Calahorra está en fiestas y sus calles vibran con la emoción acumulada durante los últimos tres años, marcados por la ausencia de festejos y las restricciones. Con el estallido del chupinazo la capital riojabajeña se ha convertido en una marea multicolor de grupos gozándola por cada rincón de la ciudad.
Por delante quedan siete días de alegría y desenfreno para honrar a San Emeterio y San Celedonio, pero el de este jueves no era un día para reservar energías y así de eufóricas lucen las calles de la ciudad.


