguna gestión. «No uso el ordenador, de vez en cuando la fotocopiadora». Esto de las nuevas tecnologías no va con él. «Si hay que firmar algo, aunque tengo la firma digital esa, lo hago en papel y luego la secretaria se encarga».

Siempre se ha dedicado al campo. «Al trigo y a la cebada y cuando era joven a la patata». También ha tenido animales. «Novillos y vacas de monte». Este año ya no pensaba presentarse. «No es por falta de ganas ni de ideas, pero, ¿y si me llaman y tengo que marcharme?… No quiero dejar al pueblo tirado. Me dicen que no coja la llamada, pero cuando ‘esa’ llama, no hay nada que hacer», habla con naturalidad: «Ya he enterrado a casi todos los del pueblo. Bueno, lo hizo el enterrador, pero ya me entiendes».

Y es que pocos conocen el pueblo como él. Se sabe cada piedra, cada bache de la carretera que circunda el municipio y cada terreno de Morales. En definitiva: todo el valle. «Es que de jóvenes nos lo recorríamos de fiesta en fiesta, sólo podíamos alternar con las chicas de la zona porque las de más abajo nos veían como a los serranos y no había nada que hacer».

Con cuatro hijos repartidos por Córdoba, Barcelona, Aranda de Duero y Logroño y tres nietos, no entiende su vida lejos de aquí. «Ahora con el dinero de este año vamos a hacer un panel informativo en la zona de la iglesia desde donde se ve todo, explicando bien cada uno de los puntos que se divisan desde aquí». A los pies de la sierra de La Demanda, es un sitio sensacional donde pasar la tarde a la fresca.

Quiso ser cura, «pero en mi casa no me dejaron», quizás, por eso, uno de sus empeños es que no desaparezca la iglesia. «Todavía es un punto de encuentro de los vecinos, si alguien falta el cura se preocupa y va a ver si está enfermo o qué pasa». Son pocos la mayor parte del año, «pero hay quince o veinte días que vienen jóvenes, hijos a las casas de los padres con los nietos, los míos también vienen, les gusta andar por aquí». Los inviernos son más complicados. «Y ahora ni eso, antes sí que caían buenas nevadas, pero ahora…»

Alcalde 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año («bueno, al final, como todos»), se encarga un poco de todo. Estos días no hará campaña, porque no la necesita, pero sí que estará pendiente de la jornada electoral. «Aquí tenemos tres urnas, porque además de votar para Morales y para la comunidad también votamos para Corporales. Su relación ahora con el alcalde de la localidad a la que pertenece es buena. «Que no siempre ha sido así, que con algunos (también del PP) me he llevado muy mal porque no miraban para el pueblo».

¿Se presentará para las municipales de 2027? «¡Madre mía, qué cosas dices, dónde estaré dentro de cuatro años!». De momento sólo piensa en seguir trabajando por el pueblo, «que es por lo que me presento». Cuatro años por delante tiene para intentar seguir mejorando «el mejor sitio del mundo para vivir».

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