El exceso de abonado en los cultivos agrícolas a lo largo de los años ha dibujado un campo riojano con signos de vulnerabilidad al nitrato. Algo que pretende combatir el grupo operativo Nitrocon, creado en 2018 con el objetivo de optimizar el uso de fertilizantes nitrogenados en aquellas parcelas con rotación de cultivos y que empieza ahora a arrojar sus resultados.
Bajo el amparo de una convocatoria del Programa de Desarrollo Rural La Rioja, este grupo formado por profesionales de Spectral Geo, la Universidad de La Rioja, la Cooperativa Garu, Encore Lab y la Asociación para la Investigación para la Mejora del Cultivo de la Remolacha Azucarera (AIMCRA) ha desarrollado un proyecto para avanzar un paso más en la digitalización del campo.
Cultivos como el guisante, la alubia, el trigo, la colza y la remolacha forman parte de este ensayo desarrollado en La Rioja Alta dada la vinculación con Garu, asentada en Santo Domingo de la Calzada. Concretamente, son tres parcelas distribuidas entre Castañares y Bañares asociadas a la cooperativa las que han participado como escenarios del proyecto para demostrar que no es necesario echar tanto producto al campo. Fue en 2019 cuando comenzaron los ensayos seleccionando muestras de tierra previamente a la siembra. En concreto, los técnicos de Garu dividieron cada parcela en tres subzonas para aplicar diferentes dosis de nitrógeno en cada una, pero todas ellas dosis menores a la cantidad habitual que solía echar el agricultor. Para ello, emplearon el programa Eurotate con el que se han calculado esas medidas de abonado en función de unos parámetros previos fijados para conocer su incidencia en la producción final.

«Lo que se ha hecho es crear unos campos de ensayo donde se han utilizado diferentes dosis de fertilizantes nitrogenados para comprobar los efectos de una reducción de este producto en el cultivo y su cosecha. En los resultados iniciales ya se arrojó una conclusión sorprendente y es que con una reducción de hasta el 80 por ciento de la dosis no se registraron diferencias significativas en el producto final obtenido», remarca el director general de Spectral Geo, Carlos Tarragona. Aunque los resultados finales, aseguran los miembros del grupo operativo, todavía están pendientes de valorar y exponer.
Unos muestreos que se han desarrollado desde dos puntos de vista diferentes. Por un lado, a través de las imágenes con las que se ve cómo somos capaces de traducir esa información de los vuelos de dron en las cantidades de nitrógeno que tiene la planta y mostrar así cuáles son las microparcelas que reflejan mejores resultados. Y en paralelo, la Cooperativa Garu ha realizado muestreos en campo tomando muestras de los suelos y las plantas para ver realmente si se han dado diferencias en la producción y la calidad en función de las diferentes prácticas aplicadas en campo por parte de los técnicos en las parcelas cedidas por los agricultores.

«Lo que hemos visto a partir de esas imágenes, que aportan una buena información del metabolismo del nitrógeno, es que no existen diferencias en cuestión de producción entre las parcelas que se estaban fertilizando mucho y las que no habían recibido fertilizantes. Pero como nos comentaron desde AIMCRA, en cuestión de la calidad sí había indicios de que en aquellas zonas más fertilizadas empezaban a aparecer determinados compuestos que no era beneficiosos a la hora de determinar la calidad del producto», explica Tarragona.
¿Cómo se traduce todo en esto en el futuro de la gestión agrícola? Pues ya no será necesario ir a muestrear a pie de campo ni realizar análisis costosos. «A partir de este proyecto, con imágenes de satélites y dron se podrá traducir esa información sobre las necesidades de un cultivo en concreto, si tiene estrés nutricional de abono o está produciendo perfectamente». La revolución digital del campo continúa.


