La Rioja

Valdezcaray sigue esperando la nieve: temor a un año en blanco

Valdezcaray sigue mirando al cielo: temor a un año en blanco

Los Reyes Magos se han marchado de La Rioja colmando los deseos de los más pequeños, pero no así de los amantes del esquí, que continúan mirando al cielo esperando que el regreso del frío vuelva a teñir de blanco las pistas de Valdezcaray.

El panorama, hasta la fecha, nada tiene que ver con el de la pasada temporada, que cerró con 90.000 asistencias y las instalaciones abiertas desde el 4 de diciembre hasta mediados de abril. Las altas temperaturas registradas durante las navidades mantienen al personal y a los usuarios a la espera de que las lomas de la estación acumulen la nieve suficiente para la práctica del esquí.

Porque finalizadas las fiestas navideñas las pistas se muestran ‘peladas’, sin un solo copo blanco, y la situación de sequía además dificulta el uso de los cañones de nieve artificial. Un panorama que podría cambiar en las próximas fechas, ya que las predicciones de la Aemet sitúan la cota de nieve entre los 2.000 y los 1.500 metros de altitud a lo largo del fin de semana. “La estación está preparada para abrir en cuanto los espesores de nieve sean suficientes para la práctica del esquí”, reza la página web de la instalación.

FOTO: Raquel Manzanares (EFE).

La situación de la estación de esquí riojana no es exclusiva, ya que la mitad de las instalaciones del país permanecen cerradas por la ausencia de precipitaciones y la temporada aún no ha comenzado para las de la Cordillera Cantábrica y el Sistema Central.

Y en las que sí han podido abrir (en el Pirineo, tanto catalán como aragonés, y Sierra Nevada), los espesores no pasan de los 40 centímetros y las pistas abiertas apenas alcanzan la mitad del total de kilómetros esquiables.

El principal temor para el sector radica en que esta situación no sea anómala, sino la consecuencia de un cambio climático que gana terreno y ha dejado temperaturas casi primaverales en plenas navidades. El mundo del esquí, sus industrias auxiliares y el turismo miran al cielo y cruzan los dedos ante la posibilidad de sufrir un año en blanco. Y no precisamente por la nieve.

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