Agricultura

La huella de la sequía y el calor en el olivar riojano

La huella de la sequía y el calor en el olivar riojano

Las mantas ya están rodeando los olivos de La Rioja Baja, apenas dos semanas inmersos en una nueva campaña de recogida de la aceituna. Este año ha venido algo más prematura, como todo en el agro riojano, y, aunque avanza un poco a cuentagotas por la región, va cogiendo ritmo conforme el frío se viene encima. El pasado 2 de noviembre echó a andar el trujal de Pradejón, apenas dos días después de arrancar máquinas, y ya van unos 50.000 kilos de oliva a cobijo.

Entre negral, empeltre, arbequina, picual, rojiblanca y redondal o arróniz, la Cooperativa Agrícola La Planilla del municipio espera recabar esta temporada unos 300.000 kilos de este fruto (con la redondal como principal variedad), según cálculos de los productores. Una cifra que supone una merma del cincuenta por ciento de la producción total de 2020 (605.000 kilos), cosecha con la que se compara este año debido a la vecería del olivar, pero que también será menor que la del año pasado, cuando se recabaron unos 375.000 kilos.

Luis Benito Cedrón gestiona este trujal destinado a la producción de aceite para autoconsumo al que acuden anualmente por estas fechas unos 400 productores y que bajará el telón de la campaña 2022 a las puertas de Navidad. Destaca la sanidad de la oliva que está entrando, cuyos rendimientos se estima que rondarán el 20 o 22 por ciento. Primero fueron la negral y la empeltre, pero todavía queda el plato fuerte de la redondal, de la que el año pasado se recogieron hasta 250.000 kilos de esta variedad. Lo que es ya evidente es la calidad y sanidad del fruto que va a protagonizar la campaña por la ausencia de plagas y enfermedades.

Una cosecha manual en aquellos olivos más viejos, pero también mecánica a partir de cosechadoras y rastrillos mecánicos. Cedrón resalta la «gran afluencia» de productores de la Ribera navarra, como Lodosa, Sartaguda, Andosilla: «Viene mucha gente porque aquí no se comercializa el aceite, así que se entrega el cien por cien de lo que se moltura, mientras que otros trujales se pueden quedar para ellos con un dos por ciento de la producción».

Funcionamiento diferente al que llevan a cabo en el trujal de Calahorra, donde sí comercializan su oro líquido además del aceite que va a parar al autoconsumo. Allí van por su primera semana de recolección y esperan que las labores se prolonguen hasta mediados de diciembre. Con las primeras olivas ya molturadas, los primeros cálculos echados por los agricultores de la zona indican que la cosecha será similar en términos de producción a la de 2021. «La del año pasado vino muy escasa, con unos 223.000 kilos de aceituna, y este año lo que se ve en campo es que también hay muy poca oliva. Muy lejos de esos 350.000 kilos de 2020, aunque entonces el rendimiento graso también fue meno que el de este año», señala el gerente del trujal, Basilio Espinosa.

Por el momento solo han comenzado aquellos pequeños productores que llegan con sus remolques cargados con no más de un millar de kilos. Por delante quedan de recoger, por tanto, las plantaciones más grandes en las que se echa mano de la maquinaria. El pico de la campaña llegará cuando comience a meterse la arbequina, variedad que ocupa el 70 por ciento de la producción total de esta almazara. «Cierto es que se ha notado una mayor madurez para estas fechas que la que se vio el año pasado, cuando aquellos primeros días de campaña todavía entraba una oliva sin madurar del todo, pero el calor y la falta de lluvia han marcado, sin duda, la cosecha 2022», remarca Espinosa.

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