El Rioja

Las burbujas de los hermanos Urbina ‘made in’ Cuzcurrita

Bodegas Urbina es la única firma en Rioja en elaborar burbujas con la categoría de Vino de Municipio

Ángel (izquierda) y Pedro Urbina en el viñedo de Cuzcurrita del que elaboran su espumoso. | Foto: Leire Díez

Ensalzar un territorio es tarea y responsabilidad de sus moradores, quienes conocen cada centímetro de su orografía, con sus laderas, sus suelos, los altos donde más sopla el viento y los valles donde se descansa al resguardo. Son ellos quienes mejor conocen, por tanto, las virtudes y flaquezas de cada recoveco y paraje, haciendo honor a ello y dándole a la tierra lo que pide. En el extremo más occidental de la DOCa Rioja surca entre los rastrojos que ha dejado la cosecha de cereal un fuerte viento que a veces hace tarea difícil el mantener el equilibrio, pero ahí están bien rectas, entrelazado sus finos brazos como si de unos bailarines que se mueven al ritmo de la música, viejas cepas de viura con unos 70 años de edad.

En el Valle del Ángel, como así llaman los vecinos de Cuzcurrita de Río Tirón a esta zona próxima al municipio, se erigen varias parcelas pertenecientes a la familia Urbina desde hace cuatro generaciones y con las que enaltecen el potencial de este enclave vitícola que poco se parece al de las zonas productivas limítrofes. Por eso, desde 2017 todos los vinos de Bodegas Urbina llevan inscrito en sus etiquetas la referencia a Vino de Municipio, una distinción creada aquel año por el Consejo Regulador y que ha permitido desde entonces revalorizar este territorio.

Esta bodega familiar pasó de los antiguos calados en el centro del pueblo a unas amplias instalaciones que en las últimas tres décadas han ido sumando espacios para albergar sus joyas más preciadas (y también facilitar el trabajo) en depósitos de acero inoxidable y cientos de barricas apiladas. Y así, el vino que empezó a elaborar el bisabuelo Salvador Urbina allá por 1870 para vender a granel en pellejos, ahora se ha convertido en una marca que lleva el municipio de Cuzcurrita también fuera de las fronteras nacionales. Y de ello se encarga toda la familia al completo: Ángel, Pedro y Santiago Urbina, enólogos, viticultores, e incluso alguno con el título de profesor universitario; bajo la atenta mirada de sus padres, Pedro como ingeniero agrónomo y Catalina, licenciada en Económicas «y madre de tres que convalida por un Máster en Gestión».

Ángel (primer plano) y Pedro Urbina en el viñedo de Cuzcurrita del que elaboran su espumoso. | Foto: Leire Díez

Lo hacen con unas 70 hectáreas en propiedad que se ubican a pocos kilómetros a la redonda de la localidad riojalteña (junto a unas poquitas más en Uruñuela, legado heredado por su madre). «La magia y el poder que da esta zona de La Rioja Alta es poder hacer unos vinos con una gran capacidad de guarda, por ello nos centramos en los crianzas, reservas y grandes reservas, los cuales nos gusta dejarlos un tiempo de reposo en botella que supera lo exigido para que coja el punto perfecto. Lo que los franceses llaman ‘bouquet’ y aquí se traduce como solera, que es el aroma que deja el vino cuando envejece. Es decir, un vino más añejado», explican los hermanos.

Pero Urbina también cuenta con su gama de vinos, Salva, sin ese ‘bouquet’ para los paladares más suaves. «Elaboramos nuestros vinos para diferentes paladares porque nos debemos al cliente. Además, es increíble lo que puede variar un vino en función del tiempo de descanso que lleve». Que se lo digan a estos expertos en envejecer vinos (el vino más joven que tienen es un crianza del 2012 y en bodega guardan botellas del 80) que aprovechan esos suelos pobres, pero con buena capacidad de drenaje, sobre las terrazas de un valle seco y una dura climatología que dificulta los procesos de maduración, pero a lo que las vides se han adaptado muy bien a lo largo de las décadas. Y todo eso es lo que luego da lugar a vinos frescos, con estructura, mineralidad, elegancia y un punto adicional de acidez.

