El Rioja

La cordura y el romanticismo hechos vino

Ana Benés y Carlos Mendoza en su viñedo en San Vicente. | Foto: Leire Díez

Una, la racionalidad, la cordura, la lógica, el juicio; otro, los sueños, la imaginación, el romanticismo, los experimentos. Una, los pies sobre la tierra; otro, la mente en el cielo. Un tándem completo, en perfecta sintonía, para hacer llegar lejos un proyecto que tiene como fin convertirse en modo de vida. Hace años que Carlos Mendoza y Ana Benés unieron sus caminos en uno de esos encuentros entre cuadrillas en los que el vino se sitúa en el centro del tablero y todas las fichas bailan en torno a él, algunas con más destreza que otras. Ellos dos lo hicieron al mismo compás y ganaron la partida. El premio: GR 99 Viñedos de Paso, que vio la luz en el verano de 2020.

El rumbo de la partida cambió un año antes, en agosto de 2019. Carlos afrontaba una rehabilitación tras sufrir un accidente, así que aprovechaba muchos ratos para pasearse por los renques de cepas de su padre observando cómo maduraba el tempranillo en San Vicente de la Sonsierra, pueblo natal del romántico de este proyecto. «Lo de aquel año era espectacular. Yo vi que esas uvas no podían ir a parar a la cooperativa del pueblo, de donde mi padre es socio. Algo había que hacer con ellas porque venían buenísimas. Sin dudarlo más, llamé a Ana y en septiembre ya estábamos vendimiando», recuerda. Su primera vendimia, pero sin bodega, eso sí. Aunque los buenos amigos siempre están ahí y en su caso les abrieron las puertas de unos calados en una bodega de Labastida para elaborar en un pequeño espacio «suficiente» para ellos.

Ana Benés y Carlos Mendoza en su viñedo en San Vicente. | Foto: Leire Díez

Aquello fue una primera toma de contacto, pero de ahí salió al mercado la Primera Impresión de Carlos y Ana, añada de 2019. La primera impresión de una mirada a una viña, a un pueblo, a un paisaje. La primera impresión de un vino que abrace todos esos elementos en 75 centilitros. «Tenía claro que para estar mirando al cielo no iba a hipotecar todos los fines de semana de mi vida para mantener unas viñas que no me iban a dar rentabilidad. Yo tenía mi trabajo, pero decidí involucrarme en darle un futuro mejor a las parcelas heredadas que tanto potencial vi que tenían. Así que, junto a Ana, hicimos de esto nuestro propio negocio».

Siempre han buscado la juventud en las dos hectáreas de cepas familiares que rondan los 50 años. «Mucha fruta, frescura y terruño. Que sean vinos fáciles de beber, que entre con todo y con nada, que apetezcan en todo momento». Vinos que surcan la Sonsierra siguiendo los meandros del río Ebro, por donde discurre ese sendero de Gran Recorrido 99 que da nombre a este proyecto tan personal que fija la mirada en el viñedo. De ahí que la ilustración que adorna sus dos botellas la componga un iris. Pero, aunque procedan de la misma gama, ambos reflejan estilos diferentes.

Ana Benés y Carlos Mendoza en su viñedo en San Vicente. | Foto: Leire Díez

«Mientras que Primera Impresión es un vino más juvenil, más ligero, Contemplaciones ya tiene una crianza un poco más larga. Este es un vino donde se aprecia mayor complejidad y estructura al venir de un viñedo de altura donde prima la acidez», remarca Ana, apoyada en la restaurada piedra del antiguo guardaviñas que vigila desde la parcela de la que procede este último vino, así como la villa de San Vicente. Y tras soplar las velas de la tercera vendimia en Viñedos de Paso, este equipo ya va a por la tercera botella. Saldrá a finales de este año, pero desligada de la gama de los anteriores. Es decir, ya no habrá iris, «pero sí territorio, fruta y elegancia». Todo concentrado en apenas 500 botellas extraídas de una parcela del hermano de Carlos ubicada en un barranco que guarda a la perfección a frescura de las uvas.

Unicidad y diferenciación al mismo tiempo, ya que los métodos con los que elaboran los tres vinos son diferentes. «El primero, con una maloláctica en barrica; el segundo, con una crianza en barricas de roble francés de segundo uso; mientras que el tercero, se desgrana en campo antes de hacer una crianza de entre nueve y doce meses, pero en barricas al estilo Borgoña. Siempre buscamos el mayor potencial dependiendo del viñedo porque cada parcela tiene sus cualidades. Vamos aprendiendo de él, viendo lo que nos da. Además, el estar nosotros al cargo de la viña en todo momento nos da la oportunidad de cuidarla de una manera exquisita», explica el enólogo y viticultor que ha llevado su filosofía de vida también a las viñas, donde predominan las prácticas ecológicas pero con fundamento, es decir, en función de las bondades y maldades del astro.

Ana Benés y Carlos Mendoza en su viñedo en San Vicente. | Foto: Leire Díez

Ese es su retiro espiritual, donde conecta con la tierra recorriendo descalzo las diferentes cepas. «Me gusta venir a menudo porque de aquí salen las grandes ideas. Aquí conecto y desconecto. Es mi retiro». Y a su lado está Ana que procura hacer realidad esas ideas. Responsable de la gestión de este negocio, tanto a nivel comercial como económico, Ana insiste cuál es su cometido en esta historia: «No pretendo ser la enóloga ni mucho menos, pero sí participar en todos los procesos de este proyecto. Carlos y yo tenemos una manera muy diferente de pensar, pero con un objetivo en común y eso es justamente lo que enriquece a este proyecto». Así reflexiona esta oriunda de Navarrete que cambió el mundo de las Económicas para lo que se formó por el del vino, un sector completamente diferente por el que siempre ha sentido una estrecha afición.

El devenir de GR 99 Viñedos de Paso está por escribir, con un vino más en camino y quién sabe si habrá sucedáneos. Lo que tiene claro esta pareja es que no se quiere salir del cauce creado en tres años: «Nacimos como algo pequeño y personal y seguiremos siéndolo, aunque crezcamos ligeramente en número de botellas. Esto es ir día a día porque hay que partir con la base de que de cada viña sacamos un vino, por lo que tampoco podremos llegar a grandes volúmenes porque lo que tenemos ahora es lo que da la parcela, que se regula sola».

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