La Rioja

Criar aves huérfanas para echarlas a volar: terapia y bienestar emocional

Foto: EFE/Raquel Manzanares

David Hernando

El programa de cría de aves huérfanas «Ayúdale a Volar», iniciativa del Gobierno de La Rioja, se ha convertido en una experiencia «gratificante» para un entregado voluntariado, al que esta experiencia «enriquecedora» también les está reportando numerosos beneficios terapéuticos y de mejora del bienestar emocional.

Carmen Angulo es una de las voluntarias de este programa, a quien los profesionales del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de ‘La Fombera’, del Gobierno de La Rioja, entregaron dos vencejos para su cría, depositados en una caja de cartón, junto a unos gusanitos congelados, con los que los alimentó.

Adoptar y cuidar «vencejos, aviones o torcaces» genera «un vínculo entre el cuidador y el ave muy gratificante», explica a Efe visiblemente emocionada de haber participado en este programa. Cada año, entre los meses de abril y septiembre, cientos de crías de aves caen de sus nidos y necesitan de alguien que las cuide hasta que puedan valerse por sí mismas.

Los avisos de los ciudadanos son esenciales para que estos polluelos salgan adelante y el Gobierno de La Rioja quiere dar un paso más y facilitar que los ciudadanos que lo deseen puedan contribuir también en el cuidado y desarrollo de las crías.

Así nació «Ayúdale a volar», un programa de voluntariado que busca fomentar la participación ciudadana en el cuidado de crías de aves huérfanas que han caído de sus nidos. Consiste en acoger en domicilios particulares, centros o residencias durante varias semanas a estos polluelos, alimentarlos y prepararlos para su vuelta al medio natural.

Carmen Angulo cuidó dos crías huérfanas de vencejos durante unos 12 días, dentro de un proceso que, en su caso, consistió en descongelar los gusanos, introducirlos de forma progresiva en una jeringuilla, con la que, poco a poco, dio de comer a las crías.

Su relato es el de una experiencia «muy bonita e interesante», con la que sintió entablar un vínculo con estas dos crías, que, gracias a la alimentación que les procuró, logró que echaran a volar y emprendieran una vida en la naturaleza.

Foto: EFE/Raquel Manzanares

Algunas de las costumbres de estas aves son «fascinantes», como el hecho de que son insectívoros, pueden volar 22 meses sin tocar tierra, duermen medio cerebro y el otro medio lo dejan despierto mientras están volando o el hecho de que no necesitan andar porque «han desarrollado unas alas muy potentes para mantenerlos en vuelo».

Como anécdota, cuenta que «uno de ellos era muy tragón porque en cuanto aparecía mi dedo por encima de la caja se tiraba a picar; pero otro, que había obligarlo a comer, al final, fue el que más engordó y el que estaba más sano».

La única «preocupación» para el cuidador, en su caso, fue que la comida hay que dársela cada hora y media, así que «tienes que alimentarles unas 10 veces en 12 horas, por lo que estos animales son más demandantes que un bebé, pero a la vez es muy divertido».

El día que los entregó de nuevo al Centro de La Fombera, pensó que su misión estaba «cumplida», a la vez que «muy grata», relata visiblemente emocionada, al tiempo que alienta a participar en este programa del Gobierno regional, aunque reconoce que requiere organizarse las tareas diarias y compatibilizarlas para alimentar a las crías.

El Centro de Menores Virgen de Valvanera, de Logroño, también participa en este programa, según explica su director, Santiago Fernández, quien califica esta experiencia de «genial y muy terapéutica para los chavales».

Este Centro siempre se ha caracterizado por la participación de los menores que acoge en actividades relacionadas con el medio ambiente, desde la limpieza de ríos, el mantenimiento de la vía romana entre los municipios riojanos de Alberite y Albelda o proporcionando ayuda en la rehabilitación de las lagunas de Hervías entre otras acciones, afirma su director.

La idea es «concienciar a los chicos que están en el Centro de que hay que dejar un legado mejor que el que nos han dejado a nosotros».

Para él, esta iniciativa del Gobierno de La Rioja es «un descubrimiento fantástico» para los menores de este Centro, ya que «ha conseguido hacerles responsables del cuidado y el mantenimiento de unas aves» y, sobre todo, que «se sientan útiles», ya que «les ha creado unos hábitos y una responsabilidad y les ha hecho sentirse orgullosos de que el animal salga adelante».

Este año, ha relatado, la responsable de cuidar a los dos aviones que los profesionales de ‘La Fombera’ han asignado al Centro ha sido una joven de unos 16 años, aunque «otros compañeros y personal del centro también han ayudado en la cría».

«La experiencia ha sido como tener un pequeño bebé en el centro, porque todo el mundo está implicado y sabe perfectamente que el pajarillo está ahí y que hay que darle de comer», ha señalado.

Se siente orgulloso del » buen trabajo que han hecho esta chica y el resto de cuidadores», ya que «hay animales que pueden morir en la cría, y en este caso, no ha sido así».

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