Al ubicarse en una zona límite de cultivo, la más fría de Rioja, mantiene las fechas de vendimia habitual entre octubre y noviembre. «Este año viene un poco loco en todos los sentidos. Si hubiera tocado vendimiar para el espumoso, la bodega hubiera iniciado la campaña el pasado 3 de septiembre (el año pasado lo hicieron casi dos semanas más tarde)». Sin embargo, los primeros racimos de viura se cortaron el 21 de septiembre. Cosas del viñedo.

Esa propia orografía del Valle del Ángel, estrecha y con una orientación Norte Sur, perpendicular a los vientos que traen las mayores heladas primaverales que usa como barreras naturales las laderas del valle hacia La Vega y el Río Tirón, es la que protege a estos viñedos de los fríos que se canalizan y aumentan su velocidad, amortiguando los efectos de las heladas. Ya ocurrió en 2017, cuando la producción en muchos viñedos de la denominación se vio mermada por la inversión térmica, mientras que las cepas de viura de los Urbina trajeron unos rendimientos suficientes. «Nuestros antepasados eran bien listos cuando decidieron plantar aquí viura», reconoce.

Pedro Urbina en el viñedo de Cuzcurrita del que elaboran su espumoso. | Foto: Leire Díez

Sin embargo, esa producción pareció no encajar en el pliego de condiciones fijado por el Consejo Regulador para otorgar la categoría de Viñedo Singular a esta viña como esperaba la familia. Por ello, optaron por la de Vino de Municipio. «Con unas exigencias menores y que permitía además realzar este territorio», recuerda Ángel, mientras sortea cepas de unos cincuenta años de edad que se alzan rígidas a más de un metro de distancia desde el suelo haciendo equilibrios para no tumbarse. La suerte de este pueblo, incide, «es que todavía no ha llegado ningún destructor de valor hasta aquí, y esperemos que no ocurra, por lo que se siguen manteniendo las viñas viejas».

Son de estas plantas, repartidas en 2,8 hectáreas con una mayoría de viura plantada en 1978 y alguna también de calagraño de 1950, de donde procede su vino espumoso de Cuzcurrita de Río Tirón. El único espumoso de Rioja bajo la categoría de Vino de Municipio. Un vino del que en 2020 sacaron sus primeras 11.500 botellas de la añada 2017, mientras que el resto fue destinado para vino tranquilo (aunque llevaban varios años inmersos en el mundo de las burbujas, pero sin comercializar). Una minuciosa elaboración que solo se hace cada dos años «por cuestiones de logística».

De la añada de 2022 será de la que no sacará un espumoso ‘made in Cuzcurrita’. La uva blanca irá a parar al vino tranquilo: «Lo hacemos de una forma muy artesanal y manual, removiendo cada día un cuarto de vuelta las botellas en los pupitres sobre los que se apoyan antes del degüelle, una apertura que se hace botella a botella también a mano y que aquí lo rellenamos con la misma bebida procedente de otra botella».

Botellas del espumoso con categoría de Vino de Municipio elaborado por Bodegas Urbina. | Foto: Leire Díez

Unas técnicas que aprendieron en una de las tantas visitas a las tierras catalanas del cava con la familia Recaredo como anfitriona y que han alzado por lo alto a su espumoso. «El estilo que queremos hacer nosotros con estos vinos antiguos es conseguir un vino incorruptible. Es decir, que una botella tal y como está ahora con la sobrepresión que tiene podría aguantar ahí 20, 30, 40 años… que no le va a pasar nada. Irá envejeciendo sin estropearse gracias también a la acidez natural y a esa presión que actúa como un conservante. Así que a partir de ahí, el vino solo puede mejorar y ganar valor», señala Pedro.

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