San Mateo

Lo de ‘Zalduendo’ lo hierra ‘El Zorro’

FOTO: Eduardo del Campo.

Una de las muchas cosas buenas que tiene escribir en un medio digital es que no existe un mínimo de caracteres. De lo contrario, no sé qué hubiera sido de mí hoy que tengo que escribir de la nada. Porque nada y menos es todo lo que ha ocurrido esta tarde en el ruedo de ‘La Ribera’.

Un servidor solo llegaba a la plaza con una duda: si la zeta que lucen los toros de Zalduendo en la zanca es el hierro de la ganadería o la marca de un ataque nocturno y alevoso de “El Zorro”, en usurpación del más mínimo atisbo de casta y bravura.

Pronto se disiparon las dudas. Es lo de “El Zorro”. No pudo ser más descastada y mansa la corrida que hoy ‘Zalduendo’ trajo a Logroño. Tanto, que lo mejor de la tarde fue la floja entrada que presentaron los tendidos de ‘La Ribera’; fueron así pocos los que presenciaron tal despropósito ganadero. Y hasta que mejor.

FOTO: Eduardo del Campo.

Con la terna más humilde de cuantas hacen acto de presencia en esta feria matea tan venido a menos, falló hasta la presentación. A todos los toros les faltó esa vuelta del pitón, seña de seriedad e impronta. A algunos también el cuajo necesario para parecer un toro. Una tarde de toros para el olvido, que solo deja en la memoria tres o cuatro apuntes, que son los siguientes:

Uno: lo despegado que torea Antonio Ferrera. Siempre al hilo y, al hilo de esto, se ha visto que torea más fuera de la cara del toro que en esos terrenos que debiera pisar y nunca lo hace.

FOTO: Eduardo del Campo.

Dos: la testosterona de Ureña, de la que hasta creo que ha transmitido una dosis al que saltó en segundo lugar y de ahí que su trasteo tuviera cierta enjundia.

Tres: la laxitud de un palco que ha concedido trofeos con estocadas indecorosas. Tela.

Cuatro (y quizás el más importante): la disposición y el concepto de Leo Valadez, un joven mexicano, que interpretó el toreo natural con trazo, temple y compás en su primero. También con cadencia. Y también puso banderillas y hasta intentó ejecutar el toreo de capa. Sin duda, un joven valor a tener en cuenta.

FOTO: Eduardo del Campo.

Y así se despeñaba la tarde por el precipicio de la nada, cuando el sexto toro se lesionó una mano en el tercio de varas, inutilizándose para la lidia. Una papeleta para el presidente que, con buen criterio, solucionó con decoro y acierto. Quizás con lentitud, pero a ver: cuando un toro se inutiliza durante la lidia, el Reglamento viene a decir que no debe ser sustituido por otro.

Hasta ahí, todo correcto. Pero resultaba que ninguno de sus cinco hermanos, saqueados por ‘El Zorro’ como os dije, había transmitido nada a los tendidos. Y he ahí el dilema: «¿Lo devuelvo o lo sustituyo por otro?». El presidente no tiene tal potestad, salvo que aquello derivara en un altercado de orden público, pero para ello han de transcurrir unos minutos.

FOTO: Eduardo del Campo.

Como dije, era el último toro de una nefasta tarde y era procedente consultar con el empresario si sustituir a ese sexto por otro toro o dar por concluido el festejo. Estaba claro. A los gritos de ‘manos arriba, esto es un atraco’ solo había una solución. La devolución. Y así fue. La bronca resonó como las de ‘La Manzanera’. A tenor de lo reflejado en la tablilla, parecía que el toro era de ‘Bansky’, pero, en realidad, era de Esteban Isidro. Escrito
con un graffiti, eso sí. Fue tan malo como los de ‘Zalduendo’; sin la zeta de “El Zorro”. Nada, que lo de ‘Zalduendo’ se ha ganado no volver a Logroño en años. Aunque sea el hierro de la empresa.

Plaza de toros de ‘La Ribera’. Tercera de abono. 5 toros de ‘Zalduendo’ y uno, lidiado en sexto lugar como sobrero, de ‘Esteban Isidro’. Justos de presentación, muy flojos, muy descastados y mansos en líneas generales.
• ANTONIO FERRERA, silencio y oreja.
• PACO UREÑA, oreja y silencio.
• LEO VALADEZ, oreja y ovación.

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