La Rioja

«Inseguridad, temor e impotencia» ante la sumisión química

Inseguridad, temor e impotencia de la juventud riojana ante la sumisión química

«Era la segunda copa que me tomaba. Lo último que recuerdo es balbucear pidiendo ayuda y decirles a mis amigas que no podía andar». Marta (nombre ficticio) acudió a las fiestas de Peritos el pasado mes de marzo. La fiesta universitaria reunió a más de un millar de jóvenes en la plaza de toros de La Ribera en la capital riojana. Con el transcurso de la noche, la joven recuerda que comenzó a sentirse mareada: «Era la segunda copa que me tomaba, casi no me gusta el alcohol». Sus amigas tuvieron que arrastrarla hacia las afueras de la macrofiesta, donde comenzó a vomitar sin siquiera ser consciente. Todas llegaron a la misma conclusión: alguien había drogado a Marta. «Por suerte no me pasó nada, pero quién sabe lo que podría haberme pasado si no hubieran estado mis amigas pendientes de mí», relata con lágrimas en los ojos la joven.

La historia de Marta puede resultar familiar a más de una joven. Estos casos de sumisión química llevan sucediéndose en la comunidad durante años. Las víctimas son -en su gran mayoría- mujeres jóvenes, entre los 18 y 25 años principalmente. «Inseguridad, temor e impotencia», señalan las jóvenes riojanas. «Así nos sentimos cuando salimos de fiesta, inseguras y con mucho miedo».

Desde hace años se vienen dando diversas formas de sumisión química proactiva -donde el atacante intoxica mediante la deliberación de una o varias sustancias de manera encubierta a la víctima-, como la ingesta de pastillas en las copas de alcohol que sustentan las más jóvenes. A este problema se suman los casos de pinchazos en discotecas y festivales nacionales, que no han parado de sonar en las noticias durante las últimas semanas. Los primeros casos en España de esta nueva práctica de sumisión química se denunciaron durante las pasadas fiestas de San Fermín en Pamplona.

Esta nueva forma de sumisión química ha despertado el miedo en las zonas de ocio nocturno riojanas. Las víctimas de esta práctica, en su gran mayoría, son mujeres, dicen «no sentirse seguras en ningún lado» y temen su llegada.

Según datos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, una de cada tres agresiones sexuales cometidas en los últimos cinco años se ha producido con la víctima bajo un estado de sumisión química. Las jóvenes riojanas, reclaman a las autoridades que velen por su seguridad y piden que «se nos escuche y se tomen medidas eficaces que nos haga sentir seguras».

Ellas ya han comenzado a autoprotegerse. María (nombre ficticio) nos enseña su llavero de casa. A primera vista, parecen unas llaves normales y corrientes. Si prestas atención, en su llavero hay un bote de gas pimienta homologado. «Puede parecer muy estadounidense, pero llevar el gas pimienta encima nos da seguridad, ojalá nunca tengamos que usarlo», confiesan un grupo de veinteañeras.

Pero el gas pimienta homologado no es la única medida que llevan las jóvenes riojanas en sus bolsillos. Lo que parece un simple coletero en la muñeca de las adolescentes, en realidad es un cubre copas, que protege las copas de alcohol de posibles intoxicaciones. Los locales y discotecas de ocio nocturno han valorado esta medida protectora y comenzarán una campaña preventiva que distribuirá este producto en sus bares para todas aquellas personas que la soliciten.

Los chicos riojanos, por su parte, confiesan sentir miedo por sus amigas, parejas y familiares. «Siempre intento acompañarlas a casa, ellas se sienten más seguras y yo más tranquilo», confirman al unísono. Mario, un joven de 20 años, siente temor por su hermana pequeña: «Ahora empieza a salir de fiesta, pero me da miedo que un desconocido quiera aprovecharse y abusar de ella drogándola. No me cabe en la cabeza cómo una persona puede pensar en dañar la vida de nadie, es inhumano».

«Drogas invisibles»

Uno de los principales problemas que se encuentran los servicios de emergencias y hospitalarios a la hora de contabilizar el número de casos de sumisión química es la dificultad para detectar las sustancias implicadas, dado a su corto periodo de tiempo en el organismo de la víctima. La rápida absorción y la falta de rastro en el cuerpo de las víctimas dificulta la apreciación de la intoxicación. «Cuando llegan los servicios de urgencias u hospitalarios y te hacen análisis de sangre, las drogas se vuelven invisibles y parece que han desaparecido por completo de tu cuerpo», explican las jóvenes.

Aunque todavía se desconoce en profundidad la nueva tendencia de sumisión química, los pinchazos dejan una pequeña erupción en la piel de las jóvenes que aseguran la intoxicación. Sin embargo, aunque la pequeña herida que producen los pinchazos es visible, el rastro de las sustancias nocivas en el organismo es prácticamente invisible.

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